«Nuestro país requiere sumar voluntades tras el logro de cambios significativos en la sociedad. Todos los estamentos públicos y sociales, deben cambiar: egoísmo por solidaridad,  crecimiento por desarrollo, Compromiso por la displicencia y la apatía,…  Sumando a ello una visión integral de ciudadanía , la sabiduría por la ignorancia,  unidad por sobre dispersión«

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HYPO Y CRITIS

Gladys Semillán Villanueva

Embajadora por la Paz de las Naciones Unidas por la Letras UNILETRAS. Ave viajera de Semillas para la Juventud

Si hipócritas para los griegos.

Del latín “hypocrisis” que nos lleva a los vocablos “actuar o fingir”.

También hipócritas para los romanos.

Cuando me enfrenté a este lema y al ver el afiche con el tema solicitado con esas máscaras “ocultando” el rostro o espiando levemente corrida en actitud de engaño vino a mi mente las máscaras del Carnaval de Venecia.

Siempre me asombró esa dedicación por preparar todo para OCULTAR personas detrás de vestidos lujosos ricamente adornados. En los que todo se cubre no solo el rostro los brazos las manos raramente en las mujeres el escote apenas visible.

Hasta la voz se emite distinta solo las pupilas que deambulan observando, tratando de encontrar, de adivinar quién puede estar detrás de tal o cual disfraz.

Tuve esa sensación triste de lo que se finge, se simula, se miente.

En esas mascaradas había mucho más que una fiesta carnavalesca.

Presentí la intriga el deseo, esos sentimientos perturbadores más allá de la necesidad de diversión o en todo caso fuera esa la excusa del festejo.

La trampa urdida para manifestar libremente y sin piedad la gran hipocresía de una conquista o devaneo sin fronteras para lograr sus propósitos.

¿Fiesta?

Desde el arribo a la reunión una manifestación de poderío y lujo, entrando solo o en pareja.

Un ingreso pomposo estando atento que tanto el traje elegido causaba

asombro y en virtud de ello desarrollar una estrategia de conquista.

El manejo del antifaz sobre la máscara haciendo más difícil el reconocer a quien quizás se buscaba o en todo caso lo imprevisto.

Y comienza el juego de la mentira, el poder el engaño en su máxima expresión… en fin, el lujo de la hipocresía.

Y no se confía pues quizás la verdad que dicen manifestar solo sea una gran mentira.

Allí están todos en el divertimento cada uno con su realidad a cuestas, con sus intenciones muchas veces inconfesables, arrojados a una burda tarea de fingir, encantar con palabras apenas audibles pues la máscara encubre también la voz.

Por sobre la noche la música las risas los susurros las promesas reina lo oculto que la hipocresía muy bien maneja.

Es su festín pero allí no queda pues despojada de las vestiduras ELLA

seguirá su juego de maldad e intriga.

Dañando porque sí pues el hipócrita no mide las consecuencias solo actúa siguiendo sus míseros propósitos.

Al quitarse esa máscara le queda la propia y esa en sus rasgos lo denuncia.

Dejé el recuerdo de ese carnaval observado desde la plaza de San Marcos.

Aterricé, había dejado el viejo mundo con sus costumbres, ingresaba a otra realidad donde el juego de los intereses eran los mismos o quizás más.

América Latina.

Estaba informada de muchas cosas y mis sentimientos eran un manojo de sinsabores.

No existía un rinconcito donde no estuviera presente no solo la hipocresía sino ese juego de poder dominante destructivo, avasallante que arrasa con todo.

Ninguna consideración para los mayores quienes se ven embaucados e intentando hacerles creer que los benefician como si ellos no tuvieran capacidad de comprender las infamias urdidas en su contra.

Jamás subestimes a una persona mayor ni tampoco a un niño, al mayor porque de su trabajo y conocimientos, esfuerzo y dignidad hoy vive el vago y el político, su dignidad le llega hasta el fin de sus días, no hace piquetes, no roba, no miente, no mata y sobre todas las cosas, no los engañan saben muy bien que lacras los rodean.

En cuanto a un niño, tiene la inocencia y la verdad en la mirada, no lo desafíes y si te rechaza es porque se dio cuenta de lo que eres… nada.

Cuantas intrigas, cuanto desprecio rondando las vidas, se creen castas y solo son carne y huesos caminando altaneros desprovistos de almas.

He mirado el entorno, la vastedad del territorio las posibilidades de crecimiento, de albergar gentes con decoro y futuro, de iniciar a los niños no solo en la escolaridad sino en el ejemplo de una vida sana, de trabajo, de mérito.

Pero no, los necesitan sometidos a sus desvaríos, a excluirlos de todo beneficio solo apropiados para ser arreados como ganado sin saber muchos porque se los moviliza.

Son un número nada más, son lo que la hipocresía organiza prometiendo con incesantes mentiras un bienestar y futuro que jamás tendrán.

Ronda infame que destruye, se juntan tantos instintos salvajes, tanta mediocridad precipitando el orgullo de patria convirtiéndolo en rendir pleitesía a intereses dominantes por el solo hecho de cumplir con componendas turbias y degradantes.

La hipocresía no está sola, va adornada de otros sentimientos tan perversos como ella misma.

La víctima el hombre.

Su ejecutor otro hombre.

Fuente de imagen

https://desdemibaul.com/conocimiento-educativo/hablemos-de-hipocresia/

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