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IGUALDAD DE GÉNERO EN EL MUNDO DEL TRABAJO

La igualdad de género en el mundo laboral es un tema que ha estado cada vez más presente en las discusiones, tanto en foros nacionales como internacionales. Las organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales, gobiernos, organismos internacionales y corporaciones privadas, han tendido a incorporar, desde diferentes puntos de vista, este tema en sus agendas. Sin embargo, pese a que desde mediados del siglo XX es posible observar un progresivo mayor interés por el tema, la realidad nos indica que los avances concretos han sido de moderado alcance y siguen existiendo aún importantes desigualdades en los derechos y oportunidades reconocidos para hombres y mujeres en el mundo del trabajo.

Una de las transformaciones sociales y económicas más significativas ocurridas en el siglo XX fue la incorporación de un importante número de mujeres al mundo laboral. Hasta mediados del siglo XX era posible afirmar que las mujeres permanecían mayoritariamente en sus hogares al cuidado de la familia, mientras que los hombres eran los protagonistas en las actividades laborales; sin embargo, a partir de los años 1940 se empezó a observar un aumento gradual y progresivo de mujeres que se sumaban a las actividades laborales pagadas. El porcentaje de mujeres incorporadas al mundo del trabajo pagado aumentó de aproximadamente un 16% a principios del 1900 a cerca de un 62% en el 2008, y sigue creciendo.

Este aumento ha sido acompañado – ¿causa o efecto? – por un mejor acceso de las mujeres a niveles de educación técnica y profesional, mayores niveles de empoderamiento y por un cambio en el rol de proveedor, que las sociedades históricamente patriarcales asignaban sólo al hombre, y que hoy es mayoritariamente compartido por ambos géneros.

Esta mayor presencia de la mujer en el ámbito del trabajo pagado, ha dejado cada vez más en evidencia, la discriminación y segregación de género a la que se ven expuestas. Kimmel y Holler señalan que la mujer es discriminada cuando es tratada de manera diferente en su lugar de trabajo sólo por el hecho de ser mujer. Afirmaciones como que realmente las mujeres no quieren o no necesitan trabajar, o no necesitan ganar mucho dinero producto de su trabajo , son una clara manifestación de una discriminación basada en la idea de que las diferencias de roles entre hombre y mujer son tan decisivas que justifican diferenciar en el trato que se le da a unos y otros. Reskin, señala que la mujer sufre segregación laboral cuando diferentes ocupaciones son vistas como más “apropiadas” para el género femenino y, como consecuencia de ello,  la mujer es “guiada”, empujada o encasillada en estas actividades; la mujer enfermera y el hombre médico o la mujer profesora y el hombre ingeniero son claros ejemplos de esto.

Como resultado de esta desigual mirada hacia hombres y mujeres en el mundo laboral, esta última sufre de acoso sexual en el lugar de trabajo, mayor precariedad en las condiciones de empleo, mayor concentración de mujeres en aquellos trabajos de menor salario, menor representación de las mujeres en aquellas posiciones consideradas ejecutivas, menores oportunidades de perfeccionamiento y desarrollo en sus puestos de trabajo, presiones directas o indirectas para “elegir” entre el rol de madre o profesional y finalmente, salarios 10% a 30% en promedio más bajos que los hombres en posiciones de naturaleza similar, diferencia que llega en algunos países hasta un escandaloso 60%.

¿Y qué hacer frente a esto?

La OIT ha señalado que la igualdad de género es un derecho humano fundamental, esencial para alcanzar el objetivo mundial de trabajo decente para todos y promover cambios sociales e institucionales que generen condiciones de equidad y crecimiento. A principios del 2015, la CEPAL señaló en su informe sobre el Panorama Social de la región, que eliminar las diferencias entre la participación laboral de mujeres y hombres era una condición indispensable para reducir la pobreza. Según sus estudios, si los países de la región implementaran políticas efectivas para impulsar un mayor acceso de las mujeres al empleo y a su vez alentaran la reducción de las diferencias de ingresos entre hombres y mujeres, lograrían reducir sus tasas de pobreza en aproximadamente un 10%.

Los Gobiernos de Bachelet han hecho de este tema una prioridad. Iniciativas como la promulgación de la ley 20.348 de igualdad de remuneraciones entre hombres y mujeres (aun considerando sus deficiencias), la creación del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, la reinstalación en los programas de estudio y textos escolares de ejes y lineamientos educativos que faciliten la modificación de prácticas y estereotipos de género, el desarrollo de programas de formación, capacitación e inserción laboral de la mujer y promoción del emprendimiento como Más Capaz, iniciativas para establecer cuotas mínimas como una acción afirmativa en sindicatos y empresas del estado, y el impulso a reformas al régimen de salas cuna para hijos e hijas de trabajadores con el objeto de disminuir la segregación de las trabajadoras y fomentar la corresponsabilidad en la crianza, son muestras de ello.

Sin embargo, estos esfuerzos aunque significativos, han demostrado ser insuficientes, quedando aún una tarea importante pendiente por completar.

Es necesario seguir avanzando con decisión a través de la focalización de nuestros esfuerzos en las áreas de la cultura, educación, pobreza, las condiciones de  acceso al mercado laboral y la reconciliación entre el rol socio – familiar y las responsabilidades labores.

Sólo una mirada integral, le permitirá a Chile alcanzar las transformaciones sociales estructurales necesarias para resolver de manera definitiva las diferencias de género en el mundo laboral.

Una mirada que parta por promover un cambio cultural de fondo en la manera que miramos las relaciones de género; fomente la formación de nuestros hijas e hijos a través de un modelo educacional que no los condicione a ajustarse a estereotipos añejos y propios de inicios del siglo XX, sino que los motive a desarrollar a plenitud sus potenciales con libertad; combata las situaciones de pobreza que inciden directamente en las condiciones de precariedad que afectan sectores importantes del empleo femenino, especialmente en las zonas más postergadas del país; iguale las oportunidades y condiciones de acceso y salarios en el mercado laboral, con independencia absoluta del género al cual se pertenece; y profundice en las reformas necesarias para que la responsabilidad de formar una familia no sea una limitante para el desarrollo laboral de la mujer, sino que una oportunidad para una participación parental equitativa.

Todos, cambios que requieren del esfuerzo y compromiso de chilenas y chilenos, más allá de colores políticos, intereses económicos y las limitaciones y restricciones impuestas por los conservadurismos sociales.

 

Maroto, Canadá.

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1 Comentario en IGUALDAD DE GÉNERO EN EL MUNDO DEL TRABAJO

  1. En mi experiencia personal, en que tuve el privilegio de tener una educación escolar casi igualitaria (sólo técnicas manuales hacía la diferencia), con un trato y exigencia académica sin ninguna distinción de género, por una parte y una educación universitaria diría que también igualitaria, sólo en el mundo laboral comencé a notar las diferencias… ¿Qué nos pasa en el camino, en la transición? ¿O tendrá que ver con que las culturas empresariales finalmente tienen el sello de dueños o altos ejecutivos que tuvieron una formación más conservadora y desigual?

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