La ciudadanía no puede permitir que lleguen al gobierno, los que se coluden contra sus intereses.
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EDITORIAL: LA COMPLEJA REALIDAD.

La realidad política, económica y social del país aparece demasiado compleja y no se vislumbra, al menos en corto plazo, una clarificación significativa de este panorama.

El Gobierno y la coalición política que lo sustenta han entrado en un proceso meramente administrativo sin un horizonte que ofrecer a la ciudadanía y se limita a jugar cartas, como el difícil tema del sistema de pensiones, que le permitan transitar durante los próximos meses o que hagan posible alinear a las fuerzas que lo sustentan en un cara a cara con la oposición en la secreta esperanza de polarizar el debate electoral.

La autodenominada “centro derecha”, aglutinada en torno a un abanderado ya proclamado pero claramente cuestionado por facciones de su propio sector, prosigue en una tarea de demolición mediante constantes acusaciones, interpelaciones o comisiones investigadoras pero sin ofrecer a la comunidad sino la repetición de los mismos nombres fuertemente ligados al poderoso empresariado chileno e ideas propias de un neoliberalismo radicalizado que no se corresponden en manera alguna con las demandas de la gente.

Uno y otro sector cometen graves errores de apreciación.

La Nueva Mayoría en el poder,  por carecer de claridad en un proyecto de cambio profundo del régimen de pensiones y por una errada estimación del sentir real de las personas que, a estas alturas del partido y por cualesquiera que sean las razones, valederas o no,  difícilmente aceptarán la estatización o socialización de fondos que son de su propiedad y que registran en sus cuentas personales actualmente. También por creer que el tema constitucional constituye, hoy por hoy, una preocupación prioritaria para las personas como ya lo anticipó el bajo nivel de participación en los diálogos y cabildos respectivos.

El bloque opositor de Chilevamos, por su lado, por confundir puerilmente el rechazo ciudadano a la deficiente forma en que se han implementado las reformas, especialmente en el plano de la educación superior, con un rechazo a las reformas mismas y un ánimo de retroceder a un pasado que, quiérase o no, evidentemente no va a volver.

La difícil situación de las coaliciones tradicionales, ha permitido el surgimiento de numerosas facciones alternativas que,  buscando recoger e interpretar un malestar generalizado,  han levantado multiplicidad de nombres que constituyen la expresión de aventuras o apetencias personalistas o la expresión de grupos que teniendo un legítimo afán de renovación de la política han demostrado claramente que no tendrán la paciencia histórica para crecer y  madurar.

Los últimos procesos electorales han estado marcados por un fuerte nivel de abstención que, en parte no menor, refleja la no concurrencia a las urnas de ciudadanos, particularmente jóvenes,  que fueron incorporados a los registros mediante la inscripción automática pero que, en verdad, nunca tuvieron la intención de registrarse. Como consecuencia de ello, la mayor parte de los  sufragantes  ha correspondido al votante tradicional   aunque su cifra total también fue afectada tanto por la voluntariedad del sufrago como por la desafección hacia la actividad política que se vive.

Lo expuesto configura un panorama preocupante. Por una parte, porque el voto tradicional puede obtener resultados favorables que naturalmente no interpretarán a un grueso sector de la ciudadanía que, o perdió o no participó. Por otra parte, porque en la eventualidad hipotética de que triunfase un nombre de los grupos emergentes es casi imposible que logren mayoría parlamentaria, hecho que los obligará a pactar rompiendo con todas sus categóricas afirmaciones actuales o a pretender salirse de la institucionalidad en un salto al vacío carente de sentido.

La situación es, pues, bastante compleja. El tiempo que queda por delante se acorta con rapidez. ¿Será posible que en este lapso pueda surgir un nombre que, amparado en una mayoría ciudadana y en un respaldo parlamentario ineludible, pueda,  con autoridad, conducir al país por un camino que nos conduzca hacia una sociedad más justa, más solidaria, más humana?

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