Quién soy Yo y para qué vivo???, intentar una respuesta a estas interrogantes, nos ayuda a reconocernos...
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La conjunción de los astros y los jinetes del apocalipsis. (I)

Medio país (a todas luces, la mitad más chica) se encuentra desconcertado después de los comicios del 17 de diciembre. La dignidad  del abanderado de la “Fuerza de La Mayoría” para encarar la derrota frente a las cámaras televisivas, la caballerosidad con que saludó al triunfador, no bastaron para ocultar un dejo de tristeza y, sobre todo, la soledad en que quedó abandonado por las tradicionales dirigencias partidarias siempre tan engolosinadas con fugaces apariciones en la pantalla chica.

Si se tiene la oportunidad de conversar con los cuadros dirigentes de la postulación oficialista, la pregunta es una sola: ¿Qué nos pasó?  Y las respuestas justificatorias o exculpatorias son múltiples. No muy frecuentemente se observa el fenómeno de la alineación de los planetas, hecho que obviamente “puede ocurrir” pero que es bastante inusual como para que, “cuando ocurre”,  llame la atención. En el caso que nos ocupa, como en las famosas leyes de Murphy, todo lo que podía salir mal, salió mal; todos los errores y torpezas que podían cometerse, se cometieron. Y, lo peor radica en que nadie se atreve a asumir sus propias responsabilidades.

Un breve inventario de los hechos. Uno: partidos políticos tradicionales, con raigambre social fuerte, con estructuras sólidas, al ser excluidos del poder durante el cuadrienio 2010-2014, no se preparan para renovar y fortalecer sus lazos con la gente y consolidar sus propuestas programáticas, sino que esperan obnubilados la llegada de “la dama de Nueva York” que los conducirá a la victoria. Dos: el rotundo triunfo parlamentario que por primera vez en el tiempo pos dictadura les da mayoría en ambas cámaras del Congreso, en lugar de llevarlos a una conducta madura y reflexiva para implementar los cambios estructurales que el país espera, los encamina por la vía de la prepotencia abusiva creyendo que la ciudadanía les ha otorgado un cheque en blanco. El penoso senador Quintana y su retroexcavadora,  bastan para simbolizar lo dicho. Tres: el nuevo Gobierno emprende un tortuoso camino de reformas irreflexivas y desorientadoras, con equipos técnica y políticamente inexpertos, todo traducido en políticas improvisadas y contradictorias, a las que se suma la debilidad de la autoridad para responder a la conducta torpe y abusiva de su vástago que termina por comprometer a fondo la confianza ciudadana. Cuatro: La DC, otrora partido eje de la Concertación, asume una conducta regresiva frente a los cambios. Ignacio Walker, su presidente,  en lugar de liderar la mejora de  los proyectos y procurar la superación de  sus  deficiencias, se compromete personalmente con las posiciones más retardatarias y termina confesando que suscribió el programa de Bachelet sin haberlo leído. Como consecuencia, se daña irremisiblemente la “affectio societatis” del pacto de gobierno y se avanza de forma inexorable  a su ruptura. Quinto:   Llegado el momento de abordar el tema de la sucesión presidencial, el Partido por la Democracia proclama al ex Presidente Lagos y el PS, partido en que milita éste, le vuelve la espalda, arguyendo críticas ideológicas respecto a su gobierno, el que es censurado, en paquete con los mandatos concertacionistas de Aylwin y Frei Ruiz Tagle, todos ahora víctimas de otrora aplaudida gestión. Sexto: PS, PPD, PR y PC, asumen un camino incomprensible y nominan como candidato a un senador independiente, carente de mayor experiencia  y cuyo único mérito  político es su posicionamiento en encuestas que lo ponderan con bajo nivel de rechazo. Colectividades cuya vida y tradición han estado ligadas a su profunda inserción en el mundo social, apelan a un rostro televisivo. La DC, menospreciada por quienes hasta hace poco eran sus  aliados, emprende el camino propio. Todo está consumado.

Si se pretende escudriñar en la Historia, tratando de buscar la “línea gruesa” de la evolución política del país,  se pueden determinar algunos momentos significativos. Durante décadas, la realidad nos mostró un universo dividido en “tres tercios”: derecha, centro e izquierda, lo que hizo posible la elección de gobiernos de minoría de difícil supervivencia. Radomiro Tomic, el visionario dirigente demócrata cristiano, planteó la tesis de la “unidad política y social del pueblo”, buscando configurar gobiernos de mayoría que pudiesen llevar a cabo  las transformaciones  indispensables que requería la configuración de una sociedad más justa, igualitaria e inclusiva. Cuestionada su propuesta dentro de su propio partido, rechazada abruptamente por una izquierda radicalizada (“con Tomic, ni a misa”),  1970 hizo posible la elección de Allende quien, pese a su condición de minoría,  pretendió imponer un programa estatizador eludiendo la necesaria búsqueda de acuerdos políticos indispensables,  para que luego  todo terminara en la tragedia en que terminó. La negra noche de la dictadura dio paso a la construcción de una convergencia trabajada paso a paso por Valdés, Fuentealba, Núñez y Almeyda, entre otros,  que abrió camino a una de los períodos más estables y progresistas. Sin embargo, cuando en los partidos afloraron los personalismos, cuando se cerraron las puertas a la participación, cuando las dirigencias se transformaron en elites endogámicas y autogeneradas, y se olvidó la razón de ser del deber político (“servir sin condiciones al bien común y al interés general”), todo se desmoronó.

El naufragio de diciembre prácticamente no dejó sobrevivientes. Los partidos del sector, todos, enfrentan una crisis de largo plazo. Superar la desorientación y el descrédito no será algo fácil. Para ello, es indispensable que vuelvan a la “madre tierra”, que retornen a su origen, que se reencuentren con sus principios, que se reconstruyan sobre la base de una ética de servicio y participación.

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1 Comentario en La conjunción de los astros y los jinetes del apocalipsis. (I)

  1. Qué triste realidad nacional se nos presenta en este material escrito por el abogado René Fuentealba Prado. Lo peor de todo es que Chile deberá confrontarlo diariamente por los próximos 4 años. No será fácil ese desafío ciudadano, particularmente por nuestra población anciana, que verá cómo se le maltrata aumentándole la edad de jubilación, para recibir después de 40 años de esfuerzos y mucho trabajo, un beneficio a nivel de pobreza, mientras los politicos de siempre aumentan sus beneficios económicos en forma millonaria.

    Nuestro país ha perdido su ética moral, social, política, educativa y económica. ¿Qué significado tiene todo esto? Que de esta forma, como nación, nunca saldrá del sub-desarrollo.

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