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La cultura autoritaria y sus representantes

Ana María Stuven señala que la cultura política de la elite chilena del siglo XIX se caracterizó por su valoración o seducción por el orden social, en el cual el concepto de “anarquía” era sinónimo de caos, alteración del orden o derechamente desorden institucional, de ahí entonces derivan los discursos y prácticas autoritarias, represivas y violentas de la elite chilena con el objetivo de asegurar el disciplinamiento de la población, la cohesión interna, la mentada “unidad nacional” y el orden institucional. En otras palabras, el orden contenía una fuerte carga simbólica y valórica que no era otra cosa que la visión de sociedad que en aquel entonces tenía la elite chilena. De esta forma y hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX la elite logró construir una institucionalidad, que en palabras de Enrique Fernández, se convirtió en un Estado excluyente en lo social, político, administrativo y legal, que no tuvo reparos en responder con balas (masacres obreras) ante la amenaza, ya no sólo de la anarquía, sino también ante el peligro que significaba el comunismo. Tal como señala Casals, a la par del surgimiento y desarrollo del Comunismo en Chile durante el siglo XX, también se levantó, tempranamente (desde fines del XIX), un conjunto de propuestas e iniciativas anticomunistas; es decir, distintas fuerzas partidarias y sociales  que buscaron de una u otra forma derrotar o criticar el accionar de aquellos que eran calificados de comunistas, siendo la Ley de Defensa Permanente de la Democracia y la campaña del terror de 1964, dos coyunturas emblemáticas de ese “anticomunismo”.

Que decir de lo que aconteció tras el Golpe de Estado de 1973 y el discurso de la Junta Militar y sus partidarios sobre la salvación del país del marxismo y de las diversas formas que adquirió la represión contra todo aquel que fue catalogado de “enemigo interno”, “peligroso”, “terrorista”, “subversivo” o “antipatriota”. De esta forma, la cultura autoritaria mantiene un patrón común o una línea de acción que a pesar de los años se mantiene inalterable. Se trata de la construcción de un enemigo que de una u otra forma tiene que servir o ayudar para garantizar aquel discurso de la seguridad y orden interno, así como la unidad nacional, estabilidad, gobernabilidad. En otras palabras una sociedad disciplinada y obediente, es la mejor garantía del orden institucional y si para aquello es necesaria la coerción, bienvenida sea con tal de evitar cualquier amenaza al orden existente.

El proceso post dictatorial, no ha estado exento de lo que hemos señalado en líneas anteriores. Si bien aún se sigue culpando o responsabilizando a los anarquistas o comunistas de algún acto disruptivo, el peligro y avance de la delincuencia, y ahora último de los inmigrantes, se ha transformado en la amenaza para el país. Pero no es todo, el conflicto que hoy se vive en el territorio mapuche, han puesto nuevamente en el escenario aquella cultura autoritaria que piensa que los problemas de la sociedad  se resuelven con medidas coercitivas, léase reforzando el papel de Carabineros y de los servicios de inteligencia, incluso algunos promoviendo un papel importante de las FF AA en materia de seguridad interna o bien desde un punto de vista legal y penal a través de nuevas leyes que penalicen ciertos delitos y acciones.

La lamentable y condenable muerte de Camilo Catrillanca es una nuestra más de esa cultura autoritaria, que por una parte le importa más la quema de un inmueble o la propiedad privada que la vida de una persona o que habla de la violencia (de un lado) pero que omite, silencia o avala la peor violencia de todas, esa que proviene del Estado y sus instituciones, en este caso de Carabineros.

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1 Comentario en La cultura autoritaria y sus representantes

  1. Gracias profesor.
    Una columna mas de su nivel, en dónde un recorrido histórico y las citas avalan sus argumentos.
    Como siempre gran aporte este.
    Felicitaciones.

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