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La deshonra de lo político: el retorno como eufemismo de la expulsión

Rodrigo Pulgar Castro

Doctor en Filosofía. Académico U. De Concepción.

Si existe un acto político deshonroso para quien lo ejecuta es aquel que se disfraza  de altruismo. Deshonroso,  pues esconde  un comportamiento egoísta y, por tanto, injusto por lejano de la  mínima solidaridad que significa acoger al desvalido que sale de su tierra natal en busca de un mejor presente, no me atrevo a decir futuro, pues lo primero que busca es encontrar respuesta, por mínima que sea, a aquello que lo acucia y que es signo de una zozobra vital que nadie se merece. El acto político de construir una acción retórica que termina por convencer al más frágil de retornar, no dignifica la política, menos al principal actor de esta, pues tiene el privilegio del uso de las herramientas que da el poder. El problema que la dignidad de una nación que se dice abierta al mundo es afectada en su núcleo y de esto querámoslo o no, somos responsables.

Con mucha facilidad nos olvidamos que fueron miles de los nuestros que emigraron por razones políticas, y ningún Estado tuvo el desatino de generar las condiciones para que estos abandonaran aquellas tierras. ¿Cuán responsables somos de permitir esto? Más allá de voces particulares y uno que otro actor político, la sociedad civil nada hizo, nada hicimos.

El tema de los que migran se adjetiviza negativamente  desde el momento que aplicamos en el lenguaje la tercera persona singular o plural: “el, ella, ellos, ellas”. Al usar el pronombre en tercera persona,  se establece inmediatamente la diferencia con la primera o segunda persona quienes tienen la ventaja de posicionarse desde un lugar de privilegio socio-político y cultural. “Yo, nosotros/as, usted, ustedes”; todos estos pronombres  responden a un modo de proceder que tiene el efecto de provocar la sensación de distancia a quienes se reconocen en el universo humano compuesto por “ellos o ellas”. Así, en la oración cuyo pronombre es la tercera persona se trasluce el alejamiento y la confirmación que tiene para muchos y muchas la presencia del extranjero. Mas no de cualquier extranjero, principalmente el extranjero de color y, si además éste se asocia a pobreza, la resistencia es mayor.

Construir un lenguaje relacional mediado por la tercera persona singular o plural, implica leer  la situación de muchos migrantes desde un pre-juicio que acaba por sancionarlos desde el substrato de privilegios: nosotros versus ellos, por tanto, la asimilación de contenidos axiológicos mediados por la categoría de poder y que los califica de  ajenos a una forma de ser que creemos nos diferencia de cualquier otro pueblo. Súmese la lengua incomprendida por muchos: migrantes y connacionales. Lenguas distintas que no por serlo refieren a realidades humanas diferentes: injusticias, justicia pedida, bien anhelado entre tanto querer el vivir la humanidad que sentimos merecemos todos.

Una vez más los excluidos de siempre pero con otros rostros, otros nombres se ponen frente a nuestros ojos acusando desidia. Pecado moral y responsabilidad política por no responder a la fragilidad del perseguido por la mala conducción de los gobiernos. ¿No hay en ello un desmedro objetivo en la vivencia de los Derechos Humanos?, ¿no existe un menoscabo de la idea de persona cuando situaciones de precariedad acentuadas por el mal trato,  obligan a salir de una geografía a quienes creían encontrar en ella refugio y respuesta a sus males, por tanto, espacio y condiciones para vivir el bien? Sí. Pero el menoscabo no es sólo respecto del que sufre el desprecio, también y en mayor grado, es  del que desprecia y que ejecuta el acto político de “generar” el retorno; eufemismo que debemos traducir por expulsión, pues ¿no hay en el impedimento de volver a pisar Chile por nueve años una medida práctica de expulsión? Podría alguien acusar a los traductores de la lengua, a los interpretes de la norma que escondieron a algunos y algunas esta condición del beneficio de volver a su tierra. Suma hipocresía política y alto grado de cinismo en los líderes políticos encargados de llevar a puerto a hombres y mujeres que creyeron un día que existía un país de acogida.

La desventura de vivir aquí para ellos no fue menor. En esto fallamos como sociedad. Aún no llegamos a  comprender que la ciudad contemporánea despliega  vías comunicativas entre distintas formas culturales. Esto es inevitable hoy en día por los canales comunicativos abiertos gracias a la tecnología.

En las calles, espacios y arquitecturas de la ciudad contemporánea,  hay códigos lingüísticos varios, morales diferentes que se desnudan en cada segundo del encuentro entre todos, éticas contrapuestas, riqueza de creencias, formas de fe, experiencias en la materia que enriquecen el espacio vital, la estética del día a día, el flujo peatonal. Todo aquello sin duda trae consigo tensión a la existencia. Pero es gracias a esta tensión que la libertad de crear espacios  humanos se hace posible. Es la tensión de la existencia la que vuelve plausible re-crearse como personas y cuyo resultado es dar vida a una ciudad en constante expansión. Mas,   esto exige diálogo para hallar puntos de intersección, es decir, espacios comprensivos comunes sobre el significado que implica compartir historias, memorias, herencias y mestizaje que dan vitalidad a la idea de persona y cultura.

Aún es tiempo de volvernos y girar la mirada a lo que permitimos hacer. La demanda es acogida y ¿cuál nuestra oferta?

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3 Comentarios en La deshonra de lo político: el retorno como eufemismo de la expulsión

  1. Muy buen artículo, pero… no olvidé que por traer a los migrantes, el Gobierno anterior, específicamente la Sra Presidenta, recibió dinero y coimas. Si van a traer, personas,
    -bien- que las traigan, pero primero se asegure a los chilenos, mejor calidad de vida, que los recursos naturales como el cobre , oro, plata, litio, recursos maritimos , forestales, sean procesados en Chile , con industrias nacionales . Generando trabajo para los chilenos, asegurando educación, Salud, sueldos dignos a cada chileno, y por consecuencia a los migrantes. Y no que lleguen, a un país donde sólo los deningran, humillan y explotan.

  2. Bipolaridad, travestismo político agregaría yo!!!
    Disculpe que “rocíe” con rabia un artículo pulcro, fino pero firme y claro que debela una dura realidad.
    lo que sucede hoy con los “Expulsados” resulta dramático de una falta de “misericordia” y humanidad…
    Lo peor es que acciones como esta, desarrolladas en el marco de El Estado Chileno, “remarca las tintas” sobre las lamentables conductas racistas… las justifica y las alimenta.

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