«La ética, la moral, las personas, la solidaridad, la justicia social y el medio ambiente, y una economía a escala humana, deben estar en primer lugar de los programas de quienes pretenden gobernarnos»

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La difícil navegación de la escuela en un mar turbulento

Paola Tapia López

Profesora Educación General Básica Mención lenguaje. Máster en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura. Doctora en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura.

En el ámbito educativo, gran parte de las medidas que han adoptado ante la crisis de la pandemia se relacionan con la suspensión de las clases presenciales en todos los niveles, lo que ha dado origen al despliegue de modalidades de aprendizaje a distancia, mediante la utilización de una diversidad de formatos y plataformas (con o sin uso de tecnología)

La mayoría de los estudiantes y profesores se fueron a sus casas y, por medio de diversas estrategias, principalmente la virtualidad, se intentó continuar con el proceso educativo.

Sin embargo, esto dejó en evidencia las mayores fragilidades del sistema: las muchas deficiencias e inequidades en los sistemas educativos, desde la banda ancha y las computadoras necesarias para la educación en línea, pasando por los entornos de apoyo necesarios para enfocarse en el aprendizaje, hasta las dificultades encontradas para alinear los recursos de enseñanza con las necesidades.
En palabras de Andreas Schleicher, director de Educación en la OCDE: “Los estudiantes privilegiados consiguieron sortear rápidamente las puertas cerradas de las comunidades educativas y encontrar vías hacia oportunidades de aprendizaje alternativas apoyados por sus padres y deseosos de aprender; los de familias
desfavorecidas se quedaron fuera cuando las escuelas cerraron”.

En medio de esto, el docente también se dio cuenta de que no es cierto lo que dicen de que “los niños, niñas y adolescentes son nativos digitales”. Explica que se tiene esa idea porque usan redes sociales. Sin embargo, solo eso saben hacer. “Tenemos un analfabetismo virtual impresionante”, advierte.

Otro punto que ha quedado en evidencia es que los estudiantes, los padres y los docentes se han dado cuenta de lo agotador que es estar en las pantallas todo el día, es decir, la virtualidad no es la respuesta ni es el futuro. El aprendizaje remoto
nos ha recordado que un aprendizaje poderoso solo puede ocurrir cuando estamos comprometidos, enérgicos y enfocados. Si se trata de completar horas, entonces estamos perdiendo el punto.

Actualmente las comunidades educativas están trabajando presencialmente en plena pandemia. Después de un largo tiempo cerradas en el que se desarrolló el curriculum de forma telemática, han vuelto a abrir sus puertas de par en par. Han sufrido, han aprendido y han mejorado con la crisis. Ya están de nuevo en acción, enriquecidas por la experiencia.

Los docentes están trabajando de manera humilde, sacrificada y persistente en una tarea que es la más delicada, difícil y arriesgada que se le ha encomendado al ser humano en la historia: trabajar con el corazón y con la mente de nuestros niños y jóvenes.

La actividad escolar se está desarrollando de forma eficaz y responsable, de modo que la estricta y disciplinada aplicación de protocolos de seguridad, está consiguiendo que los contagios sean mínimos.

Todas las comunidades educativas tienen características comunes y, al mismo tiempo, ninguna es exactamente igual a otra. Ahora bien, todas tienen unos rasgos compartidos.

Los grandes desafíos, contradicciones del siglo XXI y la imposibilidad de predecir un mundo en permanente transformación, así como la omnipresencia de la información a través de Internet, nos plantea la necesidad de un cambio de paradigma educativo que nos permita avanzar desde una enseñanza centrada en los contenidos, la memorización y la respuesta correcta a un aprendizaje centrado en los saberes, habilidades y actitudes necesarios para vivir y trabajar en tiempos de permanente transformación.

Esto requiere el despliegue de una estrategia sistémica que responda a los desafíos que comenzamos a identificar, como, por ejemplo, formar a estudiantes que enfrentarán trabajos, oficios que aún no conocemos, porque no se han creado, pero, ya podemos predecir un cambio en el mercado laboral, dado que cada vez más tareas se automatizan, se digitalizan, lo que sin duda tendrá un impacto social y exigirá al campo educativo soluciones pertinentes.

Hoy, el gran consenso apunta al desarrollo de las llamadas competencias para el siglo XXI, que son transversales al currículum escolar y flexibles al cambio, ya que están asociadas al desarrollo de capacidades plenamente humanas (la mayoría del tiempo en sus estadios superiores). Los modelos conocidos de competencias hacen un énfasis especial en las llamadas “cuatro C”, que comprenden las habilidades de la creatividad, el pensamiento crítico, la colaboración y la comunicación, a lo que sumamos metacognición y las funciones ejecutivas que nos permiten “aprender a aprender”, reflexionar y adquirir conciencia sobre los procesos personal y colectivo de aprendizaje.

Junto con abordar las grandes temáticas que enfrentarán nuestros estudiantes, tales como el cambio climático, los fenómenos migratorios, los conflictos internacionales y los problemas de salud, los sistemas escolares del mundo se están haciendo cargo gradualmente de nuevas asignaturas, disciplinas y conocimientos, tales como alfabetización en TIC, educación financiera, pensamiento computacional, formación ciudadana e interculturalidad y aprendizaje en servicio, así como implementando estrategias pedagógicas activas y transversales, tales como las metodologías de proyectos, resolución de problemas e indagación.

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