La humanidad continúa, lamentablemente, ligada a los antivalores humanos y apartada de los valores, ética, normas y procedimientos que engrandezcan la bondad, solidaridad y la búsqueda real de una nueva vida.

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Orígenes del Neoliberalismo

José Víctor Núñez Urrea

Sociólogo Universidad de Lovaina, Bélgica.

LA EVOLUCION DE LA ECONOMÍA [1]

Ningún problema económico tiene una solución puramente económica.

John Stuart Mills

(NOTA EDITORIAL: El presente trabajo, es de autoría del Ingeniero Civil Mecánico, U. de Concepción, consultor del PNUD, de la OIT e ILADES, Mario Cerda Allende, y del sociólogo José Núñez Urrea, doctorado en U. de Lovaina y en la École Superieure Robert de Sorbon, París. Dada su extensión, se publicará parcialmente en ediciones sucesivas).

I. PRIMERA PARTE: ¿LO PASADO, PISADO?

1. El “Imperialismo” Europeo

“Las crisis económicas que experimentaron los países más desarrollados en buena parte de la segunda mitad del siglo XIX, provocaron una importante depresión de los precios, que, si bien facilitó un aumento del comercio internacional después de 1873, redujo notoriamente la rentabilidad de los negocios. Entre los factores que explican esa deflación, uno de los principales fue el conjunto de medidas que tomaron los países desarrollados para hacerle frente a la relativa escasez de oro, entre las más relevantes destacan la sustitución del patrón oro por un patrón bimetálico, la implementación de tarifas proteccionistas y, el aumento de las actividades “off shore”, las que duraron prácticamente hasta 1914”. [2]

El Reino Unido fue el principal protagonista de ese período, debido a la supremacía económica que le otorgaba su acceso directo a los mercados y materias primas de las colonias de ultramar, que, hacia fines del siglo XIX, fundaban su influencia sobre una cuarta parte de la superficie del planeta y no cabe duda que constituyó un motor de la economía internacional de la época, potenciado, además, por los dueños del capital que presionaban insistentemente en la necesidad de abrir nuevos mercados para colocar la producción excedentaria y realizar inversiones más rentables, de tal manera que,  entre 1876 y 1915, una cuarta parte de la superficie del planeta fue distribuida y redistribuida entre el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Bélgica, obviamente en formato colonialista.  Así, la mayor parte del mundo ajeno a Europa y al continente americano, fue dividido en territorios que quedaron básicamente bajo el gobierno formal o el dominio político de estos países.

Una vez superada la depresión de los precios, las economías más desarrolladas experimentaron entre 1890 y 1914 una etapa de gran auge debido a varios factores como:

i) El descubrimiento de enormes depósitos de oro en Sudáfrica,

ii) La concentración de capital,

iii) El desarrollo de una mejor gestión de la producción y de la organización empresarial,

iv) La segunda revolución tecnológica, y sobre todo,  

v) El surgimiento del mercado de masas, derivado del rápido crecimiento de la clase media urbana, el incremento y diversificación de nuevas industrias y el despliegue de las modalidades de venta a plazos

Previo al inicio de la primera guerra mundial, la economía internacional había cambiado radicalmente: el Reino Unido había dejado de ser el único país totalmente industrializado y su aporte a la producción industrial y minera mundial no superaba el 20%; en tanto que los Estados Unidos ya aportaba el 46% de esta producción. Además, en este periodo, se incorporaron a la vida moderna el teléfono, la telegrafía inalámbrica, el automóvil y el aeroplano, con todo lo cual el mundo dio un salto exponencial en lo concerniente al modo de vida de la población. 

2.    La primera guerra mundial y el Tratado de Versalles

En términos económicos, puede decirse que el principal objetivo que tuvieron los países beligerantes, en especial Alemania, era desmantelar la economía multilateral capitalista para sustituirla por las llamadas “grandes áreas económicas” que serían estructuradas a través del poder político. Al terminar las hostilidades, el orden económico liberal-capitalista estaba derrumbado, y la insistencia de las potencias vencedoras por restaurarlo tal y como estaba antes de la guerra retardó una década la recuperación de la economía mundial.” (Aparicio, 1994)[3]

La discusión giraba en torno a la creación de una unión económica de la Europa Central bajo la hegemonía de Alemania.  Esta pretensión reclamaba la incorporación de algunos territorios de Francia y de Bélgica, postura que fue respaldada por la Liga Panalemana[4], una asociación conformada por importantes terratenientes e industriales de Alemania. De manera concreta, la Liga quería una Europa central que, junto a los territorios que el imperio Alemán y Austro-Húngaro obtendrían como botín de guerra, constituiría un amplio y uniforme espacio económico.

Este objetivo quedó planteado en la doctrina de la MittelEuropa (Europa Central), concepto económico que se originó en la Alemania imperial de la década de 1880.   Para los sectores empresariales alemanes de la época era evidente que su expansión industrial exigía una expansión económico – territorial para hacer frente a la competencia de Estados Unidos, Gran Bretaña y Rusia. La doctrina del Lebensraum (espacio vital) era atractiva para una población en crecimiento lo que generó un ambiente político favorable para que el gobierno se embarcase en una “guerra preventiva” que aseguraría a Alemania una posición de predominio mundial partiendo de Europa central.  Finalmente, el   28 de julio de 1914, Alemania inició las hostilidades.

La guerra llegó a su fin en el mes de junio 1919, habiendo causado ocho millones de víctimas militares y casi siete millones de víctimas civiles.  El dia 28 de ese mes se le puso oficialmente término al conflicto, con el Tratado de Versalles que, al final, resultó ser desastroso para la recuperación de la economía europea, básicamente porque las potencias aliadas tenían intereses divergentes.  Francia quería profundizar la debilidad de Alemania para recuperar Alsacia, Lorena y la cuenca del Sarre, cuyas minas de carbón eran codiciadas como deseable complemento al hierro de Lorena.      Gran Bretaña, Italia y Rusia, por el contrario, preferían relacionarse con un socio económico fuerte por el entrelazamiento de sus economías (el 40% de las exportaciones rusas de cereales iban hacia Alemania).

Una de las principales consecuencias de Versalles fueron las enormes reparaciones de guerra impuestas a Alemania, las que, aparte de las elevadas cifras monetarias, incluía locomotoras, vagones de ferrocarril, maquinaria agrícola, vacunos, caballares, hierro, carbón, etc. Además, la pérdida de un 13% de su territorio.  

En este contexto mundial, las pésimas condiciones económicas en que había quedado Alemania después de la guerra, le impedían hacer frente al pago de reparaciones exigidas por los países triunfantes, de manera que en julio de 1922 se vio obligada a pedir una moratoria que Francia no aceptó.  Finalmente, hacia finales de ese año, Alemania no pudo cumplir con los pagos acordados, lo que provocó que, en enero de 1923, Francia y Bélgica movilizaran sus tropas e invadieran la cuenca del Ruhr, aprovechando que la economía alemana era un verdadero caos, a tal punto que, entre los años 1919 y 1921, su moneda se devaluó en un 3.000%.  (El Reino Unido no pudo influir porque había caído en una situación financiera insostenible por el pago de su deuda con Estados Unidos, la hiperinflación y el desempleo masivo). Todo esto provocó el colapso de la economía alemana, lo que, finalmente, forzó a una reconsideración de todo el plan de reparaciones de guerra.

En septiembre de 1924, Estados Unidos empezó a aplicar su Plan Dawes, destinado a poner orden en los pagos de Alemania por reparaciones de guerra, plan que consistió en una reducción del monto total y una ampliación de los plazos de pagos, contra una elevación gradual de las cuotas anuales.  A diferencia de los acuerdos de Versalles, el Plan Dawes no asfixiaba la economía de Alemania, gracias a lo cual hubo una mejora de las condiciones monetarias de toda Europa y todos esos países lograron equilibrar sus presupuestos y volver al patrón oro, pero todo esto puso a los Estados Unidos en un sitial de privilegio en la economía mundial.  

Pero a los diez años de finalizada la guerra, sobrevino  la gran crisis económica de 1929-1932, que impactó muy especialmente a una Europa debilitada por la guerra,  situación que representó una gran oportunidad para los Estados Unidos  que se apresuró a proponer superar la crisis mediante el “New Deal”, cuyo  efecto más visible fue la confirmación de los  Estados Unidos como el nuevo líder económico del mundo,  estatus que se fue consolidando con su intervención en las economías europeas a través del Plan Dawes, que le permitió pasar de ser un país deudor a ser un país acreedor, lo que implicó un cambio en su política aislacionista previa, como condición para recuperar los préstamos y los intereses devengados negociados con sus aliados. 

Sin embargo, cuando apenas se comenzaban a disfrutar los efectos benéficos del Plan Dawes sobrevino la peor crisis que había vivido el capitalismo mundial a lo largo de su historia pasada, debida a la concomitancia de diversos factores: 

a) La política de otorgamiento de créditos a tasas de interés muy bajas de la Reserva Federal norteamericana;

b) La fragmentada estructura del sistema bancario;

c) La estructura monopólica de negocios;

d) La falta de supervisión de las autoridades monetarias; y

e) Las declaraciones optimistas de influyentes hombres de negocios, que contribuyeron a incitar una especulación general y desenfrenada en el mercado de valores.

El desplome de las Bolsas comenzó el jueves 24 de octubre de 1929 desatándose una crisis económica generalizada. Entre este año y 1932, la producción industrial de Estados Unidos cayó alrededor de 50% y la de bienes durables bajó un 75%. En ese periodo quebraron más de 5.000 bancos regionales y el desempleo afectó a 13 millones de personas.

Para salir de la crisis económica se aplicó, primero en Estados Unidos y luego en el resto de los países, una política económica basada en el pensamiento de los economistas inspirados en el keynesianismo [5], que postulaba el aumento del gasto público financiado con emisión monetaria. Al conjunto de medidas concretas para salir de la crisis que fueron aplicadas por la administración del presidente Roosevelt se le conoció como New Deal y fue la primera gran experiencia de intervención estatal en la economía capitalista.

3.    La Segunda Guerra Mundial y la supremacía de USA

La segunda guerra mundial tuvo muchas causas, siendo una de ellas la elección deliberada del conflicto armado como instrumento de política por los gobiernos de Alemania y Japón para solucionar sus problemas económicos de largo plazo.  El aislamiento de Alemania propició el resurgimiento de la antigua tesis de la MittelEuropa, pero ahora con el nombre de Grossraumwirschaft (economía de las grandes áreas), doctrina que fue desarrollada no sólo desde la esfera política, sino también desde la esfera de la intelectualidad alemana.

 La tesis de la Grossraumwirtschaft buscaba un nuevo orden económico mundial de tipo autárquico, lo que justificaba una política expansionista. También se recurrió otra vez a la doctrina del espacio vital para buscar la ampliación del territorio de Alemania y conformar un área suficientemente grande para permitirle desempeñar su liderazgo económico en Europa; y también se usó como pretexto la lucha contra el comunismo, aunque el objetivo de quitar Ucrania a la Unión Soviética era más bien suministrarse materias primas.

La tesis de la Economía de las Grandes Áreas sostenía que la crisis mundial de 1929 -1933 había puesto punto final a la etapa de desarrollo económico basado en el capitalismo liberal y en el comercio internacional, por lo que debían ser reemplazados por una “era de las grandes áreas geográfico-económicas”, que contendrían un mercado más amplio capaz de ser satisfecho, con sus propios recursos y desarrollo productivo.  Obviamente, esta tesis atrajo la simpatía y el apoyo de ciertos círculos empresariales que pensaban extender sus intereses hasta nuevas fronteras y como casi todas las guerras, la Segunda Guerra Mundial empezó con una mentira. En este caso fueron las palabras de Adolf Hitler el 1 de septiembre de 1939 frente al Reichstag alemán: «Esta noche, soldados regulares polacos han disparado por primera vez contra nuestro territorio» y el mismo dia el ejército alemán invadió Polonia, hecho que dio inicio a la guerra. No está en los propósitos de estas líneas profundizar lo eferente a las acciones que siguieron a continuación desde el Eje Alemania – Italia – Japón o a las de la  Alianza anti Eje ni a las otras circunstancias de la guerra

Sólo diremos que la guerra tuvo efectos devastadores a nivel mundial. Se habla de entre 45 y 50 millones de muertos, 42 millones de ellos en Europa y tan sólo en la Unión Soviética unos 20 millones; además de 4 millones de heridos graves e inválidos.  Hubo daños considerables a toda la infraestructura productiva sobre todo en transportes, edificios y terrenos de cultivo, además de una gran escasez de materias primas y de una notoria obsolescencia en las industrias que lograron permanecer de pie.

 A todo esto, se sumó una gran inflación provocada por la impresión de papel moneda y el aumento de la deuda pública que los gobiernos de ambos bandos utilizaron para financiar los gastos de guerra: Sólo en Estados Unidos los dólares en circulación habían pasado de 65 a 222,5 miles de millones de dólares entre 1939 y 1946.

Al mismo tiempo, La URSS logró ampliar su territorio y su esfera de influencia en toda la Europa oriental.  La zona asiática se benefició por el traslado de la maquinaria industrial confiscada a Alemania, creando las bases iniciales de su posterior desarrollo manufacturero. Otras regiones como Canadá, Oceanía o América Latina también se vieron favorecidas por el aumento de la producción de alimentos, materias primas y bienes manufacturados.

Sin duda alguna, fue en la economía de Estados Unidos donde la guerra tuvo los mayores efectos favorables, gracias a una rápida reconversión de la inmensa capacidad industrial dedicaba a la producción bélica, lo que, en pocos años, le permitió recuperar la producción y exportación de bienes y servicios apoyados y, muchas veces, organizados por el Estado.  

Pero tanto o más relevante que esto, fue la utilización de su supremacía económica a través de una estrategia de consolidación del dólar como única divisa del comercio mundial y de los acuerdos internacionales, por dos vías complementarias: Por un lado, la creación de una institucionalidad encargada de la reconstrucción y el ordenamiento de las relaciones económicas internacionales (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional): y, por otro, la aplicación de la misma idea intervencionista en la economía europea del Plan Dawes posterior a la Primera Guerra Mundial,  proponiendo el 5 de junio de 1947 el Plan Marshall, destinadoa cubrir enormes déficits en las balanzas de pago de los países europeos, que se manifestaba en una escasez de dólares que obligaba a estos países a reducir drásticamente sus importaciones de bienes de capital procedentes de Estados Unidos, o recurrir al endeudamiento con este país.  Y este último fue el camino elegido, vía Plan Marshall, uno de cuyos efectos más importantes el desangramiento de las reservas de oro existentes en Europa transfiriéndolas a Fort Knox, como garantía y/o servicio de la deuda, con lo cual se terminó de fortalecer el dólar como divisa del comercio internacional.

Como se consignó anteriormente, el fortalecimiento de la influencia de la URSS en la Europa oriental, gatilló la denominada “Guerra Fría” y cimentó el interés de Estados Unidos por impulsar el logro de una Europa económicamente sólida que pudiese actuar de contrapeso frente al expansionismo ruso soviético, lo cual, posteriormente, terminó siendo el principal argumento de justificación del Plan Marshall.

El objetivo principal de la política económica de allí en adelante ha sido el crecimiento económico y el pleno empleo, lo que motivó la planeación y el seguimiento cuantitativo de las variables macroeconómicas, al tiempo que se crearon leyes de pleno empleo en Estados Unidos, Gran Bretaña y Suecia. Esto es el fundamento de lo que más tarde se llamaría “Estado de Bienestar”, que resultó de vital importancia para explicar el desempeño de la economía mundial posterior a la década de los años 50’s.   

“Durante la segunda mitad del siglo XX, ocurrieron los mejores años del capitalismo: Con la ayuda de los organismos internacionales, Europa y Japón comenzaron una rápida recuperación de sus economías, que sumada al crecimiento de la economía de Estados Unidos después de la guerra, la economía mundial vivió su periodo de mayor esplendor” (Tavares, 1980)[6]

La producción industrial mundial alcanzó niveles sin precedentes: entre 1948 y 1971 su crecimiento promedio anual fue de un 5.6% que representa un crecimiento más rápido que el de la población, lo que incrementó el bienestar material y el nivel de vida de varios países.  En ello también influyó el que la inflación se mantuviera bajo control, la abundancia de capital barato y el fuerte gasto público.

4.    El Estado de Bienestar y la Crisis del Petróleo

Decíamos que Europa y Japón contribuyeron al buen desempeño económico, gracias a la migración de la mano de obra hacia sectores más productivos, a los progresos de la ciencia y la tecnología y al mayor papel asumido por el Estado en la economía, todo lo cual contribuyó a fomentar el crecimiento y el pleno empleo, dando origen al denominado “Estado de Bienestar”.   

Por su parte, las empresas contribuyeron a aumentar la inversión en sectores ligados al consumo masivo y a la producción de bienes durables, facilitando el surgimiento de las empresas multinacionales, capaces de generar y aprovechar una profunda reorganización industrial y gerencial, así como los espacios creados por la innovación y mecanización a gran escala, que, incluso, se extendieron a los países del tercer mundo.  Ayudó a esta evolución la gran expansión y el intenso esfuerzo de la educación superior que, en la década de 1950, logró triplicar la disponibilidad de profesionales y técnicos capaces de impulsar un notorio aumento de la capacidad productiva de la industria.

Según una estimación del Banco Mundial, entre 1950 y 1975, la renta por persona aumentó en los países en desarrollo a un promedio anual de casi 3%. En estos países el gasto público aumentó e incidió de manera proporcional en el incremento del ingreso per cápita y se canalizó hacia diversos sectores de la economía, pero con una muy desigual distribución de los ingresos. Un ejemplo de esto es lo ocurrido con los países exportadores de petróleo del cercano oriente, cuyas cuantiosas inversiones obtuvieron   rentabilidades tan impresionantes, que motivaron el uso de la expresión “petrodólares” para referirse a esta enorme concentración de riqueza, una parte de la cual posiblemente colaboró al incremento del negocio armamentista.

Los países asiáticos, por su parte, siguieron un modelo de crecimiento orientado a la sustitución de exportaciones en tanto que los países de América Latina optaron por modelos de crecimiento orientados a la sustitución de importaciones de bienes de consumo. Si bien los resultados del crecimiento de la producción fueron positivos, también produjeron estructuras de mercados poco competitivos, con costos de producción elevados y una distribución de ingreso muy desigual generando mercados oligopólicos y monopólicos, cuyos resultados, finalmente, fueron precios no competitivos, empleos mal remunerados, aumento del desempleo y el subempleo, además de una total ausencia de planeación de largo plazo.

Las crisis provocadas por los ajustes (“sincerizaciones”) financieros, con sus consecuencias económicas, unidas a la devaluación del dólar y al aumento del precio del petróleo, favorecieron el auge de los países del sureste asiático durante las décadas de 1970 y 1980 y aceleraron los procesos recesivos en Estados Unidos, Europa y América Latina, que sufrieron tres crisis prácticamente simultáneas:  la del dólar, la de los precios del petróleo y la de la deuda externa. Las dos primeras crisis provocaron una espiral inflacionaria en las economías desarrolladas y la tercera dejó a las economías subdesarrolladas en una posición muy endeble para hacer frente a los retos impuestos por la economía mundial de fines del siglo XX.  

El 15 de agosto de 1971 el presidente Nixon suspendió la convertibilidad oro – dólar como una medida desesperada para revertir el déficit en cuenta corriente, pero la medida devaluatoria sólo consiguió aumentar los efectos inflacionarios en la economía norteamericana. En 1973 la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decidió no exportar más petróleo a Estados Unidos y a sus aliados de Europa Occidental por haber apoyado a Israel durante su conflicto con Siria y Egipto, lo que reforzó la inercia inflacionaria.

Las presiones inflacionarias fueron combatidas con el alza en la tasa de interés y con el aumento de los impuestos, pero estas medidas de política económica restrictiva (fiscal y monetaria) sólo provocaron una contracción del crecimiento.  La economía mundial se enfrentó así a caída de la producción no en un contexto de inflación, al que se le dio el nombre de “estanflación”[7]

En el contexto inflacionario ya señalado, la racionalidad económica aconsejaba pedir dinero prestado para financiar la expansión económica pues la tasa de interés real era negativa (-11.8% en 1977).  Por lo anterior, algunos países de América Latina decidieron contratar grandes créditos en dólares, a corto plazo y a tasas de interés flotantes.  En la política económica keynesiana se supone que la inflación creciente es producto de una economía sobrecalentada, por lo que es razonable “enfriarla” mediante una política económica restrictiva, la cual no debiera causar mayores problemas en la esfera de la producción y del empleo.

Sin embargo, debido a que se trataba de una inflación de costos y no de una inflación de demanda agregada, las medidas de corte keynesiano fueron inefectivas para reducir la inflación y sólo ahondaron la contracción económica, situación ésta que se agravó con el incremento excesivo de las tasas de interés, producto de la política monetaria restrictiva implementada por Estados Unidos.   En los países de América Latina el problema de la deuda externa ocasionó una crisis económica muy severa, pero optaron por no repudiar de plano su deuda, temiendo un posible cierre de todas las fuentes de crédito externo y un eventual embargo de sus activos externos. Por el lado de los acreedores, no declaraban fácilmente las moras porque eso empujaría a la quiebra a muchos de los bancos prestamistas. Por su parte, los gobiernos de las naciones acreedoras también pensaron que una mora abierta tendría graves repercusiones financieras para sus sistemas bancarios y su estabilidad económica interna. 

Ante lo complicado de la situación, los organismos financieros internacionales tomaron varias medidas respecto de los países deudores, destinadas a rescatarlos de la crítica situación en la que estaban y a evitar el riesgo de pérdida de sus activos, como, por ejemplo,  la reestructuración de sus deudas externas, una activa presión a la banca privada internacional para que otorgara nuevos préstamos “más blandos” y forzar a los gobiernos de los países deudores a implementar programas de “ajuste estructural”, a pesar de los efectos negativos que provocarían sobre el crecimiento económico y el empleo.

5. La “Perestroika” y el fin de la URSS

A principios de los 80’s Europa oriental se encontraba en una aguda crisis energética que produjo, a su vez, escasez de alimentos y de productos manufacturados, que obligó a esos países a aplicar medidas de racionamiento. En esta difícil situación, el 15 de marzo de 1985, Mijaíl Gorbachov fue nombrado Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, e impulsó un ambicioso plan de reformas que buscaba, por una parte, una reestructuración política y económica (Perestroika) y, por otra, una mayor transparencia y libertad de información (Glasnost).  El objetivo de este plan era llevar a cabo una transición gradual de la economía soviética hacia un modelo que combinara las ventajas del socialismo con el dinamismo del mercado capitalista,

Como se sabe, el esfuerzo de Gorbachov fue muy bien recibido en occidente y ayudó a que rápidamente se redujeran las tensiones de la guerra fría. Sin embargo, en su país las cosas no fueron tan auspiciosas ni fáciles. Tuvo que desafiar a los conservadores que pedían regresar a la economía estatizada y debió combatir a los viejos modos con los que funcionaba la economía.  Esto se tradujo en una serie de conflictos que fueron desintegrando su autoridad y causaron un creciente deterioro del nivel de vida de los ciudadanos, obligando a cada región de su país a resolver los problemas de manera autónoma hasta que, finalmente, todo se resolvió con el fallido golpe de Estado de agosto de 1991 que abrió el proceso que terminó con su dimisión, pero se puede decir que también. fue una de las causas de la posterior desaparición de la URSS.

En la década de los 90’s se terminó de confirmar el derrumbe del comunismo en Europa Oriental provocando diversos efectos en la economía mundial. En los Estados Unidos y las economías más desarrolladas de Europa occidental, este fenómeno propició un período de relativa tranquilidad económica. Sin embargo,  en el año 2001  se hicieron presentes  las consecuencias de la caótica transición de los países del bloque socialista hacia un modelo de desarrollo capitalista, que implicó un fuerte deterioro de su situación económica, con escasez de productos de todo tipo, con interminables filas en las tiendas del Estado, con desabastecimiento de combustible para combatir la rudeza de los inviernos y con una notoria descomposición social, todo lo cual trascendió las fronteras de este bloque y cogeneró una profunda reestructuración del capitalismo mundial.

 6. La Globalización y la Crisis “Subprime”.

La debacle de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) ocurrió mientras se desplegaba el proceso de globalización de la economía occidental, iniciado en la década de 1980, bajo condiciones de grandes desequilibrios en las balanzas de pago entre el mundo desarrollado (Estados Unidos y Europa) por un lado, y Japón y algunos países del pacífico asiático en desarrollo, por el otro.    Por su lado, durante la década de 1990 se profundizó el proyecto de integración económica, monetaria, política y social de la Unión Europea, con el Tratado de Maastricht (1992). Ahí quedó establecida formalmente la Unión Monetaria Europea o Eurozona compuesta por 16 países, en la que el euro se constituyó en moneda de curso legal a partir de su emisión en 2002.

La adopción del euro implicó la renuncia a las políticas monetarias y cambiarias independientes por parte de los bancos centrales nacionales de esos países para que fuera el Banco Central Europeo (BCE) el gestor de dichas políticas. La globalización no avanzó hacia la mundialización, sino que se conformaron tres grandes bloques regionales (Norteamérica, Europa y Asia Pacífico) y una vasta periferia marginalizada:

En este cuadro, al final de la década de los 90’s, emergió la república china  como una nueva potencia económica, merced a las reformas económicas que emprendió ese país a partir de 1976 que implicaron cambios radicales en la estructura de su modelo socialista, como, por ejemplo, una menor influencia de la planificación central y una mucho mayor apertura a la lógica del mercado, incluidos  la  liberalización incremental de los precios, la consideración cautelosa de los derechos de propiedad y las acciones vinculadas a la apertura comercial, todo lo cual condujo a un crecimiento económico elevado y estable, basado en un proceso de industrialización sostenido y la activa exportación de bienes de consumo y productos manufacturados.

En los países en vías de desarrollo o “periféricos”, los cambios de ciclos se identifican por la caída de la actividad económica en el centro (los países ricos vaya), con el consecuente decremento en la demanda de importaciones provenientes de la “poor periphery”, con el deterioro de los términos de intercambio, y con el aumento en los tipos de interés, Este cambio de ciclo genera una presión en las finanzas públicas y el valor de la moneda. Por tanto, la capacidad de pago se ve seriamente mermada: a la caída de los ingresos públicos se añade el aumento en el costo del servicio de la deuda, ya sea por el alza de las tasas de interés o por la depreciación de la moneda” (Flores, 2020) [8]

El colapso del mercado de las hipotecas subprime iniciada en el verano de 2007 en Estados Unidos se fue convirtiendo en una crisis globalizada y, cuando Lehman Brothers se derrumbó en la madrugada del 15 de septiembre de 2008, se desató un verdadero pánico financiero que marcó no solo el final de la llamada “gran moderación”, también fue el comienzo de un periodo de dudas sobre el proceso de globalización.

Desde la ocurrencia de eventos tan traumáticos como la Segunda Guerra Mundial y la Gran Depresión hasta esta gran crisis subprime, se vivía lo que para muchos parecía ser la “edad de oro” de la globalización.  También se valoraba que hubiese subsistido a la crisis asiática de 1997 – 1998 y a otras crisis financieras en los países emergentes, intensificadas posteriormente en la década de los 90.   De hecho, en el año 1950, la aportación de los países avanzados al PIB mundial era del 62% en términos de paridad de poder adquisitivo, dos décadas después, seguía siendo la misma y para 1990 se mantenía, a pesar de que la población de esos países ya no superaba un15% de la mundial.   Esa aparente regularidad histórica terminó en la década anterior a la crisis subprime.   Hoy los países emergentes o en desarrollo son responsables de más de la mitad de la producción mundial, pero la renta per cápita del mundo desarrollado sigue superando por lejos a la de estos países, aun cuando muestran un crecimiento más acelerado, como es el caso de los países del sudeste asiático. 

Los antiguos clusters de la industria, poco a poco fueron dando paso a una notable redistribución geográfica de la producción involucrando elevados niveles de inversión, acopio de tecnologías, experticias de distinta naturaleza, enormes cantidades de información, grandes montos de finanzas, logística, etc. Todo esto hizo posible alcanzar la velocidad y la fiabilidad requeridas para una verdadera revolución de la cual surgió una nueva división mundial del trabajo. Las consecuencias de esta transformación son de amplio alcance:

  • En primer lugar, se generó una enorme deslocalización de las actividades de producción y de las compañías de los países desarrollados;
  • En segundo término, se desarrollaron modalidades de producción que combinaban tecnologías avanzadas con mano de obra de bajo costo para aumentar su competitividad;
  • En tercer lugar, asimilaron eslabones deslocalizados de las cadenas de suministro,
  • En cuarto lugar, aceleraron su industrialización incluso careciendo de una base industrial bien cimentada. 

Es claro que el hecho de que el progreso tecnológico esté desencadenando un cambio fundamental en los patrones de producción y comercialización, y, con él, una redistribución del poder económico en todo el mundo no es algo nuevo en la historia de la humanidad. Ocurrió ya con la Revolución Industrial. En solo unas décadas se produjo un profundo desplazamiento del poder económico en unos pocos países a otros que supieron desenvolverse mejor con las nuevas reglas del juego, tanto el siglo XIX como en el XX.

En este reordenamiento económico son muchos los países en desarrollo que han alcanzado tasas de crecimiento económico superiores a las de los países ricos, pero el caso de China, que en 1990 era décima en el ranking de la economía mundial, destaca sobre todos los demás. Gracias a su elevada tasa media de crecimiento de su PIB durante más de dos décadas, hace ya diez años que China es la segunda economía mundial.  En vísperas ya de la crisis financiera, China también había pasado de ser un actor marginal en los flujos de comercio global a segundo importador mundial de bienes, así como importador de servicios comerciales con mayor crecimiento, el tercero del mundo. También se convirtió en receptor de los mayores flujos de IED, superando incluso los flujos netos que entran en Estados Unidos” (Zedillo, 2019).[9]

El crecimiento chino ha generado el nuevo patrón de producción y de comercio internacional, creando oportunidades sin precedentes para varios países en desarrollo, lo que, a su vez, le permitió a las naciones desarrolladas disponer de nuevos y cada vez más amplios canales comerciales para sus productos, inversiones y tecnologías. Ese crecimiento, por su parte, ha ampliado las reservas de ahorros globales y ayudado así a relajar las restricciones financieras, en especial para Estados Unidos. La paradoja es que este último aspecto del éxito chino fue también en parte lo que condujo a la crisis financiera que interrumpió la mini edad de oro de la globalización. Hoy la creencia generalizada es que la crisis estuvo causada únicamente por la imprudencia de instituciones financieras privadas, sobre todo estadounidenses, pero también europeas, y se olvida que, en realidad, el desastre tuvo como causas primarias importantes desequilibrios macroeconómicos y políticas erróneas.

                                                                                          (Continuará)


[1] Resumen del Capítulo III del libro “El Sentido de la Gestión Formante” actualmente en revisión editorial, de Mario Cerda Allende & José Víctor Núñez

[2] Abraham Aparicio C., “Historia económica mundial 1870-1950”, UNAM, México, 1994

[3] Abraham Aparicio C., “Historia económica mundial 1870-1950”, UNAM, México, 1994

[4] La Unión Pan Alemania o Liga Panalemana (Alldeutscher Verband, en alemán) ) fue una organización política de extrema derecha alemana dedicada a promover el pangermanismo y el imperialismo, a lo cual agregó un fuerte elemento de antisemitismo y militarismo desde inicios del del siglo XX. (Wikipedia)

[5]    El keynesianismo es una teoría económica propuesta por John Maynard Keynes, en su obra Teoría General del Empleo, el interés y el Dinero , publicada en 1936  como respuesta a a la Gran Depresión de 1929..

[6] María Tavares, De la sustitución de importaciones al capitalismo financiero, Ensayos sobre la economía brasileña, Fondo de Cultura Económica, México, 1980

[7]   Situación económica de un país que se caracteriza por un estancamiento económico a la vez que persiste el alza de los precios y el aumento del desempleo.

[8] Juan H. Flores Zendejas, Paralelismos históricos de las crisis económicas en América Latina. Algunas notas adicionales, Universidad de Ginebra, julio de 2020

[9] Ernesto Zedillo, La última década y el futuro de la globalización, Yale Center for the Study of Globalization, febrero 2019

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1 Comentario en Orígenes del Neoliberalismo

  1. Este artículo, que parece un libro, es impresionante, por todos los detalles históricos acontecidos, en la descripción del Neoliberalismo. Ojalá que los lectores chilenos aprendan de esta serie de artículos, ya que el autor José Víctor Núñez Urrea, nos ha demostrado cómo el neoliberalismo también está afectando a nuestra larga y angosta faja de tierra.

    Mis sinceros agradecimientos al Rucio Núñez, con un afectuoso abrazo desde la distancia.

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