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La filosofía tiene quien le escriba

Dr. Rodrigo Pulgar Castro, Director Departamento de Filosofía, Universidad de Concepción.

Este jueves 17 de noviembre  como indica la UNESCO, se celebró el Día Mundial de la Filosofía. Pero, ¿hay algo que celebrar sabiendo del intento de limitar la disciplina filosófica de la enseñanza media y, en lo posible, eliminarla? Resulta que sí, pues todos  los intentos provenientes de las instancias de poder, léase Ministerio de Educación, por tanto gobiernos, han chocado con el rechazo de los profesores de filosofía, filósofos y de  un número significativo de actores sociales que se oponen. Esto felizmente  ha frenado tal propósito de reforma. Pero, ¿hasta cuándo? Quizá hasta el momento que nos descuidemos desatendiendo la disciplina en lo que es  su ejercicio propio que consiste en crear pensamiento.

Se ha discutido privadamente y públicamente tratando de entender las razones que llevan al propósito de eliminar la disciplina de la Enseñanza Media. Podemos conjeturar el entendido que para los que determinan las políticas públicas que, suponemos, son respuestas al bienestar social exigido por la ciudadanía,  la filosofía resulta ser un ejercicio alienante de lo central, de lo que verdaderamente importa: producir y consumir bienes materiales según metas para el desarrollo. Sin embargo son conjeturas, pues se apoya en una situación de por sí  problemática, y que es la siguiente: las razones de la eliminación o mutilación de la disciplina, y que son exhibidas  en el escenario público, provienen de fuentes que no tienen claro el origen de las justificaciones del propósito de reforma, así resulta que  la información es  difusa, vale decir poco certera, no clara ni distinta diría Descartes. Esto ha implicado una discusión que cabalga -y en no pocas ocasiones- en base a un rumor, es decir: doxa no episteme. Situación lejana al sentido mismo de la filosofía, de un significado que nos obliga a trabajar en base a la verdad, por tanto, en búsqueda de certezas para construir desde ahí otras certezas, pero siempre animados por el asombro que obliga a preguntar respecto del sentido oculto de aquello que nos sorprende.

Con todo esto a cuesta, podemos decir que, bien o mal, en los últimos tiempos la filosofía ha tenido quien le escriba. Es ella el destinatario. No es el bien, ni la belleza, ni la verdad, no es  el ser el destino de las cartas. El destinatario es la filosofía misma. El que se dirige a ella en su escritura, la entiende como corpus dinámico, la comprende esencial  por su rol en la formación del pensamiento crítico; de aquel pensamiento encargado de revitalizar y resignificar el carácter de cada forma cultural,  de los códigos de interpretación de la realidad, de los códigos de sentido sobre lo esencial: la vida y la muerte.

No se puede dejar pasar el hecho que la filosofía en su propio origen reconoce condiciones que la hacen posible, y que, por tanto, son esas condiciones las que indican su actualidad. Mas al mismo tiempo su actualidad es una advertencia que consiste en el reconocimiento de la filosofía como ejercicio permanente de reflexión sobre materias de distinto orden, pero tocadas por una cuestión de fondo que se define  -a pesar de discusiones que sostengamos respecto al alcance y sentido de las diversas preguntas filosóficas- como un juego profundamente humano; y gracias a lo cual tenemos el carácter dinámico de la filosofía.

Cierto es que  si bien la filosofía como concepto es única, como modo es plural. En efecto, la preocupación filosófica avanza en el  tiempo de la mano de sujetos en espacios diversos ocupándose desde la emergencia de lo necesario como es el entender y explicar  el sentido de la verdad, el bien, la belleza, el ser.

No es de extrañar que, por ejemplo, hoy sea la emergencia del impacto tecnocientífico lo que motive el hacer filosófico. La causa está en el hecho que la ciencia y la técnica por los efectos en el campo de la vida (no puramente la humana, pero con efecto en ella), exija una presencia más cercana de la filosofía.  A fin de cuentas, la rigurosidad y sistematicidad filosófica, puede ayudar, como de hecho así ha ocurrido históricamente, al buen encauzamiento del desarrollo derivado de estas actividades y, por tanto, de sus productos. Pues, en un mundo donde lo útil a priori es valorizado como de mayor importancia que lo inútil, lo filosófico rescata el perfil ético y estético  de la creación humana independiente de la pura valorización hecha por el mercado. Asunto posible a razón que el producto filosófico no es una materia transable en el juego de la oferta y la demanda. Sin embargo, así  la quieren algunos, y como no es posible, urgen su muerte por inútil, por no responder al negocio.

 

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2 Comentarios en La filosofía tiene quien le escriba

  1. Gracias profesor Pulgar por hacer publico el sentir de muchos de los profesores de filosofía del país

  2. Temas como este deberían estar en la discusión permanente de la sociedad.
    Qué opinan los colegios profesionales, qué de las autoridades universitarias???
    Gran tema Felicitaciones profesor Pulgar.

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