Los pueblos tienen los gobiernos que merecen... mientras son manipulados, pero pueden rectificar, cuando esos pueblos logran conciencia en sí!!!
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La Navidad del consumo

Patricio Schwaner Saldías

Profesor de filosofía

Las fiestas de fin de año trajeron consigo un sin número de situaciones que rayan en la decadencia, la Navidad, tiempo de compartir y de estar en familia, se ha convertido en una época de descontrol y exasperación. Todo este espíritu, en rigor mercantilista, es la consecuencia del desarrollo de una economía que reduce al hombre a su más mínima expresión.

Recuerdo con nostalgia las navidades de mi infancia, en las que uno se sentaba a la mesa a compartir y reír en familia, esas navidades esconden un significado maravilloso, pues nos devuelven el sentido de nuestro habitar en el mundo. Desde una mirada panorámica a estas festividades, afirmaría que la mayoría de las personas se esfuerzan por comprar sus regalos, aludiendo a la máxima: “Mientras más grande es el regalo, más grande es el amor”. Esto me parece una cuestión paradójica, pero real en los tiempos que corren. Incluso, recuerdo haber escuchado que una de las más famosas tiendas de nuestro país destacaba: “Demuéstrales cuanto los amas”, esto con razón a la posibilidad de otorgar un regalo a los más pequeños del hogar.

Según el filósofo polaco Zygmunt Bauman: «Además de tratarse de una economía del exceso y los desechos, el consumismo es también, y justamente por esa razón, una economía del engaño. Apuesta a la irracionalidad de los consumidores, y no a sus decisiones bien informadas tomadas en frío; apuesta a despertar la emoción consumista, y no a cultivar la razón.»

Este fenómeno usual en nuestros días es el mensaje más claro de la dominación de la cual el hombre es víctima en su diario vivir. Usualmente, reflexiono desde la realidad de la cual no podemos escapar y es que querámoslo o no somos víctimas de un sistema económico; de alguna forma se nos trasmite este mensaje y se nos invita a que podamos replicarlo en el ir y venir a los centros comerciales, que en un lenguaje Heideggeriano no fueron creados para habitar, sino para ir de paso, para transitar durante un tiempo definido, para saciar nuestros impulsos más primitivos y para hacernos dudar, en el caso de que no podamos consumir.

Todas estas cavilaciones son las propias de un ciudadano común y corriente, que ha hecho de la observación algo cotidiano, por otra parte, reflexiono que mientras escribo estas líneas, muchos se amontonan en grandes pasillos en búsqueda de un regalo, que esperemos sea más pequeño que su propio modo de comprender el mundo.

El mismo Bauman desde su reflexión cotidiana manifestaba: “Hoy la cultura no consiste en prohibiciones sino en ofertas, no consiste en normas sino en propuestas. Tal como señaló antes Bourdieu, la cultura hoy se ocupa de ofrecer tentaciones y establecer atracciones, con seducción y señuelos en lugar de reglamentos, con relaciones públicas en lugar de supervisión policial: produciendo, sembrando y plantando nuevos deseos y necesidades en lugar de imponer el deber».

Una buena forma de superarnos como personas sería preguntarnos: ¿Cuántas de las cosas que deseamos son en rigor necesarias? ¿Estamos siendo amigables con nuestro entorno próximo? ¿Cuántas de las cosas que tenemos en nuestro hogar son las que realmente necesitamos para vivir? Responder a estas interrogantes nos permitirá situarnos en la reflexión y dialogar con nosotros mismos sobre cómo estamos viviendo el hoy y como pensamos proyectarnos para el mañana, pues a fin de cuentas la construcción de una sociedad mas reflexiva es tarea de todos.

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