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LA PESADILLA DE LOS DOCENTES

Paola Tapia López

Profesora Educación General Básica Mención lenguaje. Máster en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura. Doctora en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura.

Esto comenzó a verse estos últimos diez años. Antes veían a un profesor con su guardapolvo blanco y lo respetaban. Ahora se olvidan que están frente a un profesional. Vengo de una generación en la que los padres eran aliados de los docentes en la educación de sus hijos. Hoy eso se ve cada vez menos. Hoy muchos padres ponen la palabra de su hijo por sobre la del profesor. Hay estudiantes que  esconden o pierden a propósito la prueba donde fueron mal calificados y los padres le creen a ellos en lugar de creerle al docente. También debaten sobre las evaluaciones o sobre las normas de convivencia de muy mala manera, al punto que hay   mamás que insultan al docente de sus hijos “delante de ellos”.

Se habla de que la educación antes era mejor, que se ha perdido el respeto al docente y que la relación docente-padres se ha deteriorado notablemente en estos últimos tiempos. Sin embargo, hay padres que se inmiscuyen demasiado en la tarea docente que terminan entorpeciendo la educación de los niños y jóvenes. Los docentes sostienen que muchas veces se torna difícil mantener un diálogo con los padres, ponerles límites a ellos y, sobre todo, que se hagan cargo de sus responsabilidades como apoderados. La disputa de competencias entre un profesional y otros adultos, las agresiones, las “culpas” y la falta de responsabilidad también se trasladan a la escuela y son algunos de los desafíos con los que los profesores tratan día a día. ¿Qué es lo que está pasando en las aulas de Chile? ¿Se ha perdido la alianza de los padres con los profesores? ¿Cómo frenar a los “papás insoportables”? En una conversación con una profesora de 7° año que lleva pocos años de ejercicio dice que mantuvo buena relación con los padres, pero en este ciclo tiene que lidiar con “el grupo de alumnos más indisciplinado de la escuela y por lo tanto con un grupo complicado de padres”.

Tiene, según ella, los ‘padres pesadilla’ ya que muchas veces recibe mensajes en su celular pidiéndole la tarea hasta el resultado de las evaluaciones; y, por supuesto, recibe llamados. Y agregó que espera que “esta situación cambie y estos tipos de padres recapaciten sobre este tema ya que el docente también es persona igual que ellos, tiene su propia vida y sabe cómo cumplir su rol”.

La creación de los grupos de apoderados en WhatsApp es otro de los aspectos que también deben tener en cuenta los profesores de hoy. La información que circula por los mismos no siempre es la verdadera, ni tampoco forma parte en ellos el docente.

De igual manera, una profesora de 6° año comenta que cada profesor debe poner límites a los padres. “A mí particularmente me molesta que me envíen mensajes para saber si voy o no a la escuela. Para eso tenemos las horas donde podemos disipar dudas. Por respeto les contesto. Generalmente no les doy mi teléfono, pero siempre de alguna manera lo consiguen. Estoy en total desacuerdo que se creen grupos de WhatsApp donde la docente esté dando información por ese medio”. Además, rescató que “el trato debe ser personal y con respeto. Creo que si asistieran a las reuniones de apoderados se limarían asperezas y se lograría que realmente se interesen por el aprendizaje de sus hijos”.

Producto de lo anterior hay situaciones realmente desgastantes  donde los padres hostigan a los profesores a través de mensajes de texto o llamadas telefónicas sólo para cumplir su rol de padres, mostrando un interés por las obligaciones de sus hijos (tareas, problemas de convivencia, etc.) y la cuasi obligatoriedad del profesor de conocer todas las necesidades de los alumnos y resolver situaciones que van más allá de nuestro entender. ¿Ausencia y culpas? En el discurso docente es frecuente escuchar los pedidos de ayuda a los padres para la formación de los niños. Pero muchos padres no están presentes en la educación de sus hijos, por lo que el docente también debe cumplir otros roles que escapan a la trasmisión de contenidos y que los pone en permanente cuestionamiento. Allí surge otro problema: ¿hasta dónde involucrarse? El tema de los padres es algo muy complejo porque muchas veces están en el momento que no deben y se ausentan cuando su hijo o el docente los necesitan. Además, los padres delegan toda responsabilidad a los docentes dejando de lado su función principal que es transmitir contenidos. Nos dejan a la deriva cumpliendo roles como madre, psicólogo, trabajadora social, enfermera, etc. Muchas veces, solamente aparecen para retirar las calificaciones semestrales, y si hay alguna irregularidad se molestan culpándonos. Esto puede traer incluso serias consecuencias porque algunos hasta nos denuncian. Sin embargo es muy contradictorio porque en realidad ellos estuvieron ausentes en todo el proceso. Hay padres que también quieren relacionarse con los docentes como amigos por teléfono y no debe ser así.

Hay situaciones de acompañamiento que son sin lugar a dudas invalorables y necesarias, pero la línea es tan delgada que es traspasada y los límites se desdibujan, hasta el punto de vernos agobiados por la crítica constante. En las reuniones se nota que los padres muchas veces confunden el acompañamiento con el acoso y el protagonismo. A veces siento que los niños quedan en medio de dos trincheras, por un lado los padres, con toda la carga emotiva, psicológica y el mandato social y, por otro, los profesores con los que se tejen relaciones igualmente emotivas. Creo que algunas veces sólo lo hacen por el hecho de cuestionar, por la necesidad de mostrar fortaleza en esa trinchera virtual; todo lo justifican y no se dan cuenta que en el medio están sus propios hijos. Y dijo: Estas situaciones nos atan de manos, van minando nuestras ganas de actuar en consecuencia, ya que no sólo debemos preocuparnos de los niños sino también de la reacción de los padres que critican y sobre todo cuestionan, cualquiera sea nuestro proceder.

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