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Los chilenos creen en Dios pero no en los curas

Rafael Luis Gumucio Rivas

Profesor de Historia. Ex director Instituto de historia Universidad Católica de Valparaíso.

Diego Portales, en una carta al muy pechoño don Mariano Egaña, le escribía “…usted, don Mariano cree en Dios, pero yo en los curas.” En otro escrito calificaba a la aristocracia como “beata y mala.”
Buena parte de los chilenos, y con mucho sentido común, separan la fe en Dios de la creencia en los intermediarios, curas y pastores.
En la última encuesta CEP el 80% de los interrogados declara creer en Dios, y sólo el 55% se declara católico, y un menor número sigue creyendo en los curas. La creencia en Dios bajó del 88% en 2008 al 80% en 2018. Los católicos bajaron del 60% en 2008 al 55% en 2018. Por el contrario, los evangélicos –como era de esperar por el gran despliegue propagandístico a través de distintos medios– no conquistaron esa masa de católicos que dejó de creer en la iglesia católica, apostólica y romana, y sólo bajaron de 17% a 16%.

Los que sí aumentaron fueron los no religiosos, del 13% en 2008 al 24% en 2018.

En los católicos la mayoría que se ha mantenido fiel a los principios de la iglesia está representada por los viejos. En los no religiosos, el más alto nivel de adhesión corresponde a la edad adulta, entre los 18 y 34, con un 36%.

Por cierto que estas categorías se caracterizan por su complejidad, por ejemplo, los que creen en Dios también pueden creer en un Dios personal o ser deístas o bien, creer que “Dios no se mete con los hombres”; los no religiosos pueden ser ateos, anti-teos –François Marie Arouet, más conocido como Voltaire, que se llamaba a sí mismo “enemigo personal de Dios”-, (para serlo Dios tenía que existir, reflexionó), o bien, agnósticos, que dudan de la existencia de Dios, de la trascendencia.

Actualmente, la gran mayoría de los chilenos no tiene confianza en la iglesia católica: en 1998, el 51% decía tenerla en la iglesia; en 2008, el 35%; en 2018 el 13%. Si comparamos estas cifras con las de otras instituciones, en el Poder Judicial sólo tiene el 7%, y en el Congreso, el 5%.

Los encuestados creen aún que la iglesia tiene mucho poder: el 29%, demasiado, el 26% mucho, y sólo el 16%, poco poder, es decir, la ven como una institución poderosa, a pesar de los vaivenes de las últimas décadas.
Como en las anteriores encuestas hay una gran contradicción entre los que se declaran católicos y participan de las ceremonias religiosas y de los sacramentos, por ejemplo, asisten regularmente a las rituales tres veces al mes, el 4%; una vez al mes, el 6%; una vez al año, el 8%; nunca, el 42%. Al 16% no le interesa lo espiritual, (subiendo del 9% al 16% en 2018). El 68% cree en la vida después de la muerte; en 57%, en el infierno, y el 68%, en el infierno.

Respecto a la religiosidad popular, la iglesia católica también está en retroceso: el 61% cree en el “mal de ojo”, el 56% en la Virgen, 52% en los santos, en 51% en los antepasados, y el 45% en la reencarnación.
A las pregunta si la iglesia influye de los ciudadanos, la respuesta del 26% de los encuestados es ‘muy de acuerdo’; el 37%, ‘de acuerdo’; el 13% ‘en desacuerdo’, y el 5%, ‘muy en desacuerdo’. Para algunos clérigos que todavía mantienen cierta adhesión al Evangelio, que las iglesias estén quedando vacías es un buen signo, dado que están dejando de ser católicas aquellas personas católicas de boca porque era de buen tono el serlo.
La plutocracia chilena, en buen número, ha dejado de declararse católica, pues la iglesia de Constantino ya no le sirve a sus intereses, en un mundo en que lo único que importa es lo material, como tampoco es útil para tranquilizar a los pobres y oprimidos con la promesa de un mundo feliz en el futuro. Voltaire odiaba a los Jesuitas, pero era muy partidario de los curas de campo.

El 87% de los encuestados perciben a la iglesia católica como muy poderosa y alejada de la gente común, y que mantiene una gran influencia en el voto ciudadano. En conclusión, por décadas la iglesia católica se ha convertido en una máquina de poder e influencia en todas las esferas sociales, muy divorciada del Dios personal, del Evangelio y de Jesucristo. El Padre Felipe Berrios dio en el blanco al sospechar que muchos de los jerarcas de la iglesia no creen en Dios.

El cura de los SSCC, Ronaldo Muñoz, teólogo especialista en cristología, hablaba de la irrupción de los pobres en la iglesia; el Papa Juan Pablo II y el episcopado chileno expulsaron de esta institución a los pobres, para reemplazarla por la opción por los ricos, además de una moral que lo único que les preocupa es lo que ocurre abajo del cinturón.

La estrategia de esta audaz “contrarreforma” no les ha dado el resultado esperado por la jerarquía chilena: alejar a los pobres y a los sin voz de la iglesia tampoco ha significado su incremento en el mundo de los ricos, pues un mundo materialista, neoliberal, nihilista y amoral, anémico, ya no es necesaria la voz de una institución que pretende adornar, espiritualmente, la sagrada propiedad y riqueza inmobiliaria. Los curas que bendecían con gran pompa las inauguraciones de Bancos y grandes empresas, se hacen cada día más innecesarias.

Afortunadamente, los chilenos no son tontos y, como Gabriela Mistral le contestaba a un cura reaccionario de La Serena, “yo me comunico con Dios sin necesidad de intermediario.”

Hoy –pienso yo– que de vivir el mercader Diego Portales hubiera cambiado su frase por “creo en Dios y no creo en los curas”, pues el primero sigue siendo un buen negocio para ganar adeptos, mientras que segundo es todo lo contrario.

Afortunadamente, en la iglesia chilena han existido curas muy valiosos, que han creído firmemente en Cristo y el Evangelio, Fernando Vives Solar, Alberto Hurtado, Esteban Gumucio, y actuales como José Aldunate, Mariano Puga, Felipe Barrios, y otros tantos que ejercen su apostolado con los pobres y para los pobres, que siguen siendo el “corazón de un mundo sin corazón”, el “espíritu de un mundo sin espíritu”; (según Nietzsche, católicos y protestantes terminaron asesinando a Dios).

Bibliografía
• F. Nietzch – Gaya Ciencia
• Henri Bartoli – La doctrina económica social de Karl Marx Du seuil 1950
• Feuerbach – La esencia del cristianismo
• K. Marx – Crítica de la filosofía del derecho de Hegel
• Werner Post – La crítica de la religión en Karl Marx, Herder 1972
• Rolando Muñoz – la irrupción de los pobres en la Iglesia

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