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Los Derechos Humanos No Son Suficientes. (II)

Guilmo Barrio Salazar

Desde Georgia, E.U.A.

Continuando con este tema iniciado la semana anterior, puedo decir que en el Siglo XIX, la idea de las libertades como algo inherente a una persona, estuvo  ligada fuertemente al liberalismo clásico, y al reglamento de la técnica de mercado.  Esto significó que la retórica basada en los derechos fue principalmente utilizada para justificar los contratos libres y la propiedad privada.  Con razón,  Karl Marx concluyó que los derechos humanos muchas veces sirvieron como una disculpa por la estrecha protección del capitalismo.

Todavía a mediados del Siglo XX el apogeo de la democracia social, los derechos humanos fueron refundidos como parte de una política que buscaba crear más igualdad dentro de las comunidades nacionales.  Si la noción de los derechos humanos tuvo un pequeño impacto inicial porque había tantos otros idiomas, incluyendo,  por supuesto, el socialismo, que ponía esta puntería, por lo menos demostró que la idea era flexible y sensible a una revisión.

Entonces llegó el neoliberalismo, y el movimiento de los derechos humanos indudablemente ha sido afectado.  Las leyes y la política de los derechos humanos nunca volvió a la estrecha protección de los contratos y la propiedad, pero se sacaron de la alianza con leyes de redistribución y condenado a un rol menor y defensivo, empujado hacia atrás contra la nueva economía política.

Los clásicos ejemplos de activismo de los derechos globales, las organizaciones como  Amnistía Internacional, y el Observatorio  de los Derechos Humanos, dejaron el énfasis sobre los derechos económicos y sociales proclamados por la Declaración Universal de las Naciones Unidas, y convirtieron la idea de los derechos humanos, de una plantilla para la ciudadanía, a una precaución hacia los vergonzosos estados opresores.  Y,  mientras los movimientos de los derechos humanos cautelosamente tomaron la abogacía de los derechos económicos y sociales después de la Guerra Fría, ellos nunca atacaron la jerarquía de los ricos levantada por el neoliberalismo.  Con raras excepciones, la igualdad material no es algo que la ley de los derechos humanos y los movimientos se han dispuesto a defender.

Los resultados han sido dolorosos y espectaculares.  Grandes avances se han hecho, estableciendo un sentido de responsabilidad global y un estado de igualdad, pero a un precio muy alto para conseguir una economía justa en cada escala.  La ley de los derechos humanos no contaba con las normas, y a los movimientos el deseo, de abogar por políticas de una redistribución seria.  Aún en teoría, con un foco de aseguranza hacia la protección por las personas en una economía globalizada, los movimientos de los derechos humanos no hicieron nada para prevenir la destrucción de una riqueza sin límites.  Con la declinación de los  “Estados de bienestar”, los movimientos de los derechos humanos fracasaron en atacar la victoria de los ricos, y en la lucha para  proteger  de la pobreza al resto.  El proyecto político y legal sobre los derechos humanos se transformó en compañero del aumento de la desigualdad, lo que pavimentó la carretera al populismo y la continuación de los abusos en los derechos.

Estos ideales de los Derechos Humanos se han expandido por todo el mundo junto con el neoliberalismo, lo que  no significa que deberíamos culpar, sin abandonar esos altos ideales.  En vez de eso, significa que los derechos humanos solamente hacen sentido como tener un compañero en una nueva política de distribución justa.

La desigualdad de hoy ha ayudado con el crecimiento de los líderes populistas, quienes nunca han sido amigos de los derechos humanos.  Es tentativo responder en forma doble a las estrategias de los derechos humanos.  Y es honorable subir la muralla para acusar al feroz resultado cuando los regímenes se deslizan hacia lo demoníaco, y para mantener vivas las esperanzas debido a la débil y vulnerable forma de vivir en penuria.  A pesar de que los derechos humanos han acompañado y ayudado a embellecer al neoliberalismo, la lección con toda seguridad no es que los activistas deberían dejar de denunciar la represión o no continuar con su presión a favor de la gente viviendo en circunstancias miserables.

Los activistas necesitan pensar dos veces, sin embargo, sobre las circunstancias de sus éxitos en definir lo bueno y lo malo tan poderosamente alrededor del globo terráqueo.  Para el resto de nosotros, debemos reconocer los límites de los derechos humanos, y admitir nuestros propios fracasos para poder contribuir una visión clara y proyectar fuera del cuadro de los derechos.  Los movimientos de los derechos humanos llegaron tarde a la era de las preocupaciones distribucionales.  Cuando tomaron un interés, lo hicieron en forma poco significativa, enfocándose solamente en salvar lo peor frente a una destitución.  No se debe culpar a los derechos humanos por la desigualdad existente, pero necesitamos encarar nuestra responsabilidad para tratarlos como una panacea.

La desigualdad es un problema que no vamos a poder solucionar.  Las organizaciones de abogacía por los demás, hoy apenas pueden causar que la política endemoniada les escuche, y les falta el apoyo de los sindicatos y otros factores locales que han atacado la desigualdad con éxito en el pasado.  Pero podemos mantener los beneficios de los movimientos de los derechos humanos de los pasados 40 años, mientras rechacemos al neoliberalismo.

Como no se puede reinventar a sí mismo con nuevos ideales y herramientas, el movimiento de los derechos humanos se debería mantener en lo que hace mejor: Informar nuestros conceptos de la ciudadanía y el estigma perverso, sin pretender llegar a una total “justicia global”.  Mientras tanto, aquellos de nosotros que donamos y simpatizamos con la Amnistía Internacional y otras organizaciones afines y similares, debemos mantener los movimientos de los derechos humanos en su lugar, y no errar una parte de la justicia, por una justicia total.

Una comunidad más grande dentro de esta agitación igualitaria puede emerger, lo cual puede que no sea parte de la historia del movimiento de los derechos humanos, pero debe transformarse en su futuro.  Espero que se nos permita utilizar alternativas del pasado para el movimiento, posibilidades por las cuales Zdena Tominová deseó ardientemente, antes de que los derechos humanos fueran secuestrados por nuestros tiempos de  neoliberalismo.  Tominová,  después de todo, fue una activista de los derechos humanos, pero ella no estuvo sola.

Para finalizar, los movimientos de los derechos humanos pueden trabajar para liberarse ellos mismos de su compañía neoliberal, aun cuando otros restituyan el sueño de la igualdad tanto en teoría como en la práctica.  Hasta que nosotros completemos los derechos humanos con otros ideales y proyectos, dejaremos la justicia global que buscamos, sin haberla completado y bajo grandes amenazas.-

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