La Solidaridad no es "flor de un día", tampoco un "remedio" de pandemia... La SOLIDARIDAD verdadera nace de lo más profundo de la inteligencia y bondad humana y, es una conducta permanente.
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Mañana será tarde

Patricio Schwaner Saldías

Docente de Filosofía Universidad Católica de la Santísima Concepción

Chile está viviendo horas oscuras, qué duda cabe, hoy estamos siendo testigos de momentos de ardua complejidad desde el punto de vista médico y social.  Al respecto, debemos destacar la tenacidad de cientos y miles de profesionales de la salud que están sacando adelante, en la medida de lo posible, los casos confirmados con este terrible virus. Sin embargo, esta profunda realidad contrasta de modo negativo con la irresponsabilidad de miles que no toman precaución alguna frente a la pandemia. Al respecto, propongo reflexionar: ¿Que más se necesita saber para tomar conciencia?

Curiosamente cuando planteamos esta pregunta, se suele responder que no todos tienen la posibilidad de quedarse en casa. Reconozco la fragilidad de un sistema social, que no ha podido satisfacer a todos y cada uno de los integrantes de la sociedad. Sin embargo, evidencio además la falta de cultura cívica, cuestión que hemos ido perdiendo como sociedad chilena.

Desde otra perspectiva emergen grupos críticos, que cuestionan todas las políticas sociales adoptadas. Por un lado, sostienen que no debe entregarse caja de alimentos y que debió depositarse el dinero. Lo cierto es que si se hubiera depositado dirían que no todos tienen tarjeta o que con los depósitos realizados se benefició a algún sector empresarial. En definitiva, siempre habrá espacio para la crítica.

Paradojalmente, miles de personas caminan libremente por el centro de la ciudad sin atender a la magnitud de la pandemia, mientras otros oscilan minuto a minuto entre la vida y la muerte. Tal como reza el título de esta columna: “mañana será tarde”, por lo que hoy es el minuto heroico, instante en que nuestro actuar responsable podrá traer buenos frutos.

Mañana, tendremos que enterrar a los nuestros, sin poderles mirar ni siquiera el rostro, el mismo que tantas veces contemplamos con inefable hermosura. Mañana, tendremos que llorar a nuestros muertos, asumiendo la culpa de nuestros actos irresponsables y egoístas, que no han podido permitirnos avanzar en lo humano. Mañana, veremos despuntar el alba sin ánimo y en desasosiego, por la conciencia que nos dirá que pudimos salvar a uno más, uno como nosotros, de carne y hueso y con una humanidad que desbordaba. Mañana, seguramente mañana, será tarde. Ahora bien, ¿Qué tenemos hoy por delante? ¿De qué modo podemos plasmar la hermosura de la vida en nuestros actos? Ciertamente, asumiendo el desafío de batallar contra nosotros mismos, frente a una de las luchas más esforzadas de la historia reciente.

En este sentido, valoro el “Decálogo frente al dilema de la última cama”, formulado por Monseñor Fernando Chomali, Arzobispo de Concepción. Al respecto quisiera citar uno de los puntos que me ha parecido más comprometedores [Punto 10]: “Mientras más responsables seamos todos, disminuirán los contagios, por lo tanto, los enfermos y los fallecidos. Además, es un acto de justicia hacia aquellos que exponen sus vidas en los hospitales y clínicas para sanar, curar, aliviar y consolar a quienes están hospitalizados. Para ellos toda nuestra admiración, apoyo y felicitaciones”.

Hoy es necesario que aprendamos a ser más responsables con los demás, ese será el desafío que tendremos que afrontar desde ahora en adelante. Dice el Talmud que: “Quien salva una vida salva al universo entero”, que nuestro esfuerzo radique entonces en salvaguardar cada pequeño universo existente.

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