¿El mundo que estamos construyendo, el mundo que estamos destruyendo o el mundo que debemos construir?
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Otros caminos…

Gladys Semillán Villanueva

Embajadora por la Paz de las Naciones Unidas por la Letras UNILETRAS. Ave viajera de Semillas para la Juventud

Desde Argentina

Había preparado mi viaje a Grecia con entusiasmo pues el poder ver in situ esa arquitectura apasionante, los pueblos saturados de historias, sus gentes con una vida imaginada partiendo de conquistas, luchas y goces, se me hacía una aventura increíble. Y así fue.

Llegué después de andar por rutas italianas en las que también encontré tanta belleza, pero la idea es contar como arribé a descubrir el ‘arte del tapiz.’ Amanecí en una Atenas que comenzaba a despertar e introducirse en sus cosas cotidianas, el rumor fue creciendo, ese día estaba destinado a recorrer la Acrópolis que divisaba con anticipación desde la ventana de mi habitación.

El desayuno lo impuse tranquilo, no deseaba apurarme; ya lo había hecho con desmesura en Buenos Aires, ahora necesitaba como dicen los españoles, moverme a mi aire, me encanta esta expresión, es precisa. Ya lista tomé el bolso, el cuaderno de apuntes, la pamela para el sol y sí…la cámara pensando en las fotos que formarían parte de mi historia. Al salir del hotel sobre la misma vereda y a pocos metros observé una iglesia ortodoxa cuya cúpula trabajada con tejas parecía que fueran voladitos rojos, esos que a veces lucen las niñas en sus faldas. Me impresionó. Entré.

Estaba el oficiante de frente a los fieles, incliné la cabeza a forma de saludo respetuoso, busqué un costado para admirar la belleza interior tan distinta a nuestras iglesias, hice una oración y sin voltearme, despacito me retiré. Cruce la calle y allí en todo su esplendor la Acrópolis. Fui subiendo despacio, como quien degusta un caramelo muy deseado, los senderos perfectamente trazados hasta encontrarme con los Propileos, una suerte de entrada principal a tan majestuosa residencia…El Partenón, templo de los templos.

La mañana acompañaba la visita, silencio, poca gente, el reflejo del sol comenzando su ronda diaria de abrazar cada piedra, convocar dioses y entre ellas Palas Atenea con su belleza susurrando en la brisa mañanera mensajes audibles solo para enloquecidos como yo que la buscaba entre las piedras caídas. Creo que me entendió y me dijo “espera”. Si, debía esperar al día siguiente en que integraría un grupo de turistas que se atreverían por un dédalo de caminos, ruinas, marinas y cielos esplendentes llegar a Delfos, mi destino.

En el ‘mientras tanto’, fui haciendo amistad con la coordinadora, una italiana bella, inteligente,  profesora de arte en Atenas. Se asombraba de mi curiosidad de las preguntas precisas que le hacía y respondía con una sonrisa de beneplácito. Más de una vez salía del grupo y me comentaba cosas mientras los demás se dedicaban a las gaseosas y maníes. Yo tenía sed de conocimiento.

Pasamos la noche en Delfos, por la mañana mientras desayunábamos se acercó y me dijo: te tengo una sorpresa, alteré un poco el recorrido y los llevaré a un lugar mágico del que se no te olvidarás jamás.

¿Palas Atenea que has hecho?…dije en mi interior. Fuimos ascendiendo por la montaña un breve trecho deteniéndonos en un jardín florido como de cuentos. El portoncito de madera blanca entreabierto, fragancias de mil flores nos recibieron y con cuidado por el caminito de granza nos asomamos a un salón de regular tamaño donde lucían tapetes terminados, otros en obra con sus hilados colgando en los costados, ovillos de diferentes colores por todas partes, casi como si fueran ramos imitando las flores que afuera nos deleitaron.

Un matrimonio acompañado por la guía se acercó me tomaron de la mano y me llevaron al “laboratorio” dónde ellos realizaban la magia de machacar la hebra, dejarla secar, teñirla, vuelta a secar y al estar a punto, ovillarla.

Esas fibras eran de plantas que utilizan nuestros indios matacos en el norte. Sentí un escalofrío de emoción, ¿en qué lugar del mundo estaba, en Misiones, Argentina, al borde de una camino de tierra colorada comprando a los nativos tejidos de esa yuca que conocía muy bien, o en Grecia, frente al Monte Parnaso en un rinconcito llamado  Arachova?

Creo que fue más fuerte el sentimiento y asombro de lo que esos dulces mayores esperaban de mí. Los abracé compré dos tapetes que mamá lució por mucho tiempo en sus mesas de luz. La pobre Niky traducía pero hubo un momento en que no fue necesario, cuando con lágrimas en los ojos les dije…GRACIAS. Sentí al despedirme que había encontrado otro camino para expresarme, no solo la pintura ahora serían los tapices.

Un año después presenté una colección en Galicia, le di a la técnica mi propia impronta, la redimensión con lujo de colores. En la Revista “Anduriñas” escribieron un comentario que aún me suena… “Gladys Semillán Villanueva pinta con hilos de colores”.

Fuente de figura:

https://es.dreamstime.com/un-vilige-de-arachova-grecia-image124416136

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6 Comentarios en Otros caminos…

  1. Desde La Argentina, no sólo nos llegan los cantos, poemas y sabiduría si no que hoy un lindo relato de vida de una maravillosa hermana del otro lado de la cordillera.
    Grande Hermana.

    • ABRAZO ENORME JAVIER!!!!(HERMANO).
      LAMENTO RESPONDERLES TAN A DESTIEMPO PERO ESTUVE ALEJADA DE ESTOS TECNICISMOS.
      ENTRE MONTAÑAS DONDE LA SEÑAL NO SIEMPRE ME AYUDABA.
      ESPERO ENCONTRAME CON VOSOTROS A TRAVES DE ESTA «VENTANA» QUE CON GENEROSIDAD ME HA OFRECIDO EL SR.JUAN LUIS CASTILLO MORAGA.

  2. Una hermosa y cuerda aventura relatada con una delicada y bella textura gramatical.
    Excelente Gladys.

    • LEO CUANTA GENEROSIDAD!!!
      REALMENTE EL ENCONTRARME CON EL FUTURO EN ESE LUGAR Y CON EA GENTE FUE UNA EXPERIENCIA SUPREMA.
      GRACIASSSSSSSSSSSSSSS.
      GLADYS

  3. Interesante relato de una experiencia sin igual…
    Qué bueno, sólo faltaron un par de fotografías de sus trabajos para ilustrar su columna.

    • GRACIAS JUAN LUIS.
      PROMETO ENVIAR FOTOS EN LA SEGUNDA PARTE DEL TRABAJO.
      AÚN ME SIGUE OTORGANDO SATISFACCIONES EL ARTE TEXTIL.

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