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Una reflexión

Yerko Strika

Psicólogo Clínico, Psicoterapeuta.

De alguna forma, el ave se funde con las corrientes de aire, ascendiendo y descendiendo en espirales o suspendiéndose en el viento. Pareciera no haber esfuerzo en su vuelo, más que mínimos movimiento de cola y alas, condensando todos los principios de la aerodinámica en gestos sutiles de su plumaje. Toda la sofisticación de implica un planeo, desaparece cuando el ave de desliza como la misma brisa, en un acto de pasmosa belleza y naturalidad. Pareciera que el ave comprende con todo su ser la esencia de sí misma y empeña su vida en expresar a la perfección su condición de tal: Fluir en el curso de la existencia, ser uno con su elemento.

Al respecto, pregunto al lector ¿Cuál es su elemento en tanto Ser Humano? ¿Dónde fluye en su existir? ¿En qué contexto se funde naturalmente?

Días atrás, escuché una entrevista que le hizo The Clinic al sacerdote jesuita Felipe Berríos; donde éste se refería a la Sagrada Familia, como una madre soltera, un hijo único y un padre ausente; en alusión a María Magdalena, Jesús y José. En sus palabras no había falta de respecto, sino la constatación de un hecho en una lectura franca del evangelio. He escuchado y leído varias veces a Berríos, en la sensación que su fluir está en la profunda humanización de lo que significa ser cura, de entender que los personajes de la biblia son de carne y hueso, que lo pasaron bien y mal, que eran seres imperfectos en un contexto adverso. A mi parecer, irse vivir a la Chimba en una mediagua (campamento en Antofagasta, donde reside Berríos), es un acto de consecuencia con su fe, donde creo que Berríos se vive en libertad, evangelizando con inteligencia desde lo que significa ser un hombre con convicciones y atento al mundo actual. Cito a Berríos como un ejemplo de lo que me parece podría ser un ave desplegando sus alas, en ese espacio que le da sentido al hombre de sotana actual, que de forma genérica, llamaré ESPACIO DE CONSCIENCIA.

La consciencia es el lugar desde donde contactamos con la trama que nos rodea. Esa trama puede ser de características tan variables, como nosotros mismos; del tamaño de un grano de arroz o de una galaxia; tener la dimensión de nuestros miedos o la magnitud de la pasión. Sea como sea, ese espacio nos permite acceder a la experiencia de ser individuos en esta rareza que es la vida. Y de pronto, en ese sitio aparece algo que nos hace sentido: una vivencia que conecta más allá de la percepción ordinaria, donde nos sentimos congruentes y tranquilos; tal vez, aliviados.

Y, ¿qué hacemos con ese estado?

La mayoría de las veces, lo desoímos, dejándolo pasar por no encajar en la habitualidad del pensamiento, que es sólo una parte del aparato psíquico. Se intelectualiza una experiencia que puede ser puramente sensorial, emocional, mística, trascendental, amorosa; negando el sentido que tiene en sí misma. Es como cortarle las alas al pájaro, ese que está hecho para volar. Se nos enseña y adoctrina desde muy niños para no hacer caso a la intuición, para converger en la masa estereotipada de opiniones y formas establecidas de estar en el mundo. Entiendo que debe haber una forma más o menos consensuada de compartir el espacio social, pero este es la resultante de espacios personales – en general – poco trabajados en la propia escucha de las necesidades profundas de la existencia, con sus malestares y dichas. Debemos ir comprendiendo que requerimos del contacto honesto con otros humanos y en especial con el silencio contenido en la reflexión, dejando que nuestra consciencia se expanda en consonancia con procesos espirituales.

Esto que puede sonar extraño, es sólo otra forma de abordar el fenómeno de la existencia, matizando tanto “Deber Ser”, con un poco de “Elegir Ser” , en esta sociedad occidental y especialmente localista, de este largo y angosto país.

Estimo que desembarazarse de ideas que nos alejan del bienestar, es comenzar un camino hacia la sencillez, a lo simple que anida en nuestras consciencias. La construcción compleja y distorsionada de nuestras necesidades, tienen que ver con que muchas veces preferimos permanecer donde estamos a un costo elevado para nuestra felicidad (o lo que creemos felicidad) en lugar de soltar suntuarios psíquicos (deseos de control, apropiación afectiva, consumo material, entre otros) que sólo nos cargan de insatisfacción, obligaciones inventadas y deberes autoimpuestos.
El ser humano, es un animal complejo, que suele adherir con facilidad a las modas y “comprar” modelos de lo deseable en términos de estatus y reconocimiento social. Es un paradigma muy antiguo el de las apariencias, el querer ser un otro que encaje en lo establecido. Vivir en lo ajeno es un lugar común, donde nos encontramos en nuestras máscaras; enajenado en los sentimientos, en los afectos, en las ideas, en las actitudes. Es una carga pesada ser quien uno no es y dedicar esfuerzo constante a mantener una estructura que es un pozo sin fondo, pues siempre pedirá más de nosotros, en tanto no nos decidamos a romper esa relación.

La sencillez, de la que habla esta reflexión, está vista desde la austeridad y principio de parsimonia, el que establece que la solución más simple, suele ser la mejor. En este sentido, escuchar con atención el silencio que habita dentro de nosotros y actuar en consecuencia, suele ser mejor que buscar respuestas en el ruido ambiente. Centrarse más en la propia valía personal y menos en las expectativas de terceros. Entrar al espacio de la consciencia en la libertad de quienes somos, un poco más cercanos a nuestros verdaderos deseos, en definitiva, desplegar las alas y sentirse parte genuina de la existencia.

Como alguien dijo por ahí: Deseo poco, y lo poco que deseo, lo deseo poco.

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5 Comentarios en Una reflexión

  1. Sí, claro muy de acuerdo no es una reflexión es una gran reflexión.
    Yerko, es usted un buen maestro.

  2. Gran Reflexión, me obliga y obliga a cualquier lector consciente y atento, a seguir el ejemplo, nos falta, sin lugar a dudas, reflexionar mas y dejar de ser autómatas dirigidos a control remoto por los poderosos de la sociedad

  3. Nada de sencillo señor, lo que usted hace es, de manera, «sublime» plantearnos un problema grave de nuestra existencia actual: La falta de consciencia.
    Hoy nos movemos sin importar la familia, el medio ambiente ni nuestros entornos, al perder consciencia perdemos el sentido de ser: LA HUMANIDAD.
    Por este camino, en un rumbo a ciegas, vamos donde nos mueve un sistema que sólo nos mueve en torno a lo material.

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