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Habitando el Paisaje (Parte II)

Analía Arias

Filósofa Desde Argentina

Suma Qamaña-Habitar el Paisaje 

Como señalé en la introducción, esta meditación tiene como búsqueda encontrar accesos o maneras de pensar la restauración de aquella relación de pertenencia entre el Ser Humano y el Paisaje dañada por la racionalidad técnico-moderna caracterizada.

Creo que armonizando las perspectivas de Heidegger y Alvó en relación a Construir – Habitar y el Suma Qamaña, respectivamente, y sin reducirlas a simples instrumentos lingüísticos, se las puede tomar como formas o accesos a través de los cuales recuperar, restaurar aquella relación de pertenencia olvidada, dañada por el pensamiento técnico-moderno heredado.

Ambos autores nos introducen en un viaje por la etimología de sus palabras y no se limitan a indicarnos solo el sentido profundo de cada expresión, sino que además nos dejan señales de cómo debemos pensar ese sentido nombrado en cada caso. Por ejemplo, M. Heidegger en el texto referido, nos enseña que habitar- construir tienen una relación de entrañamiento y, despegándose de la posibilidad de pensarla en términos de medios-fines, afirma: “construir no es solo medio y camino para el habitar; el construir es en sí mismo, ya el habitar.” (pág. 200)

En este viaje, el lector una vez inmerso lingüísticamente en expresiones como buen -habitar en el sentido de permanecer mantenerse nachgebauer -aquel que habita en la cercanía- nachbar -vecino- (pág. 201) es conducido a descubrir que la vieja palabra bauen -construir- está muy relacionada con aquellas expresiones y dice: “el hombre es en cuanto habita; pero esta palabra significa al mismo tiempo: cuidar y cultivar” (pág. 202). Este cuidar y cultivar entra en relación con el proteger y entonces el habitar adquiere un nuevo sentido: “habitar es proteger.” Este proteger se despliega enlazando cuatro dimensiones la de la tierra, la del cielo, lo divino y lo mortal. El ser humano habita en tanto cuida-permanece-mantiene y protege estos rostros- paisajes de la Naturaleza o cuadrantes, como las llama Heidegger. Desde esta perspectiva, el habitar no domina, no busca enseñorearse esclavizando alguno de aquellos rostros de la Naturaleza sino que serían dejados en su curso, en su ser.

De manera concomitante, Albó nos acerca para pensar, un principio ético-moral: el Suma Qamaña. Él también nos hace bucear por alguno de sus sentidos cuando dice: la raíz Qama se asocia a una muy fuerte y vital energía que hace de los humanos habitantes y de la Pacha Mama su morada, es con-vivir-bien, morar, descansar, cobijarse y cuidar a y con otros. Vivir no se refiere sólo a un hecho físico sino a todo un conjunto de relaciones socio-naturales con un ambiente de acogimiento de todas las partes involucradas, como una actividad comunitaria, en una lógica de servicio, relacionando cuidado – crianza; y continúa, un ir apoyándose unos con otros y avanzar  a la par es decir Suma Qamaña.

Este convivir bien a través del Suma Qamaña o del Habitar,  lo pienso como una entrada en diálogo que diluiría la idea de pensarnos los seres humanos como algo externo o ajenos a la composición del paisaje-naturaleza. 

En este escrito he partido de la hipótesis de pertenencia entre el Ser Humano y el Paisaje, entonces desde esta perspectiva asumida, el paisaje lo entiendo como un algo como afirma Del Barco (2003) “un flujo de manifestación, de revelación, de donación” (pág. 141), que brota cuando se da el encuentro entre el ego y la Naturaleza; este encuentro dista de ser la un sujeto enfrentado a un objeto. También lo podemos pensar como señala Cadús Raúl (2018) “el paisaje se comporta como una interfaz entre la cultura (el ser humano) y la Naturaleza” (pág 6). El Paisaje no sería una cosa ahí. De lo que se trata es de poder pensarlo como una relación de encuentro y apertura;  donde lo esencial sea el dejar venir ese Algo, que se muestre. Este dejar venir, es extraño para las personas que estamos atravesadas por la racionalidad dominante, por la mentalidad calculadora. Por eso es fundamental para poder acceder a un entendimiento del fenómeno del paisaje a través del Habitar – ConVivirBien, cambiar la actitud.

En este giro actitudinal que tiene que ver con provocar el encuentro entre las partes, lo que se busca es evitar el abalanzamiento sobre el objeto, lo dado, ese Algo que viene; refinando la sensibilidad. Es decir,  buscar lograr una actitud de serenidad ante lo dado.  Conduciéndonos de esta manera lograríamos provocar el encuentro y por qué no la revelación o verdad en el sentido de des-encubrimiento.

Postales (2013), creo que tiene que ver con el asumir ésta actitud de escucha atenta, serena, receptiva y provocativa a lo otro para que en ese encuentro se revele. Por ejemplo cuando presenta esa entrada en diálogo, “A un Brote: ¿de nuevo vos?” (p.76). Claramente se puede observar esa actitud, ese dejar venir el emergente de ese Algo a través de uno de sus rostros: el de un brote, realizándose el fenómeno del Paisaje.

A modo de cierre y para seguir pensando…

Este recorrido en el que hemos transitado la crítica a la mentalidad moderna, el Suma Qamaña y el Habitar como maneras a través de las cuales acceder al fenómeno del Paisaje, me ha posibilitado  una nueva forma de pensamiento donde no se trata de sustituir una perspectiva por otra; es decir, a la perspectiva que acentúa el papel del  sujeto reemplazarla por otra en la que se acentúa el papel del objeto; todo lo contrario, la actitud asumida aquí es la que admite a ambas partes como inseparables. El Paisaje como rostro de la Naturaleza ya no es pensado como un objeto que puede definirse en una relación de enfrentamiento con el sujeto, sino que el Ser Humano y los rostros que emergen de la Naturaleza, que llamamos paisajes, están ligados en una relación de reciprocidad; ni el ser humano ni el paisaje pueden concebirse como en sí que luego entran en relación.

Valen para este cierre las palabras de Cadús Raúl (2018): “Como momento del devenir de la existencia total, del ser, del mundo y de nosotros en él, el paisaje -cualquiera que sea- se elabora con la materia sutil del espíritu humano e inhumano, de las sensaciones y los afectos, en particular con la presencia siempre dinámica del mundo material.” (p. 5)

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