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Pedro Subercaseaux un pintor de historia Chilena

Claudio Cortés López

Restaurador y conservador de obras de arte. Académico del Magíster en Intervención Patrimonial MIPA y del Departamento de Diseño Escuela de Postgrado, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile.

Pedro Subercaseaux Errázuríz,  como muchos de nuestros artistas plásticos, realizó una obra pictórica que presenta diferentes logros.

 En su desarrollo pictórico se pueden apreciar los murales,que realizó en la parroquia el Sagrado Corazón (Av. El Bosque- Santiago) obras sobre las cuales se ha dicho que no las concluyó. Estas pinturas murales,   comparadas con “ la Primera Misa” y “la Batalla de Maipú”,  ambas en la colección del Museo Histórico Nacional, difieren enormemente en calidad de ejecución. En estas obras se aprecian las diferencias y diversidades en el manejo de la forma y el color, mientras que en los murales antes citados declina su oficio, en los lienzos de Maipú y la Primera Misa consigue un efecto de representación pictórica que poco tiene que envidiar a los maestros europeos contemporáneos a él.

Desde el punto de vista formal, Pedro Subercaseaux, tuvo cuatro vías por las cuales accedió al conocimiento para formarse como pintor, rutas recorridas entre 1896 y 1900. Dichas rutas son: La academia de Berlín, el estudio de Lorenzo Valles en Roma, la escuela libre dependiente de Bellas Artes en Roma, y la academia Julián de París. Desde el punto de vista informal,  también influyó en él su padre, el pintor y diplomático Ramón Subercaseaux , quien junto a doña Amalia Errázuriz, su madre,  supo entregar a Pedro, una especial sensibilidad dirigida a  la cultura clásica.

La primera vía de ingreso antes señalada como estudio sistemático del arte, fue la academia berlinesa de Bellas Artes. Según consta en su biografía, su incorporación  fue autorizada en un documento  protocolar; el inicio de este joven chileno muy interesado en transitar por los caminos de la pintura, de la historia y de los uniformes militares, se dio en una academia tradicional, la cual con su sistema pedagógico le abrió horizontes y expectativas, y al mismo tiempo marcó a manera de influjo ciertas particularidades pictóricas que se verán presentes en sus obras de pintura de historia.

El documento protocolar de aceptación en la Academia de Berlín dice lo siguiente:

“ Bajo la altísima protección de su majestad Guillermo II, emperador alemán y rey de Prusia certifica por la presente que el señor Pedro Subercaseaux nacido en Roma el 10 de Diciembre de 1880, quién desea dedicarse a la pintura, después de haber pasado favorablemente el examen del caso ha sido admitido en calidad de estudiante de la Real Escuela Superior. Académica de Bellas Artes y como tal queda obligado a observar todos sus reglamentos, y a observar una conducta ejemplar”.

Este documento lo firmó el profesor Antón von Werner, pintor académico de Batallas. Según los escritos de Subercaseaux,  el profesor von Werner lo recibió y confiesa lo siguiente:  “resultó ser una simple coincidencia el hecho de que a mí,

aficionado a temas históricos, me tocara estudiar bajo la dirección de un pintor de temas guerreros”. Además, consideró que von Werner  era uno de los mejores e aquella época, a excepción de Adolf Menzel (1815-1905). En este plantel de enseñanza artística, su profesor directo fue Julius Ehrentraut (1841-1923), pintor de género y retratos,  y cuyo taller que en la academia berlinesa era exigente en el sentido que el maestro del curso requería que el aprendizaje de la técnica clásica fuese vital”

Pedro Subercaseaux en sus memorias se refirió a este asunto de la siguiente forma:  “ Ehrentraut era una excelente persona dedicada a pintar cuadritos de género y a enseñar un trabajo muy acabado y lamido que era obligatorio usar la estompa de papel para fundir los contornos y obtener casi una blancura de terciopelo en el dibujo”(memorias p.p.96).

 En Roma,  el taller de Lorenzo Valles, y su inscripción como alumno en la escuela libre que dependía de Bellas Artes, le causó un mayor efecto estético que su pasantía en Berlin. En esa ciudad, primero tuvo como sede un palacio decorado por Federico Zuccari,  y posteriormente arrendó un taller en vía Margutta.

“La batalla de Maipu”,  obra de 2.50 x 1.51 metros, representa a grandes y connotados héroes de nuestra que se encuentran consignados en un hecho bélico que sucedió el 5 de abril de 1818, época en la cual la independencia

de Chile se consolidó. La batalla de Maipú, según los especialistas,  es considerada como la primera victoria americana sobre el ejército realista español

comandado por Morgado, Ordóñez y Osorio.

Del lado patriota,  O´Higgins y San Martín, Blanco Encalada con sus cañones, la caballería de Freire y Bueras (quien muere en este episodio),  son los actores de la gesta histórica antes señalada, en la cual el dinamismo y la pólvora,

los uniformes, las armas y la entrega de la sangre,  son las directrices que a

manera de ordenadores dieron forma a este suceso recordado y venerado como una situación identitaria.

Pedro Subercaseaux Errázuríz, hombre educado y nacido en una familia en la cual se respiraba la cultura como algo permanente, conoció perfectamente los detalles

e informaciones que le permitieron estructurar la obra. Se suma a ello su educación artística entregada por maestros rigurosos y claros representantes de aquello que algunos llaman pintura realista. La pintura en cuestión presenta tres planos notoriamente caracterizados por el modo composicional. El espectador está situado tras las primeras líneas de combate, como si fuera un guerrero que es llamado por el corneta ubicado al lado derecho del observador, con lo que da la impresión que la persona que contempla la obra parece más un actor que un asistente inmóvil frente a un cuadro, pues este incita a participar en la acción.

El lado derecho de la obra es un locus instigador: hay tres soldados que nos llaman: el trompeta, el oficial que nos grita y el que está a caballo con el sable en alto (¿Bueras?)

En el primerísimo primer plano, se encuentran en el suelo de tierra un fusil, un morral, un sable y un gorro militar esperando ser tomados para participar de este evento.

Si observamos minuciosamente cada figura, veremos la fuerza expresiva que Subercaseaux alcanza en esta obra: rostros convulsionados, expresiones de dolor, hidalguía , coraje, valentía y patriotismo heroico, por parte de los diferentes actores.

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