«Nuestro país requiere sumar voluntades tras el logro de cambios significativos en la sociedad. Todos los estamentos públicos y sociales, deben cambiar: egoísmo por solidaridad,  crecimiento por desarrollo, Compromiso por la displicencia y la apatía,…  Sumando a ello una visión integral de ciudadanía , la sabiduría por la ignorancia,  unidad por sobre dispersión«

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POLARIZACION SOCIAL.

Miguel Ángel San Martín

Periodista. Especial para La Ventana Ciudadana, desde Madrid, España.

Chile está viviendo horas intensas de polarización social. Esto es consecuencia de las elecciones presidenciales que se definen el 19 de diciembre entre dos candidatos, uno de izquierda y el otro de derecha. Uno más extremo que el otro.

          Y como las previsiones están muy igualadas, de acuerdo a lo que ocurrió el pasado domingo en la primera vuelta, hay mucha gente que está con la calculadora en la mano, sacando cuentas como si se tratara de una operación matemática.

          Pero, no. No se trata de una mera suma de votos de uno u otro lado. Esta vez se trata de una operación política donde se enfrentan dos candidatos diametralmente opuestos. O sea, se radicalizan las posturas, se polarizan las actitudes y se tensiona el ambiente.

          Afortunadamente, ambos candidatos se han dado cuenta de la situación y han comprendido que más de la mitad de los ciudadanos no han acudido a votar, entre otras razones, porque no les gusta los extremos, el lenguaje agresivo ni la confrontación por la confrontación. No están por tensionar más aún el ambiente, sino más bien por moderarlo, por estimular la inteligencia y por darle tranquilidad y paz a la población. Y los candidatos saben que para ganar la elección van a necesitar esos votos que dan mayoría a la abstención. Entonces, cómo se ilusiona a los ciudadanos?

          A mi modesto entender, se necesitan “Programas de Gobernabilidad” que abarquen los puntos más álgidos de las necesidades de la gente y abordarlos con un posibilismo político a toda prueba. Es decir, deberán cambiar los términos de sus respectivos programas electorales, eliminar los “ofertones”, rebajar el nivel de agresividad del lenguaje y poner los pies sobre la tierra, proponiendo soluciones a los verdaderos y urgentes problemas de las grandes mayorías. En buen romance, se trata de moderar la acción, hacerla más creíble y definir con sentido común los liderazgos.

          La gente debe confiar en la democracia. Por lo tanto, hay que olvidar las viejas prácticas y quitarle tensión al ambiente político y social. Se debe recomponer el proceso democrático y reforzarlo con una nueva Constitución para todos. Y, además, hay que recomponer los partidos políticos, tan alicaídos y con mala imagen, contando para ello con nuevos líderes, transparentes, preparados y con ideas.

          La polarización es peligrosa, puede hundirnos más en la violencia estéril y destructiva, paralizarnos en el individualismo insolidario e impedirnos el avance en busca de nuevos horizontes, más justos, más equitativos, sin corrupciones. Por lo mismo, debemos acudir a las urnas con ilusión, entregar nuestra opinión transformada en voto que vale lo mismo para todos. Debemos ejercer nuestro derecho y avalar en forma masiva y correcta a las autoridades que nos van a conducir por el camino del progreso.  Eso dará legitimidad a los procesos, fortalecerá nuestra convivencia y podremos mirar al futuro con optimismo, esperanza y en paz.

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