«Las democracias modernas mueren principalmente a causa de lideres electos que erosionan las normas democráticas desde adentro, no por golpes de Estado. La polarización extrema, el rechazo a las reglas del juego y la deslegitimación del adversario político, son alertas claves de una tendencia autoritaria».

Steven Lepitskig

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¿POR QUÉ UN ACUERDO POLITICO ANTES DEL PLEBISCITO?

Jorge Leiva Cabanillas

Psicólogo, Ph.D.

En Septiembre, el país responderá a una pregunta y tomará una decisión. Hasta donde es posible traducir los fenómenos sociales e interpretarlos, en Octubre del 2019 en las calles el país habló. Pero su lenguaje y su voz fue el de la protesta, el de un país cansado de abusos, desigualdades y exclusiones. Dijo lo que andaba mal, pero no dijo cómo superar lo que andaba mal. Abrió una agenda de trabajo para las fuerzas políticas y sociales que están por el cambio.

La clase política se puso de acuerdo para darle una salida a la crítica situación que creaba la protesta social. Su salida fue generar un mecanismo de diálogo para buscar respuesta a la pregunta de cómo superar lo que andaba mal. De ahí surge la realización de una Convención constituyente para que proponga una nueva carta constitucional que defina el contexto jurídico por el cual debe transitar el país para buscar la superación de sus aspectos críticos como sociedad. En una consulta plebiscitaria democrática el 80% del electorado se pronunció de acuerdo con ese camino, esto es, generar un instrumento que defina un marco de acción. Esta decisión ciudadana significó dar el paso del “proceso” al “contenido del proceso”, que son dos dimensiones distintas de un fenómeno social.

La historia ha confirmado el aserto venido de los estudios de las ciencias sociales, que muestran que los procesos no necesariamente siguen el camino que le trazan los que los piensan o planifican. Basta con mirar lo acontecido con los proyectos sociales como los llamados “socialismos reales” Por eso Alain Badiou[1], filósofo de origen marroquí, en un reciente análisis crítico de estos procesos advierte que lo que está más cerca del fracaso es la victoria. No basta con ganar, (la calle en el caso de la protesta social), hay que saber qué hacer con la victoria.

Por ello, para acercar el contenido al proceso, se requiere que la generación de las normas concretas que emanen del marco que define el plebiscito, cuente con el más amplio consenso. Esto es, las leyes que viabilizaran ese camino, constituyen una acción que requiere del dialogo democrático necesario para lograr un consenso que impulse y no detenga el proceso de cambio.  Por lo tanto, es la hora de entender que estamos aprobando un marco de acción posible y necesario como parte de un proceso que con la definición de ese marco recién se inicia y que tomará mucho tiempo en concretarse.

De este modo, el 4 de septiembre la ciudadanía responderá una pregunta central. ¿Quiere continuar con el proceso iniciado por la Constituyente?.. Entonces deberá votar apruebo. Si no es así, deberá votar rechazo. Pero en este último caso deberá estar claro que  rechazará no solo la propuesta, sino el proceso. Esto debe ser entendido por  las fuerzas políticas y sociales que están  por rechazar, aunque optimistamente planteen mejorar la propuesta.

Para que esto sea entendido claramente así por los votantes, es necesario que las fuerzas que están por el Apruebo den señales y se pronuncien antes del  plebiscito sobre la necesidad de seguir con el proceso, partiendo por abrirse a la  conveniencia   y necesidad de introducir precisiones  al texto, esto eso,  al contenido de ese proceso, que despejen dudas legitimas de importantes sectores de la ciudadanía. Nadie puede pretender que el texto sometido a aprobación es perfecto. Como la perfección no existe, ella es un guion de autoderrota cuando se asume como posible. La construcción de significados compartidos para una acción conjunta que involucre a todos los chilenos, es una tarea muy difícil y requiere de un dialogo activo y constante de los actores sociales hasta llegar a un auténtico consenso,

Por eso, el plebiscito no puede entenderse como la última palabra  por mucho que el texto se haya construido participativa y democráticamente. Entenderlo así es caer en un dialogo que algunos científicos sociales llaman “agonístico”. Esto es, un dialogo que se realiza entre partes en la que una impone a la otra su punto de vista, por lo tanto es un dialogo confrontacional. En el mundo actual hace rato que los politices debieran entender que 51% no es cien y que  49% no es cero.

Quienes piensan así, parten de supuestos hoy cuestionados por los desarrollos de la ciencia. Como señalo en uno de mis escritos[2], asistimos en el Siglo 21 a  la emergencia de una convergencia de las explicaciones de la ciencia dura, desde su historia, con las explicaciones  que surgen de la reformulación de la experiencia en el lenguaje que es el campo propio de la filosofía de la ciencia. Richard Rorty[3], filósofo del pragmatismo, observa esta convergencia cuando señala que la ciencia se puede entender hoy como la búsqueda por superar lo que Popper señaló respecto a Marx  y Platón. Según este filosofo ambos tienen un parecido en sus formas de pensar en cuanto a que comprendían ciertas profundas fuerzas subyacentes cuya dirección determinaba los destinos de las comunidades. Sin embargo, lo que lentamente emerge mostrando, según él, la aparición de un nuevo núcleo de inteligibilidad del saber o del conocimiento, es la mirada en la que desaparece la convicción de que existe algo profundo (como el alma o la naturaleza humana o la voluntad de Dios o las formas de la historia o un sujeto histórico),  que nos proveen del material necesario a la gran  teoría social y políticamente útil

Esta mirada responde al enfoque venido del campo de la fenomenología como filosofía de la ciencia. El biólogo Humberto Maturana[4] que se sitúa claramente en esa perspectiva de la ciencia, señala que este enfoque científico surge como ámbito particular de reflexión cuando uno piensa que aquello a lo que uno tiene acceso no es la realidad en si, como sustrato de todo lo que ocurre, sino una apariencia que el observador distingue, y lo que el observador distingue es el fenómeno. Luego, agrega que nada podemos decir sobre ese sustrato, pues no existe operación que lo señale con independencia del operar del observador. Es a ese sustrato al cual los que siguen la visión positivista  en ciencia llaman estructura. Si este sustrato es lo que da identidad al sistema, este aparece en las operaciones de conservación que el sistema realiza para lograrlo. Asumiendo esta perspectiva, eso es lo que distinguimos los chilenos como observadores del fenómeno social que vivimos y ese sustrato es lo que debemos definir y consensuar en el plebiscito próximo.

A mayor abundamiento, hay que precisar que estas operaciones de conservación se dan en forma de cambios estructurales para mantener o conservar ese sustrato que es nuestra  identidad. Pero hay que entender que esa identidad es una dinámica sistémica en que el sistema se está siempre realizando, es decir, no es un “estructura fija”, es una “forma de organización o realización de la estructura”. Esto es fácil observarlo en la polémica en temas como la plurinacionalidad en la propuesta de Constitución, la que se da porque ella atañe a la identidad de Chile como país

De este modo,  y desde esta perspectiva de análisis desde donde entiendo este plebiscito, el 4 de Septiembre no debiera haber ni ganadores ni perdedores. En un proceso tan complejo como es la búsqueda de caminos para superar deficiencias centenarias en un sistema social, una consulta como el plebiscito debe entenderse como una Cumbre, reunión en que el pueblo  de Chile define las líneas  gruesas de desarrollo de la sociedad que quiere construir para su futuro.

No se ha dado una oportunidad así en la historia de nuestro país y seria penoso que los ideologismos y la ceguera política hiciera que ella fuera malograda. Así parece entenderlo el primer mandatario que en su discurso en el Tercer Congreso de Jóvenes Futuro, les recordó una frase del filósofo Albert Camus que afirma que “en la política, la duda debe seguir a la convicción como una sombra” Un claro llamado a los jóvenes a suspender las certezas, para construir, considerando y respetando a  quienes no piensan como ellos, un país más igualitario, mas inclusivo y más democrático.


[1] Badiou Alain, 2022, “La hipótesis comunista” Ediciones Macul, Santiago-Chile

[2] Leiva C., J. ,( 2020) De la pedagogía del oprimido a la del suprimido, Primera Edición, Santiago de Chile, Editorial ALTHAEA

[3] Rorty R. (1998) Pragmatismo y Política, Editorial Paidós, pág. 53, Barcelona.

[4] Maturana H. (2006), Desde la biología a la psicología, Editorial Universitaria, Santiago de Chile.

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