La soberanía radica en el soberano, la ciudadanía. Esta no se transa ni se cede, se defiende con disciplina y rigor, ¡Rechazando el Vandalismo!
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¿QUÉ HACEMOS AHORA?

Maroto

Desde Canadá.

¿Qué hacemos ahora? ¿Cómo salimos de esto? ¿Cómo avanzamos?

Todas preguntas apremiantes que, frente al estallido social de los últimos días, parecen urgentes de responder. La complejidad del problema que enfrentamos como país hace imposible encontrar UNA respuesta que lo resuelva todo.

Nos tomó 17 años de dictadura y 29 años de democracia llegar al resquebrajamiento de las confianzas y el quiebre social en que nos encontramos hoy.Sería iluso pensar, que resolveremos esto en un par de días, semanas o meses.

Sin embargo, por algún lado hay que empezar. Este comentario no tiene la intención de dar una respuesta ni ofrecer una receta de solución, sino que sólo esbozar algunas ideas, que implementadas necesariamente en conjunto, puedan ayudar en la búsqueda de una salida a tan difícil situación.

Es urgente una reacción del Gobierno que indique, o al menos dé una señal de que ha escuchado el clamor de la ciudadanía. Una decisión positiva y necesaria es la renuncia inmediata de los ministros que han estado directamente envueltos en el mal manejo de la crisis que hoy enfrentamos: Andrés Chadwick, Juan Andrés Fontaine y Gloria Hutt,  para ser remplazados por personeros que cuenten con una credibilidad mínima frente a la ciudadanía. Esto no resuelve el problema de fondo pero al menos es un pequeño avance en la dirección correcta.

En toda situación de crisis, el primer paso es reconocer la crisis y su magnitud; y este reconocimiento debiera venir de quienes han tenido mayor responsabilidad en ella. Es necesario que los representantes de todos los partidos políticos, los  ex presidentes de la república desde la recuperación de la democracia,  y los representantes de los principales gremios empresariales hagan, con sinceridad, un reconocimiento de su responsabilidad en la implementación de un modelo que, si bien ha permitido el desarrollo macroeconómico del país, ha causado una profundad desigualdad social. Esto no resuelve el problema de fondo pero es una señal que puede sentar las bases para un diálogo transversal en que la sociedad civil sea la protagonista.

Las confianzas están absolutamente quebradas. La ciudadanía, especialmente aquella que por años se ha sentido postergada y negada no confía, con razón, en las autoridades de este ni de los gobiernos anteriores, como tampoco confía en la mayoría de sus representantes políticos y líderes empresariales. Un gesto importante en todo proceso de recuperar confianzas es la humildad y capacidad de ofrecer algo sin pedir nada a cambio. Los senadores, diputados, ministros de estado y ex presidentes,  debieran acordar y aprobar una rebaja voluntaria, sustancial e inmediata de sus remuneraciones, colocándolas al nivel de los estándares internacionales y limitar además las posibilidades de reelección. Los empresarios debieran aceptar un alza inmediata y significativa del salario mínimo, sin traspasar el impacto a los consumidores. Lo anterior no resuelve el problema de fondo, pero da inicio al largo camino de reconstruir  confianzas.

Las confianzas se han roto en parte por los abusos a los que lamentablemente parecemos habernos acostumbrado. El gobierno y los partidos políticos deben dar una señal clara que indique que estos no se repetirán. Para lo anterior,  se requiere un acuerdo transversal para impulsar en el más breve plazo una Ley de Transparencia al Congreso, Poder Judicial y las Fuerzas Armadas. A lo anterior debe sumarse el establecimiento de una ley que sancione con cárcel la evasión tributaria empresarial y con la pérdida de un porcentaje importante del patrimonio a quienes incurran en actos de colusión. Lo anterior no resuelve el problema de fondo, pero da una clara señal en contra de la impunidad.

Los sectores más afectados por la desigualdad necesitan un respiro, hoy. El gobierno debiera consensuar con la oposición un paquete de medidas de aprobación a corto plazo (no más de dos meses) en las áreas de pensiones, salud, educación y tributación (renunciar a reponer la integración), que impliquen una disminución concreta en el costo de vida de los sectores más postergados. Los estallidos sociales son causados por la presión que se acumula por años. Todo intento de diálogo debe ser posterior a una disminución considerable en esta presión. Las medidas anteriores no solucionan el problema de fondo pero pueden generar las condiciones necesarias para iniciar un diálogo abierto con la sociedad civil.

La construcción de un nuevo pacto social. La generación de un nuevo pacto social requiere un diálogo; todo diálogo requiere partes que estén dispuestas a sentarse a la mesa para escucharse y lo anterior requiere de confianzas. Con la esperanza que las medidas anteriores contribuyan a generar un ambiente propicio, los partidos políticos y el gobierno debieran llamar la conformación de una nueva Asamblea Nacional de la Civilidad cuyo protagonista sean las organizaciones civiles. Esta Asamblea debiera abocarse a definir, en un plazo acotado, los cambios concretos que el modelo necesita para resolver el problema de desigualdad que hoy existe en Chile. Es aquí donde encontramos un avance real en la solución del problema de fondo.

Definición de un pacto de gobernabilidad. De nada sirven los esfuerzos de una Asamblea Nacional de la Civilidad, si no existe el compromiso de los actores políticos y económicos para garantizar la implementación de los acuerdos que de ella surjan. El gobierno actual y todos los partidos políticos debieran asumir el compromiso formal ante la ciudadanía de renunciar a aquellas prioridades que contradigan las propuestas consensuadas por la Asamblea Nacional de la Civilidad; adicionalmente, y entendiendo que la implementación de algunas de estas propuestas pueden requerir mas de dos años, el gobierno actual y todos los partidos políticos debieran asumir el compromiso formal de hacer de estas propuestas, primeras prioridades de sus futuros programas de gobierno, comprometiendo su implementación.

La magnitud y complejidad del problema que enfrenta el país requieren de una reflexión profunda, una voluntad sincera para abordarlos y un profundo respeto hacia la sociedad civil.

No habrá solución sencilla ni inmediata; sin embargo, los lineamientos antes planteados pueden sí contribuir a la reflexión, representando una hoja de ruta en la dirección necesaria.

Un Chile mas justo e igualitario sí es posible.

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