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Región del Biobío SIN salmones

Carlos Bonifetti Dietert

Ingeniero C. Mecánico UdeC. Ambientalista.

La Región del Biobío se encuentra bajo amenaza, por la presentación ante el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) regional, de solicitudes de concesión acuícola en varias zonas de su litoral, incluyendo la isla Santa María, mediante simples Declaraciones de Impacto Ambiental (DIA). La empresa aparece con el nombre de Yelcho. Ante esta situación las organizaciones de todas las caletas regionales y ONGs ambientalistas han lanzado la voz de alarma y una campaña de férrea oposición a tales propósitos.

Ya es de conocimiento público el enorme daño que está provocando en el medio ambiente marino y en la sociedad chilena, la nociva y contaminante industria salmonera. Sin mayores controles y con una permisividad inaudita por parte del Estado -producto de un escandaloso ‘lobby’ de las empresas de 7 familias dedicadas a la pesca industrial y a la acuicultura, y a la corrupción y las coimas en dinero en la que están involucrados no pocos parlamentarios y políticos de diversas tendencias- han  depredado los mares -otrora prístinos- de las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes.

Hoy, como ya les están escaseando las aguas ‘limpias’ en las regiones australes, pretenden venir a invadir con sus balsas-jaula las aguas de nuestra región.

La oposición de las comunidades costeras y caletas de pescadores es cerrada y solidaria. La que inició la campaña NO A LAS SALMONERAS, fue Cobquecura con la conocida etiqueta que encabeza este artículo; esta iniciativa -con la etiqueta adaptada- fue seguida por las caletas de Buchupureo, Cocholgüe, Coliumo, Península de Hualpén, Lenga, Boca Sur, Isla Santa María y otras, apoyadas por numerosas organizaciones ambientalistas de Concepción, Talcahuano, Penco, Lirquén, San Pedro de la Paz, Coronel y Lota.

¿Cuáles son los daños que provoca al mar y al medio ambiente en general esa industria? ¿Es verdad lo que se dice y se sabe desde hace muchos años? ¿O son meras campañas de difamación propaladas por lo que el gran empresariado denomina “los terroristas ecológicos (o eco-terroristas)”? Enumeremos:

  • Contaminación de los fondos marinos bajo las jaulas por las fecas de los salmones y el alimento no comido que continúa su descenso y decanta. Debido a ello desaparece la vida en el fondo del mar. El fenómeno se conoce como eutrofización.
  • Falta de oxígeno en el mar por la excesiva demanda bioquímica de O2 por los crecimientos anormales de micro algas. Así, el mar en el que hubo actividad acuícola, deviene en un “mar muerto” prácticamente irrecuperable.
  • Contaminación de mares y fauna marina nativa, con antibióticos suministrados en grandes cantidades para evitar que los salmones contraigan enfermedades virales, tales como la provocada por el virus ISA. Estos fármacos afectan a la fauna nativa.
  • Agotamiento de las especies pelágicas nativas (jurel, anchoveta, sardina, etc.) por la sobre-pesca para transformarlas -harina y aceite de pescado mediante- en salmones.
  • Esta transformación se hace con una increíble y ridícula ineficiencia, ya que se requieren ¡entre 3 y 8 kg de peces nativos para obtener 1 kg de salmón! En circunstancias que los seres humanos deberíamos haber comido directamente nuestros sabrosos peces en lugar de salmón contaminado con colorantes y antibióticos.
  • A dicha ineficiencia debemos agregar la ineficiencia energética intrínseca a los procesos de transformación y a los combustibles consumidos por los camiones y embarcaciones empleados en el transporte de alimentos, smolts, insumos y productos, en su ir y venir por las carreteras y los mares.
  • Escape de salmones desde las jaulas por accidentes provocados por temporales u otras causas. Los voraces salmones liberados de su enclaustramiento invaden el mar adyacente y, por su necesidad de alimento y voracidad, depredan los peces nativos.
  • Contaminación de las playas adyacentes a los centros de cultivo por los desperdicios y materiales abandonados, generando micro-basurales.
  • Contaminación visual y afectación a la actividad turística por los anti-estéticos centros de cultivos.

En síntesis, la salmonicultura intensiva se mantiene en Chile sólo sobre la base del uso de enormes cantidades de antibióticos y productos químicos para prevenir o combatir las patologías que afectan a los salmones cautivos en balsas-jaula flotantes en un mar que desconocía la presencia de antibióticos, desinfectantes y colorantes artificiales. Es decir, como todo monocultivo terrestre o marino, es una actividad insustentable, tanto desde el punto de vista ecológico como del económico. Por tanto, no la debemos permitir en la Región del Biobío.

El manoseado concepto de Sustentabilidad (o Sostenibilidad) que muy pocas personas saben qué significa, en este caso (como en muchos otros en este único mundo que tenemos el privilegio de tener), no aplica.

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