El desarrollo de la nación debe estar presidido por el respeto al Medio Ambiente.
Actualmente nos leen en: Alemania, Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Rusia, Australia, Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Sedmikrásky (“Margaritas”)

Sedmikrásky (“Margaritas”), 1966, dir. Vera Chytilová

 por Iván Ochoa Quezada

El mismo año en que Bergman estrenaba Persona, Antonioni sorprendía con Blow-Up, y Nichols debutaba con Who’s Afraid of Virginia Woolf?, otra joya muchos menos conocida veía la luz del día. Sin embargo, su impopularidad con el público general no merma en absoluto su estatus como una obra seminal, tanto del cine checo como la cinematografía mundial – aun medio siglo después.

Margaritas, realizada dos años antes de la Primavera de Praga, es a todas luces un acto revolucionario capturado en celuloide. Mediante la simple “premisa” de una comedia sobre dos chicas jóvenes que intentan comprender el mundo y sus propias vidas, la directora Vera Chytilová construye un discurso rupturista en un collage de imágenes sumamente lúdicas, llenas de color y cargadas de significado, y al mismo tiempo, totalmente iconoclastas.

La cinta comienza con ambas chicas preguntándose: “si el mundo está corrompido, ¿es posible que nosotras también lo estemos?” Esta retórica, que da pie a todas sus jugarretas futuras, instala ya las claves para leer el subtexto de la obra en general. Primero, la película no sigue una estructura narrativa convencional; no retrata el viaje del héroe, no muestra protagonistas y antagonistas propiamente tales –ni siquiera sigue una estructura dramática. Más bien se trata de una seguidilla de gags y experimentaciones formales; pequeñas escenas en las que seguimos a las dos chicas mientras deambulan, irrumpiendo en fiestas burguesas, burlándose de hombres viejos (y jóvenes), riéndose, haciendo de las suyas como les place – todo mientras la cámara que las sigue permanece igual de antojadiza. Abruptos cambios de color, juegos de montaje, y varias instancias de non sequiturs son la forma en que Chytilová ilustra visualmente esta forma de revolución, de destruir las convenciones fílmicas tal y como, metafóricamente, ambas chicas destruyen las convenciones sociales rehusándose a encajar en cualquier molde de comportamiento aceptable.

El acto final, donde irrumpen en un lujoso banquete sólo porque tienen hambre, y luego proceden a romper cuanto encuentran en el salón, resume perfectamente la postura política de la cinta. Una vez que están satisfechas, se preguntan si pueden (y deben) dejar todo como estaba antes, para “evitar meterse en problemas”. Y aunque ordenan los platos rotos (lo cual también funciona para efectos humorísticos), todo es tan obviamente irreversible –todo acto de disfrazar la ruptura, tan fútil. Porque así como la violencia de la opresión siempre deja marcas insoslayables, el acto de la revolución también es irrevocable.

Resulta fácil entonces leer la obra en relación al clima político que se vivía a mediados de los ‘60s en Checoslovaquia. La película es una apología al empoderamiento, a la ruptura, a la liberación femenina, y no por nada fue absolutamente prohibida por las autoridades al momento de su estreno. Cincuenta años después, sin embargo, sigue estando tan vigente como siempre, porque si bien las circunstancias y pormenores han cambiado, ¿no vivimos constantemente en necesidad de una gran revolución?

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl