“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.” Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973.

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Sobre las manifestaciones en Cuba


Es un hecho que las manifestaciones ocurridas en Cuba tienen su origen  en los problemas económicos, al igual que la mayoría de los países latinoamericanos, pero en este caso  unidos a la crítica por el régimen político cubano y debidamente magnificados por los medios internacionales afines a los poderosos intereses económicos de los minoritarios círculos de poder, especialmente de EE. UU. 

Pero lo que apenas se menciona es que estas dificultades económico-sociales se originan, como en el resto del mundo, por la crisis de la pandemia, pero en el caso de Cuba, especialmente en virtud de las medidas adoptadas por el gobierno de Trump, que eliminaron la tímida apertura iniciada por Barack Obama, y cuyo objeto es reforzar el bloqueo a Cuba que data ya de hace 60 años.  

Todavía más, la injerencia de EE. UU. en Cuba tiene un largo precedente: “Cuba elaboró y promulgó su propia constitución republicana, a la cual el gobierno de los Estados Unidos impuso la llamada Enmienda Platt (1901), que le autorizaba a intervenir en los asuntos cubanos. Tomás Estrada Palma fue el primer presidente de la República (1902), y al término de su mandato los Estados Unidos intervino, como lo haría frecuentemente hasta la abolición de la Enmienda Platt en 1934. Fulgencio Batista ocupó la presidencia de 1940 a 1944, y en 1952 efectuó un golpe militar para deponer al presidente Carlos Prío Socarrás. Su gobierno dictatorial encontró bastante oposición en ciertos medios, y así Fidel Castro desembarcó en Oriente (1956) con 82 hombres y se hizo fuerte en la Sierra Maestra. A finales de 1958, contando con el apoyo popular, logró derribar a Batista…”

Luego “en 1961, con el apoyo secreto de Washington, un comando anticastrista desembarcó en Bahía Cochinos, pero fue derrotado por las milicias revolucionarias”. (Las citas no están tomadas de algún manifiesto comunista, todas ellas corresponden al Larousse Moderno, 1991, pág. 220, cursivas en el original).   

Después de este hecho, sólo después, es proclamada la república socialista  y los tres partidos que protagonizan la lucha contra Batista,  deciden voluntariamente constituirse en un solo partido.

De tal modo que, conforme a los hechos, el gobierno de Cuba y su institucionalidad tienen una legitimidad histórica y las personas sancionadas lo son en virtud de las leyes cubanas y por resolución de sus respectivas autoridades. Entonces, podremos estar en desacuerdo con esas leyes, de igual modo que estamos en desacuerdo con algunas de nuestras propias leyes y disposiciones de la Constitución establecida por la dictadura pinochetista, pero el hecho irrefutable es que las leyes en Cuba y en Chile son asunto de absoluta competencia de los cubanos y chilenos, respectivamente. 

Por este camino de la injerencia político-verbal se puede perfectamente, como ha ocurrido en ocasiones precedentes, llegar a la intromisión por la vía de invasiones armadas o, al menos, prestándoles patrocinio. Sin ir más lejos, el Alcalde de Miami, Francis Suárez, declaró “que no debían descartarse los bombardeos sobre Cuba”.

Ahora, está acreditado que allí donde no hay hechos la CIA los inventa, tal como se constató con los argumentos fabricados para justificar la invasión a Iraq, y la mayoría de los medios de prensa internacional se hacen eco de esos montajes, esto es relevante a la hora de establecer comparaciones.

Se ha dicho que desde la izquierda tenemos una postura ideológica respecto de Cuba, pues bien, aquí sólo se exponen hechos objetivos y concretos que, además, marcan diferencias sustanciales conforme a nuestra experiencia.

Así, a modo de síntesis, se pueden establecer las siguientes diferencias entre Cuba y la dictadura de Pinochet: 1. Todas las “investigaciones” del Departamento de Estado sobre Cuba no arrojan hasta aquí casos de detenidos desaparecidos; 2. Tampoco casos de torturas; 3. No se registran operaciones Albania, operación Cóndor y operación Tucapel Jiménez, con sus correspondientes propósitos de encubrimiento y despiste, político, informativo y judicial;  4. No existen casos de degollados ni de personas quemadas, en las calles de La Habana; 5. No hay registro de personas asesinadas y lanzadas al mar Caribe; 6. El exilio cubano es esencialmente voluntario; 7. A Chile no se le aplicó el bloqueo comercial establecido por EE.UU. contra Cuba, violando el “libre comercio” y la legalidad internacional; 8. Ninguna aeronave chilena fue derribada por terroristas; 9. Chile no fue invadido con respaldo militar de EE.UU.; 10. El gobierno cubano tiene una legitimidad de origen y el gobierno de Pinochet una ilegitimidad de origen.

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