La ciudadanía no puede permitir que lleguen al gobierno, los que se coluden contra sus intereses.
Actualmente nos leen en: Alemania, Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Rusia, Australia, Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

¿Somos muchos o somos pocos?

Esteban Lobos

Economista.

Cuando nos atrevemos a hablar de “economía”, relacionamos este término con finanzas, entes  productivos, inflación, ahorro y gasto, etc. El trabajo humano es visto como un “factor de producción”, su remuneración es mirada como un “costo” que hay que procurar contener para mejorar las utilidades de las empresas. Las sugerencias en orden a establecer un “ingreso ético familiar” aparecen como iniciativas de utopistas ilusos con ideas que contradicen lo que determina el “mercado”. Nuestros políticos, enredados en trifulcas sucesivas, al parecer no tienen tiempo disponible ni siquiera para husmear el futuro.

Ante todo, es necesario precisar un concepto: la cantidad  y las características de la población del país, de sus regiones, provincias y comunas, constituyen  datos claves para la elaboración de buenas políticas públicas tanto en el plano económico como en el social. Si se trabaja con información deficiente, lo más probable es que gran parte de la inversión y del gasto del Estado, se aplique inadecuadamente ya sea porque se está dimensionando una realidad concreta en términos inexactos o, lo que puede ser más grave, porque no se está visualizando la evolución que tendrá a futuro esta realidad.

Algunos datos ilustrativos al respecto:

  • Chile continental tiene una superficie de 756.102 kilómetros cuadrados, dato que nos sitúa en la posición 38 entre los países del mundo, es decir hay 37 más extensos que el nuestro y 180 menores.
  • Tras el fallido Censo de Población de 2012, las proyecciones de crecimiento de población elaboradas por el Instituto Nacional de Estadísticas nos daban un estimado de 18.191.884 habitantes, razón por la cual en comentarios anteriores escribimos acerca de un aproximado de 18 millones. El Censo de 2017, por el contrario, nos dio una población de 17.363.894 habitantes. Con esa cifra nos ubicábamos en el puesto 62 entre los países del mundo siendo probable que el nuevo dato nos retrase hasta el puesto 65 aproximadamente.
  • Las expectativas de vida al nacer, de nuestra población, son las más altas de Sudamérica: 81,6 años para las mujeres y 75,4 años para los hombres.
  • La tasa de fecundidad, es decir el promedio de hijos por mujer, bajó de 1,9 a 1,8 niños, o que significa que nos encontramos bajo lo que los especialistas denominan “tasa de reemplazo”  que es de 2,1 y que permiten la sustitución generacional.
  • En la actualidad, 1 de cada 9 chilenos tiene más de 64 años (11,1%) pero para el año 2050, 1 de cada 4 (25%) estará en ese rango de edad. Paralelamente, hoy 1 de cada 5 chilenos (20%) tiene menos de 15 años pero para 2050, esta cifra habrá descendido a 1 de cada 7 (14,2%).
  • Territorialmente, las cuatro regiones del Norte, desde Arica y Parinacota hasta Coquimbo, tienen una población total de 2.136.354 en tanto que las siete regiones del Sur, desde Maule hasta Magallanes, cuentan con 5.461.921 habitantes: Las tres regiones del centro del país (Región Metropolitana  a la cual se han ido integrando crecientemente Valparaíso y OHiggins), alcanzan 9.735.556 habitantes, preanunciando una “megaciudad”.

El despoblamiento del área extrema sur del país (Aysén y Magallanes en conjunto alcanzan la magra cantidad de  268.000 habitantes) afecta claramente el desarrollo de una zona llamada a ser centro de atracción mundial por la variedad y vastedad de sus recursos naturales y, eventualmente, genera riesgos desde el punto de vista geopolítico.

La información que hemos procurado resumir en los párrafos anteriores, nos plantea desde ya una serie de desafíos que, si no son abordados en serio, de verdad,  a partir de ahora  se transformarán en problemas prácticamente insolubles de aquí a tres décadas más.

La patológica concentración de la población en un área mínima del territorio, con la consiguiente radicación en el lugar de la actividad económica y financiera y de los centros de poder políticos, educativos, culturales, sociales, comunicacionales, etc., constituyen una amenaza de incalculables consecuencias. Las demagógicas y pueriles políticas públicas tendientes a multiplicar el número de regiones para que en la línea gruesa todo siga de mal en peor, constituyen expresiones de una superficialidad grotesca.

Descentralizar y regionalizar el país, no significa instalar fuera de Santiago unas cuantas oficinas carentes de atribuciones efectivas. Significa, por el contrario, abordar con criterio de Estado, con visión y sentido de compromiso general de largo plazo, cada uno de los aspectos  que derivan naturalmente de un uso racional y eficiente del territorio para poder construir un país distinto. De los datos proporcionados,  es posible colegir que hay que definir (¡e implementar!) una sarta de políticas públicas en materia de radicación de actividades productivas y de servicios, de educación y cultura, de transporte, de sustentabilidad, de empleo, de recreación y deporte, de seguridad ciudadana, de seguridad social, de tratamiento de  basuras, de prevención y atención de riesgos, de vivienda y desarrollo urbano y todo lo demás.

Por su inmensidad, esto requiere un esfuerzo mayúsculo. De todos. Es duro decirlo, pero parece evidente que ninguno de nuestros “presidenciables” se ha mostrado a la altura de los tiempos.

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1 Comentario en ¿Somos muchos o somos pocos?

  1. He tenido el agrado de leer un macizo y documentado análisis acerca de la desigual ocupación de nuestro territorio. La falta absoluta de planificación del desarrollo del país, especialmente en las últimas 4 o 5 décadas, nos ha llevado a esta insostenible situación de aumento del centralismo y sub centralismo que tiende a ir de mal en peor. La mayor parte de las autoridades y actores políticos actuales (hay muy pocas excepciones) carecen de competencias intelectuales y profesionales para proyectar, diagnosticar y planificar en temas relacionados con desarrollos territoriales. Da verguenza escuchar ridiculos discursos y propuestas de ideas locas propaladas por iluminados y difundidas luego por loros repetidores y majaderos, muchos de los cuales han llevado a malgastar dinero y recursos en proyectos ambiciosos, absurdos y riesgosos, sin rentabilidad alguna. Ejemplos: Hidroaysen, Pascua Lama, Río Cuervo, Alto Maipo, Doña Dominga, Puente Cau Cau, etc., etc. Últimamente hemos oído a ex presidentes y a un candidato a presidente, repetir lo que alguien dijo alguna vez: el agua de los ríos “se pierde” en el mar y se puede aprovechar construyendo una “carretera hídrica” para llevar agua a la zona norte y regar el desierto. ¡Qué barbaridad!, no han estudiado lo que ha pasado con el río Nilo por haber hecho algo semejante.

    Recordemos que “La tierra da para todas las necesidades pero no para todas las ambiciones”.

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