«La paz es hija de la convivencia, de la educación, del diálogo. El respeto a las culturas milenarias es hacer nacer la paz en el presente». Rigoberta Menchú, activista por los derechos indígenas.

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TAREA DE TODOS

Miguel Ángel San Martín

Periodista. Especial para La Ventana Ciudadana, desde Madrid, España.

Especial para La Ventana Ciudadana
Desde Madrid. España.

Parece que la pandemia comienza a extinguirse poco a poco. Las cifras de contagiados y de muertos van disminuyendo sensiblemente. Por el contrario, las vacunaciones se van efectuando con eficacia y rapidez. Sin duda es una buena noticia. Pero, no hay que confiarse, no hay que bajar la guardia.

El virus sigue latente, está en la calle y es preciso mantener todas las prevenciones recomendadas por los expertos. La más importante es la de quedarse en casa, mantener el confinamiento. Es un sacrificio, cuesta acostumbrarse a ello, provoca aburrimiento.  Entonces, conscientes de lo que ocurre, debemos plantearnos que ha llegado una nueva forma de vida, que hay que sobrellevar el confinamiento, pero con espíritu creativo y práctico. O sea, establecer nuevos hábitos y costumbres en nuestra vida cotidiana.

Es importante sacar conclusiones que son muy generales. En este nuevo escenario, ¿se han dado cuenta que somos capaces de vivir con menos cosas?.  Nuestros hábitos estaban dominados por el consumismo feroz que el sistema nos ha impuesto. No necesitamos demasiado para llevar una vida tranquila, sin sobresaltos y en familia.

Estamos aprendiendo a ser “responsables sociales”, porque sabemos que de nosotros depende que no nos contagiemos, que no contagiemos a nuestra familia, a nuestros amigos, a  nuestros vecinos. Ahora debemos pensar más en nosotros y en los demás. Porque somos seres sociales, que vivimos en comunidad. Si estoy bien, mi vecino también estará bien.

Además, estamos aprendiendo a ser “solidarios sociales”. Es decir, estamos viendo cómo hay gente que lo pasa mal en nuestros barrios, en nuestras ciudades o en otros países. Gente que no tiene recursos suficientes, que carece de la cobertura mínima para atender sus necesidades básicas. Entonces debemos abrir nuestras mentes y nuestros corazones para compartir lo que podamos, lo que consideremos importante para que otros no sufran y puedan salir adelante con una mínima normalidad.

Sabemos que hay gente que tiene que salir todos los días en busca del sustento familiar. A ellos hay que ayudarles para que su esfuerzo no le lleve al contagio, a la enfermedad o a la muerte. Pero, también sabemos que hay gente que sigue sin dimensionar la gravedad de la situación y que no respeta las instrucciones de los expertos. A ellos debemos hablarles, hacerles entender que  de su forma de actuar sólo se puede esperar malos resultados.

Depende de nuestra propia actitud, de nuestros nuevos hábitos, de nuestras nuevas costumbres, el cambiar la actual situación de extrema pobreza que afecta a muchos, derribar las desigualdades profundas que existe entre la población, combatir la corrupción desmedida y las injusticias que ofenden.

En definitiva, combatir la pandemia y asumir nuevas actitudes dentro de un sistema más justo, es una ineludible tarea de todos.

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