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XCF268088 Portrait of Sir Thomas More (1478-1535) (oil on panel) by Holbein the Younger, Hans (1497/8-1543) (after); 74.9x58.4 cm; National Portrait Gallery, London, UK; (add. info.: Lord Chancellor, humanist and martyr; after original in the Frick collection); German, out of copyright

Tomas Moro Utopía e Historia…

En memoria de una obra Fundacional l Utopia de Thomas Moro escrita y publicada el año de 1516.

(Rodrigo Pulgar.  UdeC)

¿Cómo hacer justa memoria de una obra que está en la conciencia colectiva e histórica de la humanidad desde hace 500 años? Para lograr una breve aproximación, me puse a discutir el significado de  la (o las) utopía(s), y al hacerlo, descubro que la obra de Moro nos hace participar de una historia adecuada a su propio desarrollo, vale decir, nos inserta en los debates que se han tenido sobre la materia, por ejemplo, la obra de Ricoeur Ideología y utopía. Pero, curiosamente, como bien indica Ricoeur, a pesar de lo atractivo del tema utópico,  si se compara con la ideología no es tanta la literatura que hay de discusión crítica sobre la utopía (Ricoeur, Ideología y utopía, 2006, p. 289). Cierto que este año son numerosos los eventos  sobre la obra Utopía: congresos, revistas dedicadas al tema, etc. Mas en el pasado reciente, uno de los pocos ejemplo de discusión fue el Seminario  Internacional Utopía(s) convocado por la División de Cultura del Ministerio de Educación de Chile, y que se llevó a cabo en Santiago el año 1993. En el Seminario, la discusión dio cuenta de asuntos como: Utopía e imagen; Sociedad. Orden civil y libertades individuales; sujeto. Identidad. Comunicación y diversidad; Utopía. Cruces culturales, naturaleza y deseo. Técnica y dominio; etc.

Ahora, ¿de qué sirve discutir sobre la utopía, y además hacerlo desde la consideración de su origen como respuesta a la situación de crisis de un  tiempo específico (ahí su principio motivacional? La respuesta va en línea de intentar comprender su sentido funcional, es decir, su función para confrontar los modelos y la realidad y, por tanto, la credibilidad de las distintas ideologías en boga (Ricoeur, Ideología y utopía, 2006, pp 58 y ss). Pero y por sobre todo, por permitirnos poner sobre la mesa filosófica la realidad humana, la capacidad nuestra de crear modelos, paradigmas de todo tipo, y en donde los  modelos utópicos son un ejemplos, pero un ejemplo como juego de ficciones que no solamente postulan la idea de ningún lugar, también la figuración idealizada de una realidad que sirve para contrastar la distancia entre lo real pedido y lo real conseguido en el orden social. Una muestra de esta situación lo constituye la obra de Thomas Moro Utopía. Como obra se distingue por ser  un discurso  de crítica al orden social de su tiempo. Por este carácter, logra justificar las razones del postulado utópico mismo como modelo perfecto (Libro I)  cuya pretensión, más allá del sarcasmo como recurso del discurso mismo, es –cuestión de pretensión mayor- salvar al sujeto y su hábitat.

Resulta que desde el pensamiento de Thomas Moro, y su propuesta de Isla Utopía a la cual se llega mediante a venturas varias cuyo premio es la felicidad, pasando por los socialismos utópicos (Saint-Simon entre otros). El viaje a Arcadia, La ciudad Del Sol de Campanella, incluso los postulados utópicos contemporáneos de un pensador como Hayek, todas las utopías se revisten de promesas cuya particularidad consiste en: proponerse como una suerte  de viaje al futuro en perspectiva de recomponer un estado pasado (idealizado eso sí) que se mantiene en sueños.  Debido a este sentido teleológico propio de la utopía, es que el juicio a la paradoja que la utopía encierra viene a resultar inevitable: lo posible se hace imposible. De suyo, no es en modo alguno extravagante que una de las denominaciones de Isla Utopía corresponda al de Udetopía, es decir, la isla de nunca jamás; lo cual ciertamente es paradigmático en el entendido de mostrar tautológicamente la prueba de la imposibilidad histórica de los postulados utópicos.

En efecto, la utopía a la manera de Thomas Moro, naciendo del ejercicio de la libertad, curiosamente nace negada a una de las acepciones del acto libre, puesto que no reúne la doble condición que lo define como acto, vale decir: como conciencia del poder de la voluntad que inclina al hombre a pensar las cosas en concordancia a su querer la vida buena (primer aspecto  que se reconoce sin dificultad en la literatura utópica), pero también decidir y ejecutar algo al respecto como enseña Scheler al hablar de “ser libre”, vale decir,  de quien se constituye libre como sujeto por un acto adecuado a la conciencia de poder en su doble acepción: la conciencia del poder de la voluntad y la capacidad de efectivamente decidir entre una y otra cosa (Scheler, Metafísica de la Libertad, 1960, p. 7). Cuestión última que la Utopía  no puede satisfacer

Mencionar la limitación de la utopía en términos de realidad histórica, corresponde a un juicio pesimista sobre el valor de la realidad política del discurso utópico mismo. Pero este pesimismo no es independiente ni, por tanto, anterior al discurso, simplemente se desprende de una mínima lectura de la propuesta de Moro. Basta como ejemplo sólo con recorrer todo el Libro I de la obra de Thomas Moro, para advertir la imposibilidad de que la utopía sea algún día implementada en la realidad histórica a través de los medios políticos reales. En efecto, si bien el teórico y político Thomas Moro es minucioso  respecto de sus detalles: es abundante en aspectos geográficos, económicos, artísticos, comerciales, religiosos y militares, hasta llegara a construir “un modelo de la más perfecta y bienaventurada de todas las Repúblicas” (Moro, Utopía, 1956, p. 148), cuando Rafael Hitlodeu termina su relato, Moro debe confesar que “ciertas cosas que él afirmó podrían ser útiles adaptándolas a nuestras ciudades, más la verdad no me atrevo a esperarlo” (Moro, Utopía, 1956, p 148).

Rodrigo Pulgar Castro. Doctor en Filosofía.
Académico U. De Concepción
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