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Un Mentiroso y Lunático

Guilmo Barrio Salazar

Desde Georgia, E.U.A.

Durante la administración del ex-presidente George W. Bush, se dio el caso de que en cuatro  años, ese presidente le mintió al Congreso 900 veces, y entonces se habló de que había sido uno de los peores presidentes de este desarrollado país.

En la actualidad, en tan sólo 1 año en la Casa Blanca, ya se ha comprobado que Donald John Trump ha mentido más de 1.700 veces, y que su comportamiento es profundamente inapropiado para un hombre adulto, y mucho menos para  una persona de tanto poder en el mundo, lo que se ha convertido en un gran desafío para  los medios de comunicación, porque cada día las noticias le dan a los periodistas traen nuevas sorpresas que asombran a la ciudadanía.  El propio Secretario de Estado presidencial ha señalado que él cree que Trump es un “idiota mental”. El republicano encargado del Comité Senatorial  de Relaciones Extranjeras ha dicho que la Casa Blanca es “un centro de cuidado de adultos”, por el comportamiento del presidente, debido que aún actúa como lo hiciera en su programa televisivo “Reality Show” (Espectáculos de Realidades), lo cual podría  llevar hasta a una Tercera Guerra Mundial.  Luego dice que casi cada hora Trump sale con ridiculeces delante de ellos, que ningún presidente ha hecho anteriormente.  En los raros momentos de tranquilidad de Trump, están llenos de acciones malévolas, como si se tratara de un grupo de payasos, por parte de los miembros de su Gabinete, incluyendo a Betsy DeVos, a Jeff Sessions, a Scott Pruitt, a Rick Perry, y a Ben Carson entre otros.

Las declaraciones hechas por el Secretario de Estado Rex Tillerson, y el senador Bob Corker pueden abrir la puerta hacia una discusión más honesta.  Pero,  hasta ahora, la mayoría de las coberturas de la prensa sobre la administración de Donald John Trump, ha sido de tolerancia, en vez de exponer al presidente.  Sin importar qué tan absurdas sean sus acciones, él continúa beneficiándose de una campaña de normalización, basada en una combinación de ceguera a propósito, de pensamientos deseados, y de un compromiso muy poco profesional.

Algunos ejemplos de este fenómeno, se han presentado en el periódico The New York Times, donde Peter Baker señala el caso sin sentido, que aunque Trump fué electo “como un republicano, él se ha demostrado casi todo el tiempo en diferentes formas, que es el primer independiente en la presidencia desde la llegada del sistema actual de los partidos políticos en el país, el cual se inició alrededor del tiempo de la Guerra Civil en esta nación”.  Desafortunadamente la tesis de Baker ignora por completo que Trump ha demostrado un extremismo inusitado en sus reglamentos, totalmente cargados a la extrema derecha, en lo que concierne a los consumidores, las leyes sobre el pago de los impuestos, los derechos laborales, en todo lo que concierne a los trans-sexuales,  lesbianas y  homosexuales, en los gastos abusivos pertinentes a la defensa militar, es decir, en todo lo que la ciudadanía reclama en forma prioritaria.  Baker, como casi todos los reporteros de la prensa que cubren las actividades desde la Casa Blanca, tienen muy poco interés en presentar la realidad.  Todo se refiere a su personalidad, y Trump falla en todo eso.

El periódico The New York Times no se merece el crédito de emplear la palabra “mentira”, en el caso de Trump como el primer presidente que se haya ganado tal honor.  Esto no es verdad. Sin embargo el periódico The Washington Post, a pesar de lo dicho, tal como el New York Times, agresivamente reportan  sobre el carnaval delictivo y con misantropía, el editor Marty Baron rechaza que sus reporteros provean fragmentos sobre esto, diciendo: “pienso que se debe tener documentado y probado que lo que se diga como una mentira, sea realmente un hecho falso”.  Además, Baron rechaza aceptar la explicación sobre el comportamiento de Trump en cuanto a  que el presidente es un lunático.

No hay dudas de que Donald John Trump es un mentiroso patológico. Porque él miente todo el tiempo, y muchas veces por razones perceptibles.  The Washington Post ha registrado 1.318 “presentaciones falsas y engañosas” en los primeros 263 días en la presidencia.  Tal vez ustedes no lo recuerden, o no lo hayan visto en la prensa, que en el espacio de tan sólo unos días, cuando los republicanos estaban tratando de eliminar la Ley del Cuidado de la Salud impuesta por el ex-presidente Barack Obama, conocida nacionalmente como “Obama Care” (El Cuidado de Obama); Trump insistió en 7 diferentes ocasiones de que el voto de rechazo había fracasado porque “alguien estaba hospitalizado”.

Pero, nadie estuvo en el hospital.  Ese alguien a quien Trump se refería, era Thad Cochran, el secretario republicano, aunque la oficina de Cochran trató de corregir al presidente en repetidas ocasiones, a Trump no le importó, y continuó mintiendo. Cuando se le consultó a Baron sobre este comportamiento presidencial, él señaló: “Ustedes lo saben mejor que yo, él hace lo que se le antoja”. ¿Cuál de los dos lo identifica mejor, señor Baron: es un mentiroso o es un lunático?  Me da la impresión, que él es las dos cosas al mismo tiempo.

La prensa no tiene cómo describir esta situación.  Es difícil comprender qué tan sin sentido, y peligroso, es que un maniático sea el presidente de esta nación.  El escritor Tony Schwarts conoció a Trump como un fantasmagórico en su libro “El Arte del Reparto” (The Art of Deal).  ¿De dónde saca esa conclusión? Él dice: “Trump es capaz de iniciar una GUERRA NUCLEAR y matar a decenas de millones de personas para desviar la atención de sus fracasos. Él es un loco”.  Y eso que ustedes todavía no han leído el libro “Fire & Fury” (Fuego y Furia).  Ahí verán que yo me he quedado corto en lo que digo.

Muchos miembros de la prensa se encuentran paralizados intelectualmente por este presidente.  Reportar verdaderamente lo que él hace, y explicar qué tan extravagante es su comportamiento, envuelve una violación de los “taboos” periodísticos que fueron colocados cuando la presidencia no estaba ocupada por un psicópata que posee una tenue comprensión de la realidad.  Si alguien no está de acuerdo con él, Trump declara inmediatamente que esa es “una noticia falsa” (fake news), y ataca personalmente a los medios de comunicación, sin importar de quien se trate.

Una negación es la única forma que estas instituciones se sienten cómodas en hacer.  Esto explica por qué continuamos leyendo historias sobre cómo es Trump en la presidencia cada vez que él dice algo inimaginable de algunos de sus predecesores.  Por ejemplo, después del asesinato de 58 personas en un festival musical realizado en la ciudad de Las Vegas, del Estado de Nevada, Trump hizo un discurso en el cual mostro todo su repertorio. Mencionó  a los neo-nazis que están causando serios problemas en la sociedad estadounidense, atacó a la comunidad afro-americana, hizo una declaración ridícula respecto  de los alcaldes latinos en ciudades que se encontraban bajo el agua y sin energía eléctrica, e insistió en  que Barack Obama había nacido en Kenia, Africa.  Por supuesto, el asesino masivo era blanco anglosajón, y no era un musulmán, tampoco era de origen mexicano, ni era afro-americano, así que la masacre no le ofrecía a Trump una oportunidad de abastecer su base política, si es que tiene alguna. Claro que John King del canal televisivo CNN le dijo a sus televidentes: “Yo no pienso que, cualquiera que sean sus políticas personales, ¿No hay nada que a usted le pueda interesar, y que podamos escuchar del presidente de los Estados Unidos?”.  Trump no perdió el tiempo y respondió, insistiendo que “su discurso fue perfecto”.

Jeff Zeleny, del grupo de periodistas en la Casa Blanca, felicitó al presidente e indicó que Trump es “un unificador social”, mientras que Poppy Harlow previno contra los que no digan nada al respecto: “Este es el momento de unificar a nuestro país”.  En los estudios televisivos de CNN no ha habido tal regocijo desde que el ejecutivo Fareed Zakaria se mostró tan entusiasmado cuando Trump mandó a bombardear Siria.  Eso, realmente, lo dice todo.

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