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¿Qué dirá el Santo Padre, que vive en Roma…?

Cada día se hace más complejo establecer una valla que separe el mundo de la religión del mundo de la política. En Occidente, el predominio del cristianismo, incluyendo las  iglesias reformadas, es abrumador y es evidente que los sectores más conservadores de la sociedad están preocupados por utilizarlo en función de sus intereses. Concretamente, en los Estados Unidos las confesiones protestantes han asumido  posiciones de extrema derecha y han volcado sus generosos recursos hacia Latinoamérica buscando controlar medios de comunicación audiovisuales. Así, en Chile, las agrupaciones protestantes (denostadas  bajo el nombre de “los canutos”) tradicionalmente vinculadas a los sectores más pobres y vulnerables, han adoptado  definiciones integristas y han sido arrastradas por sus pastores o seudo pastores a tomar explícitos compromisos políticos en esa línea. Por su lado, la Iglesia Católica, tras algunas décadas de “opción por los pobres” en la línea de Alberto Hurtado, Manuel Larraín, Raúl Silva Henríquez, ha sido cooptada por una jerarquía tradicionalista y por la fuerte irrupción de congregaciones vinculadas al mundo del dinero y del poder.

La visita a Chile y Perú del Papa Francisco I, abre la oportunidad para formular algunas reflexiones de interés.

El problema de la fe religiosa es un asunto de convicción individual. Tanto es así que  pensadores e intelectuales del más alto nivel junto con declarar su ateísmo o su agnosticismo, han lamentado no haber recibido ese “don” que consideran que influye positivamente en la vivencia y en la convivencia de los seres humanos.

Otro tema aparte es, por supuesto, la institucionalización de las creencias religiosas, aspecto en el cual puede vislumbrarse que estamos entrando claramente en “zona de riesgo”. La Iglesia Católica, a partir de la conversión de Constantino el Grande, comenzó a vivir una nueva vida. De ser la religión de los pobres, de los perseguidos, de los esclavos, pasó a ser la religión oficial del Imperio iniciando una existencia aledaña al poder y que buscaba  influir directamente en las políticas de reyes y emperadores, entronizándolos en muchos casos y arbitrando sus conflictos. Solo la Reforma Protestante lograría cuestionar su sólida hegemonía en una Europa cuyos imperios cubrían continentes enteros.

La inmersión de la Iglesia Católica en el mundo de las realidades más terrestres, por supuesto trajo consecuencias. Al tiempo que la entidad se inmiscuyó en aspectos de la moral social y pretendió influir en la cultura en su sentido más amplio, se vio enfrentada al cuestionamiento de quienes se sentían ajenos a ella. En esta época, su feligresía alcanza solo  a un quinto de la población mundial razón por la que no pueden  sorprender las innumerables críticas que recibe.

Obviamente, su camino hoy  se ve lleno de obstáculos. En Latinoamérica, el territorio que alberga a la mayor parte de sus fieles, las jerarquías oficiales se han mostrado históricamente cercanas a gobiernos y dictaduras represivas cuya constante ha sido el atropello de la dignidad de la persona humana en clara contraposición con sus principios más básicos al punto que la actitud de iglesias locales como la chilena, han constituido lamentablemente  una excepción.

Las estructuras sociales y económicas “de pecado” ya no son denunciadas sino que, al contrario, son vistas con  aquiescencia y hasta beneplácito. Obispos, cardenales y nuncios, se mueven cómodamente en los ámbitos de las familias y de las elites legitimando de hecho formas de vida centradas en el boato, el lujo y el clasismo.

Curiosamente, tanto en nuestro país como en otras naciones, al tiempo en que se alzan voces  para defender con fuerza ciertos conceptos morales que se consideran sagrados, se tiene una  actitud de tolerancia y silencio ante conductas de abusos de extrema gravedad cometidas por los propios clérigos. Al escándalo,  hoy olvidado,  de Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo (entre muchos otros, por supuesto) se suma hoy la “intervención” por la autoridad vaticana  del “cuestionado grupo católico conservador Sodalicio de Vida Cristiana, desde hace años al centro de un escándalo por abusos sexuales”, según informa La Nación de Buenos Aires. Fundado en 1971, en Perú por el laico Luis Fernando Figari,  el libro “Mitad monjes, mitad soldados” de Pedro Salinas, documenta testimonios de una treintena de personas, menores de edad en su mayoría, víctimas de abusos físicos, psicológicos y sexuales incluso por parte del propio Ferrari. Los casos fueron denunciados al Tribunal Ecleciástico del Arzobispado de Lima en 2011, sin lograr obtener respuesta. Llama la atención que en 2008 se inició el proceso de beatificación  de Germán Doig Klinge,  segundo hombre en la escala de mando de los sodalités, proceso que más tarde fue cancelado al constatarse que Doig, precisamente, era uno de los abusadores. Los Sodalicios llegaron a Chile invitados por el cardenal Francisco Javier Errázuriz y hoy controlan el colegio Saint Joseph, de Huechuraba; la Universidad Gabriela Mistral; y, a través de su rama femenina “Siervas del Plan de Dios”, la Fundación Las Rosas. Figari, sometido a “régimen de aislamiento” por ahora, fue visitado hace poco en Roma por “su viejo amigo” Errázuriz.

En medio de todo esto, Francisco I enfrenta una fuerte oposición de la poderosa Curia vaticana que rechaza cada paso que el pontífice da y que consideran que viola las tradiciones de la Iglesia, las que consideran más importantes que los valores evangélicos.

Asimismo, su visita al país no ha sido vista con particulares gestos de simpatía por parte de los sectores dominantes de la sociedad chilena.  Si se compara esta  actitud con  la habida anteriormente hacia  Juan Pablo II, las diferencias saltan a la vista. El Mercurio y Compañía Ilimitada esperan con angustia lo que el Obispo de Roma pueda decir en relación con los inmigrantes y los pueblos originarios pero, lo que más le preocupa es la eventual repetición de sus acendradas críticas al capitalismo y al lucro. Para eso, ha desplegado a toda página  a Axel Kaiser, cerebro del neoliberalismo nativo, quien ha salido a cuestionar los errores técnicos que Francisco ha cometido en materias económicas. Lo que Kaiser al parecer no ha logrado entender es  que los juicios del Papa  son juicios morales sobre una sociedad moderna injusta, segregadora  y excluyente.

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2 Comentarios en ¿Qué dirá el Santo Padre, que vive en Roma…?

  1. Interesante análisis sobre el cristianismo histórico y el actual. Los comentarios de Axel Kaiser sobre la opinión del Papa Francisco acerca de conceptos sobre economía, capitalismo y lucro son sesgados y están fuera de contexto.

  2. Felicito al autor de este artículo, el abogado René Fuentealba Prado, por tener la valentía de presentarnos tan delicado material, y que através de su análisis, el cual es muy realista y actual, en el mundo de hoy, también nos indica que una visita Papal a Chile, no solucionará la enorme cantidad de dificultades que está sufriendo el país, aunque sea el primer Papa que visite una carcel femenina.

    En los años 60’s se demostró que el Vaticano era el mayor inversor en la industria de las píldoras anti-conceptivas, mientras la iglesia nos manifestaba que abortar y no tener hijos era in gran pecado. Pero, por otro lado, se enriquecía a nivel mundial.

    Debido a que el Papa Francisco I es de orígen argentino, no tiene mucho significado, cuando se analiza su posición personal cuando Argentina padeció de una dictadura civil. Razón de que este artículo “¿Qué Dirá El Santo Padre, Que Vive En Roma?” tiene mucho de realidad y una justificación actual.

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