«Aquellos o aquellas que creen que la política se desarrolla través del espectáculo o del escándalo o que la ven como una empresa familiar hereditaria, están traicionando a la ciudadanía que espera de sus líderes capacidad y generosidad para dar solución efectiva sus problemas.»

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¿Una nueva cultura laboral?

Catalina Maluk Abusleme

Directora Escuela de Economía y Negocios, U. Central

La llegada de marzo, un mes que de suyo representa ajetreos, no solo por el término de las vacaciones, sino que por el inquieto reinicio de actividades a todo nivel después de una pandemia que parece ir en retirada, pareció reponer un excesivo aprecio por la presencialidad.

Queda la sensación de que la pandemia y el arribo del teletrabajo, no fueron suficientes para instalar esta tendencia a nivel general-no obstante hay empresas que si la aplican- ni menos para mover el cambio de nuestra cultura laboral.

El viejo refrán popular dice que “al ojo del amo, engorda el caballo”. Aunque la explicación es de Perogrullo, vale la pena recordar que esta frase nos remite a la vigilancia en el negocio, pero también representa una noción de desconfianza respecto de que el otro esté realmente haciendo su trabajo. Es decir, el teletrabajo, obligó a hacer un acto de fe, de confiar en que las personas estaban realmente ejecutando sus tareas a distancia.

Por otro lado, el debate respecto de la productividad de los chilenos es de larga data. Basta recordar los estudios internacionales que nos sitúan como uno de los países en los que más se trabaja, aunque los niveles de productividad nacional no sean directamente proporcionales.

Entonces, ¿qué falta para cambiar nuestra cultura laboral? El teletrabajo demostró que las personas pueden enfocarse en objetivos, rendir de buena manera, disponer mejor de su tiempo, disminuir costos de traslado y equilibrar los tiempos familiares, solo por mencionar algunos aspectos. Eso, puede traducirse en una fuerza laboral más activa, productiva e, incluso, más leal a su empleador.

Tal vez haga falta un ejercicio de confianza, pero también de capacitación, de autodisciplina y de flexibilidad, donde se involucren públicos y privados. La pandemia apresuró un cambio de paradigma, pero eso pareció no ser suficiente para una instalar una nueva cultura laboral en Chile.

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