«La violencia debe ser desterrada de la vida nacional… esto no se resuelve con respuestas técnicas, burocráticas ni policiales por sí solas, todas las expresiones de violencia que vivimos, tienen un origen político, social, cultural , sociológico y, sus respuestas pasan por propuestas que apunten a  cambios culturales, cambios conductuales y planes integrales de salud mental para la ciudadanía. Los profesionales del área, las universidades, las instituciones todas y el estado deben hacerse cargo del tema, con autocrítica y real compromiso con el tema.»

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Una policía para un Chile diferente

Jörg Stippel

Facultad de Derecho, UCEN

Los que soñamos con vivir en libertad, equidad y fraternidad no hemos ganado nada aún. La elección del recién asumido presidente Boric, junto a la instalación de la Convención Constituyente y el proceso paulatino de empoderamiento ciudadano constituyen solo el inicio de un camino. Una apertura incipiente a un nuevo orden, que requiere participación, cuidado y lucha permanente.

Las ideas no son suficientes para pavimentar esta nueva senda. El Estado y sus instituciones requieren un cambio. Un giro hacia la democracia profunda en que todas y todos estemos representados y logremos generar acciones comprometidas, reales y efectivas.

Es urgente que sinceremos nuestro déficit para erigir con honestidad los cambios que queremos. Carabineros de Chile, por ejemplo, considerado por mucho tiempo como una institución modelo, se derrumbó como un castillo de naipes. En dos años quedó al descubierto su inoperancia para la democracia y los profundos cuestionamientos derivados de los escándalos de corrupción. No es que no hayan existido antes, solo que ahora bajo un escrutinio público más activo se hacen visibles.

Cabe preguntase si en este nuevo gobierno habrá un cambio real de la fuerza pública o si volveremos a vivir con horror el abuso de poder exhibido hasta el hartazgo en la represión de la protesta social. ¿Vamos a tener en el futuro una policía que resguarda la seguridad de los habitantes de Vitacura de la misma manera que la de aquellos que viven en el barrio Yungay o en la Pintana? La respuesta a esa pregunta será decisoria.

Si sé que en el país la policía no es el brazo represivo del poder de turno, quizás puedo identificarme con la institución. En cambio, si la policía sigue siendo reflejo del clasismo social existente en las relaciones de poder de nuestra convivencia, tengo que buscar mi lugar. La vida del ciudadano aristócrata está por encima de las normas hechas para el “común” de la gente. Pequeños o grandes privilegios hacen la diferencia en la prestación de “servicios de seguridad” por Carabineros de Chile. Su calidad varía según el barrio donde vivimos o los vecinos que tenemos.

Chile es un país de desigualdades, privilegios y abusos. Es en ese contexto que nos tenemos que apoyar en la conciencia de la mayoría, que conversemos y discutamos acerca de la libertad, igualdad y fraternidad.

La historia abunda en ejemplos donde las cúpulas abusan de su poder porque se entienden diferente a nosotros; trabajemos para que eso no ocurra en el Chile nuevo que se está formando. Trabajemos en la democratización de las instituciones en general y de la policía en particular. Intentemos que nos protejan a todos y no que nos tengamos que proteger de ellas. Estamos aún lejos de esa realidad. No hemos ganado nada aún, pero no nos dejemos vencer. Sigamos luchando por un Chile más libre, igualitario y solidario. 

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