
Una señal ambigua
El recorte de becas de magíster y postdoctorado en el extranjero es una señal política preocupantemente ambigua. Si la decisión se enmarca dentro de una estrategia deliberada de fortalecimiento del ecosistema CTCI, estaríamos ante un giro posible –aunque discutible– de priorizar la consolidación de capacidades internas. Dialogar con las universidades y la comunidad científica enriquecería una propuesta en esta dirección, enfrentando estratégicamente el contexto de alta presión presupuestaria, sin perder posicionamiento y competitividad a nivel internacional.
Pero ese no parece ser el escenario, al menos por ahora. Hasta el momento no hay anuncios claros en materia de fortalecimiento de capital humano avanzado o de generación de capacidades institucionales, ni de construcción de redes internacionales en I+D+i. Sin ese complemento, los anuncios pierden potencialidad estratégica y se evidencian simplemente como una contracción.
Y eso es grave. Porque las becas han sido un mecanismo clave de inserción en redes internacionales de conocimiento, de formación avanzada y de posicionamiento científico, contribuyendo directamente al desarrollo y crecimiento del país. Reducirlas sin una política compensatoria debilita directamente nuestra capacidad para producir conocimiento de frontera.
Por ello la ambigüedad genera alerta y preocupación. Si el recorte no viene acompañado de una señal clara de inversión en el sistema nacional, entonces no estamos frente a una reforma, sino frente a un retroceso. Y en ciencia, retroceder no es sólo perder terreno: es quedar fuera en un mundo que está cambiando vertiginosamente.







Déjanos tu comentario: