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VENEZUELA Y LA IMPROVISACIÓN EN NUESTRA POLÍTICA EXTERIOR

Maroto

Desde Canadá.

El apresurado anuncio del presidente Sebastián Piñera reconociendo a Juan Guaidó como “presidente encargado” de Venezuela evidencia, una vez más, los problemas que han caracterizado a este gobierno en materias de política exterior; a señalar, la presencia de un ministro de Relaciones Exteriores sin experiencia y por ende sin peso específico, y la tendencia de nuestro presidente a tomar decisiones de política exterior que, más que fortalecer el rol de Chile en el concierto internacional, atienden a intereses de corto plazo orientados a subir mezquinos puntos en las encuestas o evitar problemas internos entre los partidos y movimientos oficialistas.

Como lo señaláramos en un artículo anterior “el exceso de autoritarismo” observado en el gobierno de Maduro, la falta de independencia de los poderes públicos y la falta de alternancia en el poder amparada por la posibilidad de reelección indefinida, acercan más a Venezuela al concepto de pseudo democracia planteado por Diamond, Linz y Lipset o democracia defectiva planteado por Merkel y Croissant, que a una democracia plena; una pseudo democracia en que la competencia política está limitada o restringida, la celebración de elecciones pluralistas se ve afectada por diversos grados de irregularidades, los principales actores en el poder actúan sin responsabilidad política efectiva, existe una falta de autonomía de las instituciones representativas y falta de independencia de los poderes del Estado y los derechos y libertades individuales están claramente disminuidos.”

Sin lugar a dudas lo anterior confirma la idea de que la Venezuela de hoy no es un modelo a seguir. Sin embargo, los complejos problemas que enfrenta Venezuela no transforman automáticamente a su gobierno en una dictadura, ni justifican una retórica de apoyo a soluciones que, por carecer de viabilidad práctica, son irreales y que están probablemente influenciadas por intereses económicos externos, que no necesariamente buscan el bienestar del pueblo venezolano.

El delicado momento que atraviesa Venezuela, manifestado hoy en la coexistencia de un presidente que reclama haber sido elegido en las urnas, Nicolás Maduro, y un “presidente encargado” autoproclamado que fundamenta su legitimidad en los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución venezolana, Juan Guaidó, evidencian la profundidad de la crisis; y es justamente la magnitud y profundidad de esta crisis, la que obliga a la comunidad internacional a reaccionar con la debida sensatez y sabiduría, ofreciendo una respuesta que debiera caracterizarse por aportar “capacidad constructiva” como señalara el ex canciller José Miguel Insulza, en lugar de contribuir a un escenario ya gravemente deteriorado y polarizado.
Frente a la inédita situación de tener dos presidentes reclamando legitimidad y poder, y un pueblo claramente dividido, que a través de multitudinarias manifestaciones expresa su frustración y hastío con la realidad que los afecta a diario, la comunidad internacional y Chile como parte de ella, deben asumir una responsabilidad activa en la búsqueda de soluciones, más que caer en la tentación de apostar a inconducentes exacerbaciones.

La respuesta del presidente Piñera y su Canciller Ampuero, obviamente le aportarán réditos de corto plazo a nivel local. Sin embargo, lamentablemente, la posición fijada por nuestro presidente confirma lo que ya hemos venido observando: Chile pierde solidez en el contexto internacional, demuestra falta de capacidad para influir positiva y efectivamente en la búsqueda de soluciones a conflictos internacionales y desperdicia nuevamente una oportunidad para manifestar su independencia a la hora de fijar posiciones en política exterior.
Los problemas que afectan a Venezuela no se resolverán por la vía de la imposición, ya sea que esta venga de Maduro o Guaidó.
Los problemas que afectan a Venezuela se resolverán por la vía del diálogo, la negociación y el compromiso; y es ahí donde la comunidad internacional puede hacer una contribución real, influyendo constructivamente en la coyuntura política venezolana para generar condiciones que permitan una salida aceptable para todos los involucrados.

Es en este contexto que el primer desafío que enfrenta la comunidad internacional es generar un consenso que, poniendo los intereses del pueblo venezolano por sobre los intereses particulares, permita establecer una estrategia y criterios comunes para la acción diplomática.

Una vez logrado lo anterior, podrán los actores internacionales abocarse a fortalecer un espíritu de negociación y diálogo en los actores locales; influir en ellos para que reconozcan el estado de crisis social que afecta al país, independientemente de quienes sean sus responsables; concordar con los actores domésticos en la urgente necesidad de encontrar una salida al estado actual de las cosas; influir en el mundo militar para que acepte no intervenir sesgadamente en beneficio de alguna de las partes; establecer un diálogo cuyas bases sean el respeto a los derechos humanos y la búsqueda de la recuperación y fortalecimiento del sistema democrático; e identificar hitos alcanzables que permitan reestablecer confianzas, dar transparencia y validación a un proceso de negociación y diálogo cuyo objetivo final sea el establecimiento de un pacto de transición.

Las acciones mencionadas, impulsadas por la comunidad internacional podrían coadyuvar a que, con respeto a los derechos humanos y la soberanía del pueblo venezolano, se logre consensuar un camino que garantice la celebración de elecciones libres, cuyo resultado dé legitimidad a un nuevo gobierno en Venezuela, sin importar el color político de este.
Un camino incierto y complejo, pero urgente y necesario.

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2 Comentarios en VENEZUELA Y LA IMPROVISACIÓN EN NUESTRA POLÍTICA EXTERIOR

  1. Muy buen análisis para una problemática mayor.
    Yo creo que la única salida sensata y democrática es un plebiscito hoy con presencia de autoridades internacionales : Sigue Maduro O se va ya y elecciones libres en seis meses.
    Todo, bajo la lupa de organismos internacionales.

  2. Que mal comentario, hoy hay que partir reconociendo que la «crisis venezolana» no es tal, un invento de usa y cía para rendir y eliminar a un gobierno que no le es afín nada más. En Venezuela hay un gobierno elegido en una votación del pueblo venezolano, el señor guaido es el elegido por usa y cía, más verdad que esa no hay. Respecto al señor Piñera y su séquito solo acatan la orden de usa y no representan el sentir de un pueblo que vivió en dictadura de derecha y sabe lo que está representa (asesinatos, desapariciones, torturas, etc). Y esto es lo que le espera a los venezolanos si llega la derecha al poder. Algo hay extraño aquí un llamado a las fuerzas armadas venezolanas a bajar las armas…… Muy peligroso……..

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