«Nuestro país requiere sumar voluntades tras el logro de cambios significativos en la sociedad. Todos los estamentos públicos y sociales, deben cambiar: egoísmo por solidaridad,  crecimiento por desarrollo, Compromiso por la displicencia y la apatía,…  Sumando a ello una visión integral de ciudadanía , la sabiduría por la ignorancia,  unidad por sobre dispersión«

Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

CH01. SANTIAGO(CHILE) 08/03/2020.- Miles de mujeres marchan este domingo durante la celebración del Día Internacional de la Mujer, frente al Palacio de la Moneda en Santiago (Chile). EFE/Alberto Valdés

Y ahora… ¿qué?

La elección presidencial del domingo 19 de diciembre tendrá una significación histórica. Se registró la concurrencia más alta de ciudadanos en dos siglos y se eligió al Presidente de la República más joven. Estos datos implican una revitalización de nuestra lánguida y decadente democracia y, por fin, las redes institucionales del poder han pasado a manos de una nueva generación. 

La campaña fue agresiva, polarizada, con francotiradores encubiertos especialmente por parte de un sector, con incisivos programas que a última hora se volcaron hacia el despreciado “centro político” para terminar en una mayoría sorprendente y en una conclusión casi perogrullesca: Chile quiere cambios y los quiere con moderación y dentro del orden.

El día D se cerró con los correspondientes ritos republicanos: reconocimiento de la derrota por parte del afectado, llamado telefónico, visita presencial y saludo telemático del Presidente en ejercicio quién – ¡cómo no! – insistió en transformarse en el festejado.

En general, todos los sectores políticos tradicionales ofrecieron una colaboración constructiva al nuevo mandatario, lo que obliga a meditar acerca de la sinceridad de propósitos de varios oferentes no porque sean mentirosos y malas personas sino porque su trayectoria de vida los ha mostrado permanentemente como férreos defensores de intereses que el nuevo gobierno pretende tocar.

Al analizar los hechos, lo primero que salta a la vista es la irrupción en la política de una nueva generación. De por sí, ello es positivo. Los “héroes” de 1989, claramente están cansados y, tras el ejercicio del poder durante un cuarto de siglo, sus partidos y personeros fueron cayendo paulatinamente en la dejadez y en la negligencia y en una tácita aceptación de un orden de cosas hasta moralmente inaceptable.

En la etapa que se inicia, deberán conjugarse necesariamente dos fuerzas. Por un lado la vocación generacional de llevar a cabo reformas profundas muchas de ellas marcadas por un voluntarismo extremo, y el imprescindible recurso a la experiencia y la tecnocracia para hacer viables los propósitos. El esfuerzo por armonizar ambas tendrá obligadas consecuencias políticas y el gran desafío de Gabriel Boric y su gente será el de hacer cuadrar en el ejercicio del poder exigencias de las cuales no se puede prescindir.

El triunfo del 19 de noviembre, si bien es claro, categórico (algunos dicen contundente), no puede hacer caso omiso de la realidad. Al frente hay una derecha electoralmente muy fuerte y que, además, se siente en la necesidad de salvaguardar un orden económico, social, cultural, comunicacional, que ha constituido siempre el caldo de cultivo de sus privilegios.

El gran error de Kast fue el de llevar su pensamiento personal y sus convicciones, a propuestas programáticas que implicaban un verdadero movimiento contracultural como el de aquellos católicos que añoran el regreso a los tiempos de las catedrales medievales. En un mundo que ha cambiado profundamente, que está luchando día a día por la dignidad de las mujeres y la paridad de género, en que la demanda por equidad y reconocimiento de derechos sociales y laborales, en que el reto del cambio climático es tarea que no puede escabullirse, la siembra del mido y el temor no fueron suficientes y fueron debidamente castigados por las ciudadanas y ciudadanos.

Por ahora, la cancha está transitoriamente despejada. El presidente electo, en una semana ha dado muestras notorias de sencillez, prudencia y buen criterio.

Las tareas que se vienen son variadas y, teniendo siempre presente el desgobierno de Sebastián Piñera, son difíciles de asumir.

Generar estabilidad política y económica, hablar siempre a la gente con la verdad por sobre todas las cosas, reconocer las dificultades y no dejarse envolver ni por cantos de sirena ni por extremismos demagógicos, son actitudes que pudieran crear un ambiente positivo para trabajar y concretar las reformas y cambios que se exigen.

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl