Imperativo ético: la ciudadanía y los demócratas consecuentes, deben impedir la presencia de fuerzas Neo Fascistas en Chile.
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¿Y QUÉ LE PEDIREMOS AL VIEJO PASCUERO?

Maroto, Canadá.

Se acerca aceleradamente el fin de año y ya estamos disfrutando de este ambiente navideño, que se manifiesta a través de fiestas de oficina, intercambios de regalos, mucho cola de mono, pan de pascua, vitrinas llenas de ofertas, coros de iglesia y dentro de todo este frenesí y, para quienes así lo sienten, alguna esporádica reflexión cristiana. Es el momento apropiado para intentar bajar el ritmo y detenernos un minuto a revisar el año 2016 para, con espíritu constructivo, identificar logros y desafíos, tanto personales como los de nuestro Chile.

¿Cuáles fueron los grandes avances del 2016? ¿Es Chile un país más justo, moderno y solidario hoy, de lo que lo era en el 2015? Son muchos los temas y preguntas que surgen, cuyas respuestas dependen de las expectativas que tenemos del Chile que queremos para nosotros y nuestros hijos.

¿Es nuestra clase política hoy más seria y responsable que ayer? ¿Es nuestro sistema educacional más abierto, inclusivo y de mejor calidad? ¿Fuimos capaces de iniciar una discusión profunda acerca de nuestros sistemas de salud y de pensiones para entender y atender sus desequilibrios? ¿Hemos sido capaces de cuestionar las raíces de nuestro modelo económico, avanzando en la identificación de las causas de la inequidad y la desigualdad social que se observa hoy en Chile? ¿Hemos cambiado nuestro enfoque hacia las ciencias, el arte y el deporte, dándoles el lugar de importancia que debieran ocupar en el desarrollo nacional? ¿Hemos logrado avanzar en temas relacionados con la desigualdad de género, la violencia contra la mujer y los niños,  los derechos de homosexuales y lesbianas a casarse, adoptar y vivir una vida plena? ¿Hemos logrado avances significativos en el reconocimiento y protección de los derechos de nuestros pueblos indígenas? ¿Hemos logrado que el medio ambiente y nuestro patrimonio ambiental sean sujetos de una protección más efectiva por parte del Estado? ¿Ha mejorado la relación entre desarrollo económico,  responsabilidad del sector privado y l protección del medio ambiente?

Así como durante el año,  hemos manifestado en repetidas oportunidades y a través de diferentes foros,  nuestras frustraciones y descontentos con los logros alcanzados en algunos de estos temas, es nuestra responsabilidad ciudadana el detenernos un momento para preguntarnos cuál ha sido nuestra contribución personal en los avances y retrocesos observados. ¿Participé activamente? ¿Voté informadamente? ¿Fui un agente de cambio en mi comunidad? ¿Levanté mi voz frente a mis amigos o en el ambiente de trabajo cuando observé situaciones de injusticia? ¿Me informé críticamente o me conformé con absorber pasivamente la agenda que interesadamente entregan a diario la mayoría de los medios de comunicación? ¿Fui un mero observador critico o participé activa y propositivamente en la búsqueda de soluciones?

Las respuestas a estas preguntas merecen un momento de reflexión, para que así podamos iniciar el 2017 como ciudadanos mejor preparados y dispuestos a realizar una contribución efectiva en los cambios que nuestro país necesita.

Y, luego de  esta reflexión personal ¿que le pediría yo al Viejo Pascuero para el 2017?

Una ciudadanía más empoderada,  en que estemos dispuestos no solo a criticar y reclamar por los temas pendientes en relación a nuestros derechos, sino que a ejercitar responsable y efectivamente nuestros deberes. Es comprensible que los sentimientos de frustración y, en algunos casos, de desesperanza, se manifiesten a veces a través de la crítica destemplada y una sensación de rabia contenida. Sin embargo, es nuestro deber ciudadano, ir más allá, dando paso a nuestra capacidad constructiva y de colaborar efectivamente y desde nuestro rol ciudadano a mejorar nuestro país. Desde nuestro lugar de trabajo, nuestro barrio o comunidad y nuestra familia, debemos asumir la responsabilidad de ser agentes de cambio. Sin nuestra contribución, ese cambio tan urgente y necesario que requiere Chile no será realidad.

Una clase política más seria,  dispuesta a ejercer sus funciones de manera responsable, con honestidad y transparencia. Hemos visto,  con una mezcla de tristeza y frustración, como gran parte de esta clase  hace vista gorda a los llamados de la ciudadanía,  no solo ignorándolos sino que,  en muchas ocasiones,  profundizando la brecha entre las expectativa que los ciudadanos tienen de sus representantes y lo que éstos hacen en su diario actuar. Es tiempo de cambio,  no solo necesario y urgente sino que imprescindible para que nuestro  país  comience a avanzar nuevamente por el camino de la solidaridad e igualdad. Solo con representantes políticos que crean realmente en un servicio público desinteresado y honesto y que estén comprometidos cabalmente a cumplir con su deber de representar a su electorado pensando en el bien común en lugar de los intereses de ciertos grupos o sectores de nuestra sociedad, que nuestro país volverá a crecer en dignidad y justicia social.

Un país menos desigual; un país que haga de los derechos de mujeres y niños una prioridad; un país inclusivo, que reconozca a todos sus ciudadanos el derecho a vivir plenamente, sin importar su orientación sexual; un país que incorpore a sus pueblos originarios a través del reconocimiento de su historia, la afirmación de sus derechos y la creación de oportunidades.

Tres grandes expectativas, que sinceramente no espero como regalo, sino que como el resultado de nuestro trabajo y compromiso ciudadano.

Y ustedes ¿qué le pedirán al Viejo Pascuero?

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