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Y QUE PENSAMOS DEL ABORTO?

En estas últimas semanas hemos visto nuevamente que el tema del aborto ocupa las primeras planas. Con la discusión acerca del proyecto de ley que permite el aborto en tres situaciones específicas, hemos vuelto a observar como, en lugar de establecer un dialogo abierto, serio y profundo acerca de este tema, la mayor parte de nuestros líderes políticos, religiosos e incluso destacados académicos optan una vez más por los slogans sin contenidos, declaraciones sensacionalistas, solicitudes a partidos para que se cambien de nombre y presiones con fundamentos pseudo religiosos a ministros de estado para influir en la decisión final.

Cuando hablamos del aborto, generalmente no hay términos  medios; la sola mención de este tema nos ubica  inmediatamente en una trinchera. O somos Pro Vida o somos  Pro Elección. O estamos con el bien o estamos con el mal. Y  las condenas y descalificaciones recíprocas no se dejan  esperar. Claramente este es un tema lleno de prejuicios,  pseudo-moralismos, imposición de valores al estilo de los cruzados de antaño, etc…

Es sorprendente ver como al abordar este tema nuestros más ilustrados políticos, líderes religiosos y miembros de la academia caen  rápidamente en la descalificación más que en la  reflexión; que fácil es usar entrevistas a supuestos connotados científicos para apoyar nuestra posición y  descalificar  la del otro; que sencillo resulta mandar  ligas de sitios supuestamente expertos o de conferencias de aparente gran prestigio para intentar hegemonizar la  discusión; que útil y mezquino a la vez resulta sacar de contexto las  declaraciones de alguien (desde Obama hasta el Papa) para  sumarlas a nuestro molino  en un intento por reducir  al que piensa distinto más que hacerlo reflexionar. La  tentación de usar argumentos pseudo-valóricos o moralistas  para finalmente decir “si no estás conmigo, si no piensas como yo, te  iras directamente al infierno”, asombra. Sobre todo, viniendo  de quienes teóricamente son los mejor preparados para guiar  esta discusión.

Nuevamente observamos un debate donde los argumentos de fondo escasean; hay falta de reflexión; falta de diálogo y  discusión con apertura de mente; falta de invitación a  conversar, a intercambiar opiniones; falta de capacidad y voluntad de aprender a disentir; falta de humildad para aceptar que mi opinión por muy buena que me parezca no es necesariamente  la opinión de todos y por lo tanto no tengo derecho a  imponerla; falta de empatía y capacidad de ponerse en el  lugar del otro, especialmente en un tema tan sensible y que produce tanto dolor en quienes han debido vivirlo; falta de  capacidad de entender que no se trata de blanco o negro ya  que cuando hablamos de los derechos de la mujer y del que  está por nacer es imposible simplificar la discusión  llegando  al absurdo de querer dejarla sin matices.

Y constatamos este exceso de fanatismo tanto de los que se declaran Pro  Vida como de los que nos sentimos Pro Elección. Exceso de  soberbia y un afán por imponer una supuesta moralidad  atribuyéndose el rol de rectores con derecho a pontificar  sobre lo que es bueno o malo.

Claramente, no hay UNA buena posición sobre el aborto; y por esta razón, el camino a encontrar un acercamiento a este tema  que ponga verdaderamente  a la mujer y al nonato como  protagonistas de esta discusión va por el lado de la  reflexión libre, la información sin sesgos, la discusión  sin ortodoxias y la capacidad de aceptar que somos  distintos, pensamos distinto y por lo tanto tenemos que  seguir construyendo un mundo donde podamos seguir conviviendo en la diversidad y no imponiendo nuestra verdad  sobre la verdad de los demás.

Este tema es mucho más complejo que la simplificación de  vida versus elección o niño versus células. Por ello,  debiera ser una prioridad para todos nosotros y en particular para quienes están llamados a guiar este debate el dejar las argumentaciones panfletarias de lado y  aportar con reflexiones serias a la verdadera discusión;  y también es nuestra obligación como ciudadanos  responsables él no aceptar un debate sesgado y en blanco y  negro y exigir información seria que nos ayude a entender  la verdadera complejidad de este tema. Solo a través de este esfuerzo podremos acercarnos a este tema de una manera  más tolerante y menos divisiva, generando oportunidades de  conversar en un ambiente donde todos nos sintamos con la  libertad de expresar nuestra opinión, exponer nuestros  puntos de vista y  compartir nuestros miedos y  aprehensiones, dejando de lado el temor a ser etiquetados  como fanáticos, promotores de una cultura de muerte o vendedores de órganos.

 

Maroto, Canadá.

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