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Y si tuviéramos 20 años de nuevo?

Hace unos días atrás mi hija me preguntó: y si tuvieras 20 años de nuevo pero viviendo en los tiempos de hoy, por qué cambios lucharías y cómo lo harías? Qué luchas te inspirarían? Qué pregunta! Se me vienen a la cabeza mil formas de intentar responderle y a las vez ninguna que me convenza totalmente.

Que fácil hubiera sido para mí contestar esto hace 30 años atrás, cuando realmente tenía 20! En esa época épica todo me parecía más claro; estábamos dispuesto a dar lo que fuera necesario por ayudar a cambiar nuestro país y tener democracia, libertad y más igualdad; para qué todos pudiéramos expresar nuestras ideas, políticas o de cualquier índole; para que todos fuéramos libres para elegir dentro de un sistema democrático cómo queríamos que nuestro país fuera; para que la opinión de cada uno de nosotros fuera escuchada y valorada sin importar nuestra edad, religión, orientación política u origen; y para que hubiera igualdad de oportunidades. Esas eran las causas que nos motivaban cada día y que nos inspiraban a hacer algo; a aportar nuestro grano de arena; a arriesgar y arriesgarnos. Esas eran las causas que nos hacían salir de nuestra zona cómoda, para vivir con intensidad. Qué tiempos aquellos y qué lindos recuerdos.

Y hoy, cuáles son las causas que nos motivan? Qué es lo que nos mantiene vivos, activos, comprometidos? Pareciera que la respuesta ya no es tan clara y rotunda como lo era hace 30 años atrás.

La manera más fácil de justificar esta vacilación al contestar sería, porque tengo 51 años y he “madurado”; porque como dicen algunos “cuando joven incendiario y cuando adulto bombero”;  Porque ya pasó la época de los “idealismos” dicho con ese tono peyorativo que tanto usamos hoy en día, como si  tener ideales fuera algo malo o pasado de moda.

Pero la verdad es que no lo pienso así. Creo que muchos seguimos siendo idealistas empedernidos; pero hoy la respuesta es más compleja,  influenciada por las experiencias que hemos acumulado en estos últimos 30 años: matrimonio,  paternidad, años de vida laboral, los amigos que han ido y venido y los que han estado siempre, las grandes pérdidas, las muchas oportunidades que la vida nos ha dado, la fe o los valores que nos siguen acompañando, las batallas ganadas y en especial las perdidas, los viajes y las oportunidades que hemos tenido de conocer y experimentar diferentes culturas y sociedades. Son todas estas vivencias las que hacen que en muchos de nosotros esta respuesta salga ahora un poco más pausada; más meditada; ni mejor mi peor; ni más ni menos madura; ni más ni menos válida; sólo un poco más procesada.

Pero aún no contesto la pregunta de mi hija. Qué me motiva hoy? Qué causas me apasionan?

Los derechos de las minorías. Me duelen las injusticias, abusos y discriminaciones que diariamente se cometen contra indígenas, gente de color, personas con diferente orientación sexual,  pueblos con diferentes credos, etc… Qué derecho tienen las mayorías sociales a definir y tratar a un grupo como minoría? Es acaso la ostentación de una posición de poder relativo, justificación suficiente para que tratemos a otros de una manera discriminatoria?

Me motiva ver la lucha diaria que tantas mujeres dan por ocupar el espacio que se merecen y que nuestra sociedad machista les niega. Igualdad de género; acceso igualitario a la educación, oportunidades laborales, participación política, libertad para tomar decisiones sobre su propio cuerpo y ejercer sus derechos.

Me descompone ver la inequidad que existe en nuestra sociedad. La desigual distribución de ingresos y por ende de oportunidades. La existencias de sociedades tan dispares donde los que tenemos mucho accedemos a mucho y los que tienen poco quedan postergados y marginados de esta “modernidad” que tanto nos enorgullece.

Me apena ver la gran apatía que nos rodea; esa tendencia que tenemos a caminar por el mundo sin inmutarnos mayormente con lo que nos rodea. Como si no estuviera pasando o como si por no estar pasándonos a nosotros entonces no estuviera ocurriendo. Y esa facilidad con que asumimos que las cosas no van a cambiar y por lo tanto es mejor no perder el tiempo tratando de cambiarlas. La culpa siempre la tienen los políticos, la iglesia, los poderes económicos ocultos, la prensa.  Qué fácil es decir que la culpa la tienen los demás… El Conde-filósofo ultra conservador Joseph de Maistre dijo por allá por el 1814 que “cada nación tiene el gobierno que se merece”, y cuando veo los niveles de apatía y negativismo que hay en nuestra sociedad tiendo a pensar que algo de razón tenía.

Entonces, puedo decirle a mi hija que si hoy tuviera 20 años me comprometería en luchar porque el mundo del siglo XXI fuera más justo, igualitario y participativo. No mucho ha cambiado entonces entre los ideales que nos motivaban hace 30 años y los que me motivan hoy.

Hace 30 años era la democracia como un derecho lo que nos inspiraba; hoy es la democracia como un deber. El deber de participar y de vencer esa apatía demoledora que nos embarga. Hace 30 años era  la libertad a secas; hoy es la libertad para todos; sin exclusiones ni distinciones injustas; una libertad en que todos, hombres y mujeres, mayorías y minorías sociales podamos ocupar el rol y ejercer los derechos que nos corresponden. Hace 30 años era la igualdad; hoy es la igualdad como derecho de todas las personas a ser tratados de igual manera, sin importar su origen, orientación sexual o religión. Igualdad y equidad; igualdad para acceder y equidad al repartir y recibir los beneficios.

Y si tuviera 20 años que haría? Me comprometería. Me involucraría. Participaría. Buscaría foros donde compartir mi opinión y desafiar el status quo. Votaría. Sacrificaría. Me forzaría a salir de mi zona cómoda. Me expondría a los desafíos de pensar distinto. Buscaría crecer en la diversidad. En resumen, intentaría nuevamente vivir intensamente. Con el convencimiento de que todo puede cambiar si trabajamos para ello. Camino largo, agotador y muchas veces frustrante pero sin lugar a dudas un camino que vale la pena recorrer! Como decía Stephane Hessel a sus 93 años, es tiempo de indignarse! Es tiempo de actuar!

Pero esta reflexión a la que me ha invitado mi hija me ha hecho preguntarme y revisar  que hago yo hoy, a mis 51 años para ser agente de cambio. Sí, trato de vivir mi vida en todos sus ámbitos de manera consecuente; sin olvidar esos valores, principios e ideales que siempre me han motivado. Pero con claridad veo que puedo hacer más; imperceptible pero inexorablemente tenemos la tendencia a situarnos en una zona cómoda, sin traicionarnos pero al mismo tiempo sin dar todo lo que podríamos dar.  Sin sacrificar todo lo que podríamos sacrificar. Sin comprometer y comprometernos al máximo. Parafraseando a la madre Teresa, ama hasta que te duela; si te duele es buena señal. Estamos llamados a ser héroes? No necesariamente, pero sí estamos llamados a tratar de vivir la vida intentando ser verdaderamente consecuentes.

Gracias hija por invitarme a esta reflexión; siempre es bueno hacer un alto en el camino; detenerse para mirarse al espejo y buscar lo que somos y lo que quisiéramos ser. Y lo que haría si tuviera 20 años hoy, es lo mismo que debo hacer hoy a mis 51 años. Gracias hija por inspirarme a ser mejor y re-comprometerme con la vida y con nuestro Chile.

Maroto, Canadá.

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