Ciudades Sustentables... Una necesidad Urgente en el camino del desarrollo Integral del Ser Humano.
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FOR USE AS DESIRED, YEAR END PHOTOS - FILE -In this March 4, 2011 file photo, men from Bangladesh, who used to work in Libya but recently fled the unrest, walk with their belongings alongside a road, as they head to a refugee camp after crossing the Tunisia-Libyan border, in Ras Ajdir, Tunisia. (AP Photo/Emilio Morenatti, File)

Yo, Tú, El, Nosotros y los Refugiados

Maroto, Canadá.

La humanidad enfrenta hoy numerosas situaciones de crisis, cuyo desenlace puede afectar significativamente nuestro futuro: las guerras promovidas por intereses económicos y fanatismos religiosos; la miseria que afecta vastos sectores de nuestro planeta; el acelerado deterioro del medio ambiente; y la desesperada situación de los refugiados, solo por mencionar algunas. Todas realidades apremiantes que requieren soluciones urgentes. En este artículo reflexionaré sobre esta última, en un intento por encontrar una explicación a la indiferencia que la orfandad de los refugiados genera en la mayoría de nosotros.

Quién es responsable de hacerse cargo de este problema que afecta a poblaciones que se ven forzadas a un éxodo sin ser bienvenidos en ninguna parte? Qué justifica que importantes sectores de la población de países desarrollados apoyen posiciones xenófobas como las de Trump o justifiquen el Brexit como mecanismo de protección frente a los refugiados? En quién reside la responsabilidad moral de avanzar en una solución a este desafío?

Pogge afirma que un análisis superficial del porqué las personas tienden a ignorar el problema de la pobreza permite identificar cuatro excusas simples, que en mi opinión son enteramente aplicables al tema de los refugiados, a saber: el problema es demasiado grande para ser resuelto, por lo que no vale la pena desgastarse en ello;  las potenciales soluciones disponibles no permiten asegurar que el problema será resuelto por lo es una pérdida de tiempo distraer recursos en él; los esfuerzos por resolver este problema generarán dificultades aún mayores debido a intereses económicos o de política local, por lo que es mejor dejar las cosas como están; y el mundo encontrara un equilibrio en forma natural como resultado del desarrollo económico, por lo que hay que dejar que estos temas se solucionen por sí solos. Pogge señala que estas justificaciones son de una simpleza tal, que carecen de toda validez y solo sirven como un conveniente constructo racional para justificar la inacción.

Como podemos explicar entonces la falta de compromiso con la solución de este problema? Una segunda alternativa  está en lo que Rawl llama las simpatías comunes o la idea de que las personas están naturalmente más dispuestas a involucrase en temas que afectan a quienes tienen características similares a ellas. Los individuos, de acuerdo a Rawl, tienden a empatizar con intereses que les son comunes en lugar de aquellos que se encuentran fuera de su círculo conocido de vida, y en consecuencia se preocupan principalmente por aquello que les resulta habitual y familiar. Sin embargo, la idea de la existencia de una moral universal (a la que adscribo) no desconoce el hecho de que las personas se preocupen más por sus cercanos que por aquellos que les son extraños, pero sí enfatiza que el interés por lo que nos es común debe darse siempre dentro de un marco global que garantice un mínimo de justicia para todos. El desafío de hoy es que los intereses y marcos internacionales dejan fuera del acceso a esta justicia mínima a vastos sectores de la población, incluidos los refugiados.

Una tercera explicación posible para intentar justificar la apatía general respecto de los refugiados puede encontrarse en la incapacidad de reconocer la existencia de un problema de esta magnitud o la capacidad de negar un hecho de esta naturaleza, similar a lo ocurrido a la generalidad de la población alemana en relación al genocidio judío. De acuerdo a Arendt, frente a este tipo de situaciones de crisis la población tiende a volverse insensible, optando inconscientemente por hacer como si estas tragedias no estuvieran ocurriendo. Según esta explicación, las personas que viven confortablemente simplemente no ven o no quieren aceptar como parte de su responsabilidad moral la solución de problemas como el de los refugiados, ya que al hacerlo se verían forzadas a perder parte de su comodidad.

Desde otro punto de vista, Bauman plantea que la moral es incapaz de tender puentes demasiado largos; existiría una conexión entre moral y proximidad geográfica o emocional, de tal modo que la sensibilidad moral tiende a enfocarse en temas que ocurren geográficamente cerca y en el momento presente. Cuando tragedias como la de los refugiados afectan a personas que viven lejos, pareciera imposible para los individuos ponerse ellos mismos en la situación de aquellos que las sufren, resultando en una suerte de silencio moral. Pogge agrega que las personas que viven en situaciones económicamente acomodadas tienden a aislarse del mundo real; volviéndose indiferentes a problemas que ocurren más allá de su círculo cotidiano y fuera de los límites de su imaginación, perdiendo así la capacidad de ver el devastador resultado de su inacción.

Bittner argumenta que la falta de compromiso moral puede también encontrar sus raíces en la aparente conexión entre proximidad e imputabilidad; la moral de los individuos tiende a preocuparse de aquellos eventos que pueden atribuirse a una causa o agente específico. En el caso de los refugiados es complejo (sino imposible) identificar con precisión estas causas o agentes. Las olas de refugiados se producen por una seria de complejos factores que involucran a una diversidad de países, instituciones, intereses económicos y políticos e incluso eventos naturales y por lo tanto, no es posible determinar con claridad qué o quiénes son los causantes de este problema; esto diluye entonces la posibilidad de determinar quiénes tienen mayor responsabilidad moral en su resolución. Si la conexión de causalidad entre la tragedia de los refugiados y los países desarrollados fuera fácil de identificar, sería innegable para los habitantes de estos países sentir el imperativo moral de actuar de manera concreta para aportar en la solución de este conflicto. En aquellas situaciones de injusticia social global cuyas causas pueden imputarse con claridad a factores cercanos a los países desarrollados, sus habitantes se verán compelidos a involucrarse en su solución. Siguiendo el razonamiento que Bittner plantea, como la tragedia de los refugiados no es una de estas situaciones, las personas no se sienten llamadas a actuar.

Como hemos visto, la relación entre la crisis de los refugiados y la responsabilidad moral de resolverla puede ser analizada desde diferentes puntos de vista. Ninguno de los argumentos hasta ahora expuestos parece suficiente como para justificar la inexistencia de la responsabilidad moral de ayudar o argumentar en favor de una política de “laissez faire, laissez passé”.

Una perspectiva humanitaria, fundada en la idea de una imparcialidad positiva y el supuesto de que todos los seres humanos son personas de igual valor y derechos ofrece, desde mi punto de vista, una mejor respuesta a nuestra pregunta y un argumento sólido en favor de la existencia de una responsabilidad moral que los países desarrollados y sus habitantes tendrían hacia los refugiados.

La existencia de condiciones mínimas para que un ser humano subsista, es un elemento consustancial a la existencia de los derechos humanos; la responsabilidad moral de ayudar a quienes se encuentran privados de estas condiciones pudiera entonces justificarse como una condición inherente a la protección de estos derechos. La idea de la existencia de libertades básicas es en este caso enteramente aplicable, ya que se sustenta en la noción de que estos derechos y condiciones mínimas de subsistencia son una aspiración esencial para todos los seres humanos. Estas condiciones no son sólo esenciales, sino que un requisito necesario para tener la capacidad de disfrutar de los demás derechos humanos; constituyen una expectativa mínima razonable para cada ser humano en relación a la humanidad.

Las circunstancias en que se encuentran los refugiados antes, durante y después de su éxodo les impiden disfrutar de estas libertades, contradiciendo la idea del valor intrínseco del ser humano. La humanidad tiene entonces una responsabilidad moral universal de ayudarlos. Shue define este tipo de responsabilidad como el derecho fundamental de protección que los individuos tienen para evitar los abusos y violaciones arbitrarias a las que pudieran verse sometidos, garantizándoles así derechos mínimos de subsistencia. Consiguientemente, tomar la existencia de estos derechos básicos de manera seria es sinónimo a asumir la responsabilidad de protegerlos.

Cuál es entonces nuestra responsabilidad moral y especialmente la de los países desarrollados y sus habitantes en relación a los refugiados? Tenemos una responsabilidad moral formal de proteger a todos aquellos que se ven violentados en sus derechos y libertades básicas; y la responsabilidad adicional de facilitar la generación de condiciones para que estos seres humanos puedan no solo recuperar estos derechos y libertades sino que también disfrutarlas.

Una visión humanista se funda en el supuesto de que todas las personas tienen el mismo valor moral e igualdad en sus derechos y en una imparcialidad positiva.  El humanismo no es una cuestión de caridad o beneficencia, sino que el reconocimiento del valor moral de los seres humanos. La imparcialidad positiva se relaciona con el valor inherente de los seres humanos (y no solo un sentimiento de compasión) y con el reconocimiento de la diversidad e individualidad de estos. Cada persona es valorada como individuo, en un esfuerzo por reconocer su valor moral particular; esta imparcialidad es esencial a cualquier razonamiento moral que exige un trato igualitario respecto de las personas  y sus intereses sin limitaciones asociadas a sus particularidades. Actuar imparcialmente implica necesariamente actuar sin prejuicios ni favoritismos; y actuar de manera humanitaria  requiere que nuestras acciones estén guiadas por una idea de imparcialidad positiva, teniendo una preocupación igualitaria por todos los seres humanos. Un acto imparcialmente positivo implica el respeto de los derechos y la satisfacción de las necesidades e intereses de todos en igual grado. La imparcialidad positiva encuentra sus raíces en el reconocimiento del valor intrínseco de todos y cada uno de los seres humanos.

La responsabilidad moral de ayudar a los refugiados reside entonces en nuestra responsabilidad respecto al valor de cada ser humano.

Vincent plantea que habiendo identificado la responsabilidad moral de proteger estos derechos humanos y libertades básicas como un mínimo requerimiento de la comunidad internacional, el deber moral de protegerlos recae directamente en cada uno de los seres humanos. Sin embargo, debido a las limitaciones, capacidad y eficacia que como individuos podemos tener en el intento de proteger estos derechos, Vincent argumenta que podemos legítimamente compartir esta responsabilidad con nuestros gobiernos,  instituciones internacionales y ONGs, que por sus características institucionales cuentan con más recursos a su disposición para exitosamente protegerlos siendo por tanto, también moralmente responsables de ellos.

Quién es entonces responsable de actuar para resolver el problema de los refugiados? Por su complejidad, la respuesta a esta pregunta no es una sola. Hemos argumentado que todos los individuos tenemos una responsabilidad moral directa en la solución de este problema; y hemos también señalado que esta responsabilidad moral es compartida con los gobiernos de los países desarrollados. Sin embargo esta responsabilidad no sólo corresponde a ellos; corresponde también a las instituciones internacionales y organismos multilaterales que interactúan con los actores que juegan un rol en la solución de esta crisis humanitaria. Desde una perspectiva global, todos estos actores pueden complementarse en términos de eficacia y eficiencia en la tarea de resolver una crisis de esta magnitud.  Por lo tanto, sin perjuicio del rol y capacidad de cada uno de los actores, no solo los individuos, sus gobiernos y sus líderes tienen una responsabilidad moral de actuar en este tema; esta responsabilidad se extiende más allá.  Entonces, la respuesta a quién es responsable por la protección de los derechos de los refugiados es inequívocamente, TODOS; yo, tu, el, nosotros… TODOS.

Bibliografía:

  • Arendt, H,. 1992, Eichman in Jerusalem. A Report on the Banality of Evil, Harmondsworth, pp. 116, 287.
  • Bauman, Z., 1993, Modernity and the Holocaust, Cambridge: Cambridge University Press.
  • Bittner, R., 2001, Morality and World Hunger, in: Metaphilosophy, Vol. 32.
  • Pogge, Th., 2002, World Poverty and Human Rights, Cambridge: Polity Cambridge.
  • Rawls, J., 1993, The Laws of People, in: S. Shute (eds.), On Human Rights. The Oxford Amnesty Lectures, New York.
  • Shue, H., 1996, Basic Rights: Subsistence, Affluence and US Foreign Policy, Princeton: Princeton University Press
  • Vincent, R., 1986, Human Rights and International Relations, Cambridge: Cambridge University Press
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