«Incomprensible que uno de los temas más importantes y trascendentes del país, esté en manos del organismo del estado más desprestigiado y peor evaluado durante años: nuestro nunca bien ponderado parlamento y partidos políticos.»

Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Amos y esclavos.

Al gran filósofo griego Aristóteles, pertenece una frase que ha pasado a ser un elemento indispensable en todo trabajo de análisis, discusión y debate que se suscita particularmente en el campo de las cuestiones políticas y sociales:

“Soy dueño de mis silencios y esclavo de mis palabras”.

En solo diez palabras se resume un universo de sentido común que constituye una lección útil para la vida y la convivencia humana.

Cuando cada uno de nosotros escucha y permanece callado, está aprendiendo mucho de sus interlocutores y, a la vez, está sintiendo el desfile incesante por su mente de ideas, de dudas, de afirmaciones y cuestionamientos, en un complejo enjambre de pensamientos que nos pertenecen y que los demás jamás conocerán si no tenemos la voluntad de decirlo. Por el contrario, cuando exteriorizamos lo que pensamos, cuando decidimos dar a conocer a través de las palabras, nuestros sentimientos, nuestras convicciones, nuestros juicios y apreciaciones, estamos de alguna forma haciendo transparente nuestro yo interior y poniéndolo a disposición de otros que podrán utilizarlo a su amaño y conveniencia e incluso podrán exigirnos conductas que se ajusten a lo que hemos manifestado a través de las palabras.

En ese contexto, en el campo de las reflexiones colectivas resulta indispensable que cuando hablemos siempre seamos capaces de medir anticipadamente las consecuencias que pudieran derivarse de nuestros dichos. Así, callar en determinados momentos no es una muestra de insinceridad sino una manifestación de prudencia.

Las reflexiones anteriores tienen especial importancia en el mundo de la política.

En efecto, el actual gobierno tiene un marcado acento generacional. La juventud de su elite dirigente es su principal característica y ello le otorga un plus favorable tanto en su pasión por los compromisos que cada uno asume como por la fuerza impuesta para alcanzar resultados y objetivos. Sin embargo, todos esos factores positivos están siempre amenazados por la imprudencia descontrolada y por la inmadurez que implica la carencia de un cierto sentido mínimo de anticipación, factor que se traduce en una pregunta básica: ¿Qué pasará cuando mis contrincantes, mis adversarios, escuchen lo que estoy diciendo? Yo bien puedo afirmar ciertas cosas, hacer determinados comentarios, porque deliberadamente busco producir ciertos efectos. Pero si mis expresiones traen consecuencias “no queridas”, que dañan al propio gobierno del cual formo parte o hieren a mis compañeros de coalición, sin vuelta estoy cometiendo una torpeza.

En los casi 150 días de gobierno de Boric, las expresiones inoportunas o inadecuadas de varios de los miembros de su gabinete o subsecretarios o altos funcionarios, se han multiplicado, generando en cada caso un problema que cada vez resulta más difícil de abordar. .Si bien en los primeros días se tomó hasta con cierto buen humor la frase de que estábamos frente a un gobierno de “estudiantes en práctica”, este tipo de errores ahora resultan inaceptables. La sola constatación de que se enfrenta a una vehemente oposición político – partidaria y mediática, obliga a un nivel extremo de seriedad en la expresión pública e incluso privada.

Lo sucedido con el ministro Giorgio Jackson constituyó un regalo para las fuerzas opositoras. Definir una dura crítica a los gobiernos y a las generaciones anteriores, acusando la existencia de conflictos de interés y de corrupción en la época en que fueron gobernantes – sabiendo que colectividades como el PS, el PPD, el PR, que hoy constituyen la base de sustentación del mandato de Boric fueron parte esencial del período criticado – es algo que carece de explicación. No se trata de discutir si ello es o no cierto – puede que lo sea en muchos casos – pero atribuirse una superioridad moral para leer el pasado generando daño evidente al gobierno actual, no tiene justificación práctica alguna.

Nuestro país está frente a problemas bastante graves. Es hora de dejar las niñerías a un lado.     

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl