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ANÁLISIS POLÍTICO

¿Hasta cuándo, Catalina, abusarás de nuestra paciencia?

René Fuentealba Prado, abogado.

Afirmar que existe una crisis que golpea la política chilena, no constituye ninguna novedad. Sin embargo, diversos antecedentes que han ido apareciendo,  día tras día,  nos muestran que el tema está muy, pero muy lejos de tocar fondo. Cada amanecer trae infaustas noticias y ello lleva a que la ciudadanía se pregunte: ¿Hasta cuándo?

La primera semana de mayo ha traído como hecho noticioso la renuncia del diputado Pepe Auth al Partido por la Democracia (PPD), en el  que militó durante 28 años. Justificando su determinación, el parlamentario señaló que la colectividad había perdido su orientación original y estaba actualmente manejada por el senador Guido Girardi a quien definió como su “socio controlador”.

Al concluir la semana, se confirmó el desafuero del senador Jaime Orpis, ex UDI, y se anunció la querella del Servicio de Impuestos Internos en contra de los hijos del senador DC Jorge Pizarro, de las secretarias de los ex senadores UDI Jovino Novoa y Pablo Longueira, de algunos ejecutivos,  y del otrora candidato presidencial Laurence Golborne.

Como si lo anterior no fuere suficiente, aparece un correo mediante el cual la empresa minera no metálica SQM invitaba a cuatro senadores UDI a una visita a los yacimientos situados en el área de San Pedro de Atacama.

Cualquiera persona dotada de un mínimo espíritu investigador, al tenor de los antecedentes sucintamente relatados, se habría planteado una serie de preguntas:

¿No resulta ridículo que, en su defensa, Girardi haya señalado que la acusación de Auth no tiene asidero pues los partidos no tienen socios controladores sino solamente las sociedades anónimas? ¿Acaso el senador no captó la ironía de la acusación?

¿Por qué el Servicio de Impuestos Internos se ha demorado trece meses ( un año y un mes) en recabar los antecedentes fundantes para proceder en contra de los jóvenes Pizarro Christi? ¿No eran suficientes las irregularidades tributarias?

¿Es creíble que los dineros pagados a estas personas hayan sido para financiar “asesorías verbales”?

¿Resulta razonable que, en último término, dos secretarias terminen siendo formalizadas (y eventualmente sean condenadas) si quienes las instruyeron para actuar de determinada forma fueron sus jefes?

¿Por qué una persona que pretendía aspirar a la Presidencia de la República tenía (a la época de su candidatura) y tiene (al día de hoy según fluye de los “Panamá  Papers”) dineros en “paraísos fiscales”? ¿Acaso no confía en el país que quería gobernar?

¿Por qué SQM invita, con todos los gastos pagados, a cuatro parlamentarios a visitar los yacimientos de su propiedad, todos de un mismo sector, informalmente? ¿Tiene importancia el que hayan ido o no?

Yendo más atrás….¿Resulta creíble que otro candidato presidencial se haya entrevistado con un alto ejecutivo de SQM y lo haya invitado a su casa para explicarle cual era su política frente al litio?

El cuento es de nunca acabar.

La senadora Carolina Goic, durante el funeral del ex Presidente Patricio Aylwin, pidió perdón por las conductas habidas por los políticos y que han desprestigiado a las élites dirigentes. La inmensa mayoría de las personas vio sinceridad en sus palabras. Una minoría la criticó duramente por lo inoportuno de sus expresiones. Sólo el tiempo dirá si quienes ejercen funciones políticas son o no capaces de traducir en hechos los propósitos insinuados.

Las democracias modernas sólo  pueden funcionar correctamente si cuentan con un adecuado régimen de partidos políticos. Los partidos, desde sus diversas visiones doctrinarias o programáticas, buscan ofrecer a los ciudadanos una propuesta que, atendiendo a la diversidad de los problemas, desafíos y requerimientos de una sociedad, trata de armonizar sus intereses con miras al bien común. Toda otra organización de la sociedad civil trabaja sólo en función de visiones y de propósitos particulares, por muy legítimos que estos sean. Los partidos políticos son esenciales para la vida democrática. Su desprestigio o corrupción daña gravemente la convivencia ciudadana. Por consiguiente, jamás será posible rehabilitar la dignidad de la política si se tolera que algunos sujetos pretendan transformarlos en parcelas de su propiedad, dejando de lado la misión esencial de la actividad política cuál es la de servir a la comunidad.

De acuerdo a lo dicho, todos tenemos la responsabilidad ineludible de luchar inclaudicablemente por el saneamiento de la actividad política. La tarea es, hoy por hoy, más difícil que nunca. Pero si somos intransigentes, si denunciamos sin temor todo acto de corrupción, habremos caminado hacia esa meta.

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