Quién soy Yo y para qué vivo???, intentar una respuesta a estas interrogantes, nos ayuda a reconocernos...
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AUTOCRÍTICA NECESARIA

“La máxima de Churchill de que la democracia era el menos malo de los sistemas posibles alude a una cierta verdad aunque limitada, la democracia ha sido la mejor defensa a corto plazo contra las alternativas no democráticas, pero no constituye una defensa frente a sus propias taras…el peligro está en las versiones corruptas de sí misma” (Tony Judt, Historia del siglo XX)

Toda derrota, más aún si es de envergadura, duele y mucho. Es el caso de la gran derrota electoral, política y social sufrida el domingo 17 de diciembre por el progresismo en general y las izquierdas en particular. Seamos francos, nadie esperaba los guarismos que se dieron, ni siquiera la derecha. Resulta imprescindible una autocrítica que debe apuntar a encontrar las causas profundas de la derrota y que no se reduzca solo a enumerar causas colaterales o coyunturales de ella, como son por ejemplo los errores del Gobierno o las debilidades del candidato. Como partido estamos en deuda por cuanto no hicimos esa autocrítica luego de la derrota con Frei a manos de Piñera en 2009. Es claro…Santa Michelle nos salvaría y redimiría nuestros pecados. Eludirla también ahora resultaría absolutamente suicida para el Partido.
Dentro de las causas de la derrota hay algunas muy obvias tales como: la pérdida de la unidad de la centro-izquierda, proceso en el que todos los partidos tienen responsabilidad y que se resume en esa confrontación políticamente superficial entre “retro excavadora y los matices” que fue bandera de sectores conservadores; los errores del gobierno, con una Presidenta que nunca configuró un equipo completo partidario de los cambios que ella proponía al país; la incapacidad de renovación del proyecto de restauración democrática que propusieron al país la Concertación y luego la Nueva Mayoría y que nos dio el triunfo sobre Pinochet; la ausencia de una lucha ideológica que permitiese a los ciudadanos establecer una divisoria clara entre lo que pensaba la derecha neoliberal y el conservadurismo y nosotros los progresistas, esto permitió que al final la gente nos percibiera como “lo mismo”. Cedimos ante una suerte de pensamiento único que asignó solo al mercado las palancas del progreso del país y con ello cedimos ante aquellos que proclamaban la intangibilidad del modelo; la falta de renovación de los cuadros dirigentes y la parlamentarización de las direcciones políticas, todo agravado por el binominal que contribuyó a eternizar liderazgos e impidió el recambio; la influencia corruptora del dinero en la política; el hecho de que el Partido haya creado todas las condiciones para saltarse la primaria, etc. Todas estas son causas visibles y con seguridad podríamos enumerar otras muchas, pero todas ellas a su vez, son el resultado de una factor causal fundamental que no es otro que la instauración por la dictadura de un modelo económico neoliberal que está en la base de nuestro modelo político, cultural, institucional e ideológico y que finalmente es el que determinó las características de nuestra sociedad de mercado y determinó nuestra propia conducta política que ha tenido como centro la conquista del poder personal por encima de los intereses colectivos y los del país. No enfrentar y corregir esto mediante una fuerte lucha ideológica y los resortes que nos dio el hecho de controlar el gobierno y el Parlamento, fue al final de cuentas el error fundamental de nuestra transición. El origen de nuestra derrota y su carácter estratégico deriva de este error fundamental. Eludimos la confrontación ideológica y política en aras del éxito económico – aunque este favoreciera a unos pocos – y del éxito de la “política de los acuerdos” y con ello se inhibió la necesidad de re-politizar la sociedad y de hacer participar a los ciudadanos que, por el contrario, fueron desmovilizados. La cultura política de la población y valores como la solidaridad y la importancia de lo colectivo, decayeron y fueron reemplazados por el individualismo y el culto a los “emprendedores” y a los “ganadores”. La intelectualidad de izquierda hizo ver esto desde hace muchos años pero las direcciones políticas de los partidos hicieron oídos sordos a estas críticas y sugerencias. Nuestro partido es el responsable principal de esta desviación justamente porque, siendo un partido de izquierda, debió ubicarse a la vanguardia de esta lucha y no lo hizo. Preferimos la comodidad de los salones y los mullidos sillones y la suculenta dieta de los directorios de AFP, ISAPRES, SQM o Bancos antes de trabajar en los frentes sociales y en particular juveniles, llevando un mensaje progresista que le mostrara a la gente que los socialistas continuábamos en la lucha por cambiar LA sociedad y no DE sociedad como alguna vez sostuvo ese gran socialista francés que es Jacques Delors. Chile es una sociedad de mercado cuyo motor es la codicia y donde el individualismo es un estilo de vida y la norma. La ley del “cómo voy ahí” es lo que mueve a todos, incluyendo a los dirigentes y mandatarios de nuestro partido. Huelgan los ejemplos que se cuentan por miles y miles.
Pero veamos lo que ha ocurrido con nuestro Partido y sólo en los últimos tiempos. Somos responsables de errores éticos que han incidido de manera importante en la derrota y que, a la hora de la autocrítica, no pueden ser obviados. El país se enteró en su momento con estupor y nosotros con profundo dolor, que el PS había devenido en una Sociedad de Inversiones. Es decir, había dejado de ser un Partido para transformarse en una suerte de holding con inversiones (bonos) en diversas sociedades incluyendo algunas, como SQM y Pampa Calichera, de sulfurosos antecedentes controlados nada menos que por el ex yerno del dictador. Nos preguntamos ¿Qué explicación política, no contable o financiera, podemos entregar los socialistas a los chilenos para justificar tal decisión? Es claro, los chilenos que se sienten afectados y con razón por los abusos del retail, condenados de la noche a la mañana a vivir casi o en la pobreza luego de jubilar, sufriendo de la ineficiencia de las sanitarias, pagando elevados costos de peaje en las autopistas concesionadas, viviendo en un Chile plutocrático y en una sociedad de mercado, etc. Esos chilenos tendrán que concluir que el PS transformado en una Sociedad de Inversiones con importantes recursos invertidos en esos sectores ya no les sirve como instrumento político y de justicia social. Es más, ahora encontrarán las razones por las que tales abusos e injusticias no han sido corregidos por nuestros gobiernos. Responsabilizarán al PS con sus ministros y parlamentarios – que además han sido financiados por esas mismas empresas -, de todas la injusticias que entraña el modelo económico neoliberal heredado de la dictadura. Peor aún, la escaza credibilidad que aún queda y que es producto de nuestra historia, con lo ocurrido se ha venido definitivamente abajo con toda seguridad para siempre. Todo lo que habíamos prometido: separación total del dinero de la política, cambio del modelo de desarrollo, lucha contra la desigualdad, esencia de la idea socialista, pensiones justas, etc., pasarán a ser solo mentiras demagógicas. El Partido de Allende, Almeyda, Ponce, Lorca y tantos otros camaradas que cayeron luchando por la justicia social, la democracia y la libertad, no se merece esto.
Desde el punto de vista orgánico, a pesar de haber logrado fichar y re-fichar a más de 35 mil camaradas – cifra exigua para lo que el partido tuvo como capital militante en otras etapas de la vida partidaria -, a pesar de eso no somos una Partido fuerte y menos un instrumento adecuado para llevar adelante los cambios que la sociedad demanda. Además es necesario connotar que, para llegar a la cifra mínima de militantes exigida por la ley, se utilizaron, por parte de ciertos caciques, métodos y estilos impropios de un partido de izquierda serio. Un solo alcalde de una comuna de Santiago, y todos sabemos en que terminó ese alcalde, utilizando de manera abusiva el cargo, acarreó a 4.200 personas, seguramente modestos pobladores, a firmar la ficha del Partido. Como en las épocas más duras del feudalismo agrario que vivió nuestro país desde la Independencia hasta los años del Frente Popular. Lo grave es que se ha sabido que la dirección estaba enterada desde hacía mucho tiempo de las costumbres y estilos de ese alcalde, incluyendo lo de sus sospechosas relaciones con traficantes. Sin embargo se miró para el techo y el hombre escaló hasta la vicepresidencia del Comité Central. Es claro con muchos pujos se le terminó expulsando, pero nada se hizo a tiempo. Es claro los lotes se habían puesto de acuerdo y más valía no mover las aguas. ¡Cuánto daño nos hizo esto! ¡Cuánto lo utilizó la derecha en la campaña!
De esta forma un pequeño cacique pretendió llegar a ser el patrón de un Partido con historia y tradiciones como es el nuestro. Este tipo de cacicazgo también se ha da en otras regiones del país. Más grave aún nos parece el hecho de que nuestros parlamentarios ejerzan estas formas de cacicazgo en todos los niveles, incluyendo la Dirección del Partido que ha pasado a ser una suerte de departamento de la bancada.
Camaradas, esta no es la manera de construir Partido, al contrario, es una forma de destruirlo y esto por la sencilla razón que una entidad política deja de serlo cuando sirve a los intereses del caudillo o jefe de lote de turno. Esto no le sirve a Chile y el Partido existe solo para servir a Chile y sus trabajadores manuales e intelectuales.
En un Partido que pretende dirigir los destinos de un país tiene que existir la unidad en la acción, sin ella estamos condenados a ser una simple montonera donde lo único que cuenta son los intereses de unos pocos militantes que, de diferentes maneras y las más de la veces no muy santas, han logrado escalar posiciones a las que se aferran sin limitaciones en el tiempo. Clodomiro Almeyda señalaba y con razón, que nos habíamos ido transformando en un verdadero archipiélago de lotes y sub-lotes manejados por jefes, en general parlamentarios o simples caciques, que disponen de la fuerza de un grupo servil a sus intereses personales. En tales condiciones ¿Será posible la unidad de acción y avanzar con ella en la construcción un país más democrático y más justo como lo han acordado TODOS nuestros Congresos partidarios? Ciertamente que NO.
Los casos de corrupción directa, indirecta o embozada, han sumido a Chile en una crisis global de confianza y credibilidad. Esta ha impactado al Gobierno, pero fundamentalmente a los Partidos y al Congreso. La instituciones continúan funcionando aunque, en general, con niveles de credibilidad muy bajos. Los altísimos niveles de abstención electoral son alarmantes por cuanto al final pondrán en duda la legitimidad de nuestras autoridades elegidas. Sin embargo no faltan los dirigentes y parlamentarios socialistas que todavía sostienen que “no es para tanto”. ¿Por qué se busca minimizar una realidad que nos golpea todos los días? Simple, reconocerlo implicaría una necesaria autocrítica y eso puede poner en peligro las posiciones de poder alcanzadas. Entonces, primero los intereses personales y después los de país y más lejos aún los intereses de los trabajadores y los más humildes de Chile.
Ciertamente que el cuadro es todo, menos halagüeño. El intelectual socialista Manuel Antonio Garretón ha manifestado en una Carta Pública reciente en que entrega ideas que compartimos que “Chile enfrenta una crisis profunda. Su origen se encuentra en la presencia de un modelo económico social neoliberal heredado de la dictadura y de un modelo político centralista, autoritario y elitista que impide su transformación”. No podemos estar más de acuerdo. La batalla ideológica y política contra un modelo económico que está en la base del modelo de sociedad de mercado en que vivimos, es central. Sin embargo como socialistas nos preguntamos ¿Cómo damos esta batalla sin partido?, ¿Podemos hacerlo con una entidad que dejó hace tiempo de ser un instrumento de lucha de la izquierda chilena para transformarse en instrumento de intereses de grupo, cuando no de grandes empresarios? La presencia de militantes nuestros en directorios de Bancos, Empresas, ISAPRES y AFP, lo confirman.
Aclaramos que no estamos contra la empresa privada, todo lo contrario el Estado debe crear las condiciones para su desarrollo. Nos interesa la competencia que, funcionando regulada adecuadamente, favorece al consumidor y estimula la inversión. Sin embargo, seamos honestos, ¿Existe realmente en Chile la libre competencia? La abismante concentración de la riqueza existente, la colusión entre las grandes empresas, pero también en las medianas, la existencia de monopolios en todos los sectores, la integración vertical de las empresas, etc., nada tienen que ver con la libre competencia como si existe en las verdaderas economías sociales de mercado, por ejemplo las europeas.
¿Qué ha sucedido con el Partido a los largo de esta interminable transición desde el punto de vista político? Simple, ha participado como protagonista principal en ella pero con los años, y en aras de la gobernabilidad, abandonamos posiciones de izquierda para terminar disputando el centro y con varios de nuestros mandatarios y altos funcionarios en posiciones claramente de derecha. Permitimos sin gran discusión que la derecha impusiera su veto permanente a toda iniciativa progresista o que oliera a cambio cuando adoptamos como línea oficial la llamada “democracia de los acuerdos”. No olvidemos que fueron militantes nuestros quienes, inspirados por un pragmatismo extremo, idearon y fueron ejecutores clave de esa política. Abandonamos los movimientos sociales dejando esos espacios, el estudiantil por ejemplo, en manos de fuerzas anarquizantes cuando no disgregadoras. En resumen, el Partido se adocenó camaradas y cuando una fuerza de cambio lo hace pierde vigencia por cuanto deja de pertenecer al sector de la sociedad al cual se debe. Así terminamos siendo “ni chicha ni limonada” como cantaba Víctor Jara.
El pragmatismo extremo que ha primado en las decisiones políticas del Partido en esta transición nos recuerda algo expresado por Tony Judt hace ya tiempo. “ …la delgada línea que separa el realismo político del cinismo moral es muy fácil de cruzar, y el precio de hacerlo, con el tiempo acaba pagándose con un espacio político corrupto”. Sí camaradas, tiene razón el historiador socialdemócrata ya fallecido. Es lo que nos ha ocurrido en el Partido y en el país.

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1 Comentario en AUTOCRÍTICA NECESARIA

  1. EL MERCURIO, Samuel Bello Sepúlveda
    http://www.elmercurio.com/blogs/2018/01/02/56975/La-izquierda-extraviada.aspx
    Jorge Marshall: “La izquierda extraviada”.
    1. “La experiencia muestra que el progreso de los países va de la mano con su capacidad de construir una visión compartida, que contenga los anhelos más profundos de la población y que, al mismo tiempo, esté firmemente anclada en la realidad. Esto fue lo que los líderes de la Concertación lograron articular a fines de los 80, sentando las bases del enorme progreso en los veinte años siguientes”.
    – El resultado del Plebiscito 1988 muestra con toda nitidez que “en la población” no existía “una visión compartida” y que por lo tanto no podía existir y por eso no existió nada parecido a una “transición a la democracia”, sino que, por el contrario y hasta el día de hoy, las fuerzas del NO iniciaron un proceso de democratización del país post dictadura oligárquica.
    2. “Claramente, la izquierda mantenía la ventaja intelectual y política en los debates de futuro, que algunos asociaron con la elaboración del “relato” postransición, que apelaba entonces a la construcción de un país moderno, integrado al mundo y que avanzaba en equidad”.
    – Es aquel proceso de democratización el que mantiene a las fuerzas por el NO con “ventaja intelectual” frente a las fuerzas oligárquicas que claramente a él se oponen.
    3. “Sin embargo, el fracaso del Transantiago en 2007 y los malos resultados en las elecciones municipales en 2008, por mencionar dos hechos de amplia repercusión, interrumpieron este proceso reflexivo”.
    – No, las listas Concertación Democrática (27,84%) y Concertación Progresista (17,29%) en las elecciones municipales de 2008 explicitan una tensión existente al interior de las fuerzas por el NO en todas las luchas por el avance democratizador desde al menos 1938 y muy ostensible durante los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende y, por cierto, contra la dictadura. Tensión que los términos “autoflagelantes” y “autocomplacientes” no logra apañar.
    4. “Esta debilidad de los partidos tradicionales permitió que los movimientos sociales comenzaran a tener una creciente influencia en el sistema político”.
    – Así, como toda debilidad, la “debilidad de los partidos tradicionales” tuvo precisos contenidos: decisivamente, asumir que encabezaban un proceso de “transición a la democracia” y que incluso, para demasiados, ya entonces cabía darlo por terminado, y no un proceso de democratización del país todavía hoy en marcha.
    5. “En definitiva, la política de los movimientos sociales tiene menos de solidaridad y más de individualismo; menos de responsabilidad hacia lo colectivo y más de demandas privadas”.
    – Preciso contenido también de aquella “debilidad de los partidos tradicionales” y derivada de la anterior es que dichos partidos tomaran tanta distancia de las fuerzas sociales por el NO, esto es por la democratización del país, como nunca desde 1938 al presente, favoreciendo la influencia en ellas de tendencias “izquierdistas” pequeño-burguesas, por definición incapaces de apreciar el “bien común”.

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