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Chile, país desarrollado, ¿Problema de Marshall o responsabilidad de todos?

Pamela Espinosa

Psicóloga, Magíster en Desarrollo Organizacional Coach Profesional Pontificia Universidad Católica Directora Consultora Desafío

Me impresiona ver las desacreditaciones publicadas y las discusiones entre los partidos políticos frente a las iniciativas que se proponen para desarrollarnos como país y hacernos cargo de los principales dolores que tenemos como nación. ¿Por qué en vez de criticar lo que se propone no aportan colaborando, perfeccionando y puliendo las iniciativas de solución, en vez de destrozarlas públicamente? ¿Qué sacamos con que las macro-políticas de nuestro país impulsen programas de reactivación económica, si los chilenos seguimos comportándonos como subdesarrollados en nuestro día a día? Una de las iniciativas de mejora que se están proponiendo, están inspiradas en programas de reactivación económica como el “Plan Marshall”, realizado después de la segunda guerra mundial, en el cual EUA entregó apoyo a Europa Occidental para salir de la penuria post guerra que vivía Europa. Esta ayuda, movilizó eficientemente los recursos humanos, la estabilización monetaria, la cooperación y la producción industrial y agrícola, balanceando la planificación de recursos empresariales, la producción de la cantidad de acero; la industria alimenticia y los acuerdos comerciales con los mercados exteriores, que impulsaron la modernización y la capacidad de producción de los países; logrando alcanzar grandes resultados en la esfera económica. Cierto es también, que fuimos “graduados” como país que ha salido del subdesarrollo, en octubre 2017, de acuerdo a lo definido por el Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE (CAD), que en 2013 revisó la lista de las naciones elegibles para la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) y determinó que Chile, Uruguay, Antigua y Barbuda, países considerados hasta ese entonces, de renta media alta, se graduarían en octubre de 2017 si continuaban superando los US$12.700 en el umbral de renta per cápita fijada por el Banco Mundial para declarar un país como desarrollado. Hoy, nos hemos graduado y Chile está en la categoría de “desarrollo en transición” que tiene como característica el tránsito continuo en el nivel de ingreso. ¿Estamos felices por esta graduación? ¡No!, somos tan paternalistas que estar en esta categoría, significa que nuestro país no podrá acceder a créditos preferenciales otorgados por bancos de países desarrollados donantes de cooperación ni otros beneficios que se les da a través de la OCDE a los países más desaventajados que participan de la CAD. ¡Paremos de ser tan dependientes! Estamos logrando el desarrollo como país, creamos en nosotros, sintámonos capaces de producir el apalancamiento que requerimos para transformarnos definitivamente en una nación desarrollada. Esto implica que tanto los ciudadanos como los equipos y partidos, deben convivir como personas desarrolladas. Entendamos que la capacidad de colaborarnos constructivamente, más que tratar de subir despedazando al otro, es lo que de verdad hará más eficientes nuestros esfuerzos y nuestras inteligencias. No es cliché que 1 + 1 es más que 2. Invito a los representantes de las diferentes ideologías de nuestra sociedad a unir sus inteligencias en pro del desarrollo del país más que del crecimiento de sus partidos. ¿Es muy utópico? ¿Y si hacemos la prueba?

A dos meses de asumir un nuevo gobierno, es de conocimiento que uno de los principales objetivos de la nueva administración es el repunte de nuestra economía. Un objetivo fundamental y urgente, dado el magro desempeño económico de los últimos cuatro años, que dejó un crecimiento promedio de 1,7%. Retomar la senda de crecimiento y dejar atrás los factores que causaron este desempeño no es tarea menor. Paralelamente, mucho se habla de desarrollo económico, factor clave para poder implementar una serie de políticas públicas que beneficien principalmente a los sectores más vulnerables y otorguen acceso a satisfacer necesidades absolutamente básicas como salud, educación, seguridad, empleo, entre otras.

La interrogante que da título a éste pequeño análisis es de gran magnitud, motivo por el cual una forma “didáctica” de amalgamar crecimiento y desarrollo es centrarse en lo opuesto: la diferencia,  punto de partida óptimo para debatir y dejar el tema puesto sobre la mesa.

La diferencia fundamental entre estos dos conceptos me hace recordar al destacado economista Sr. Francisco Rosende, quien siempre planteó que: “La economía es para ponerla al servicio de los más necesitados”. El trasfondo de esta frase es enorme pues habla de calidad de vida, sacándonos del tecnicismo y destacando que la ciencia económica traspasa estadísticas y datos y es, sobretodo, una ciencia social.

Se habla en los medios de desarrollo y crecimiento económico como si fueran sinónimos, lo que claramente no es así, la diferencia es enorme y abarca varias aristas. A modo de ejemplo, es  como si dijéramos que si hay dinero hay felicidad. No necesariamente una cosa implica la otra. La calidad de vida juega un rol esencial en esta diferenciación, que  es lograr el equilibrio entre bienestar físico, emocional, social, familiar, y varios aspectos que no pasan solamente por lo económico, es una sumatoria de factores que contribuyen a que las personas se puedan desarrollar.

Entonces, ¿qué rol tiene la economía en lo antes expuesto? Uno bien importante: En un país desarrollado la calidad de vida de su gente – alma y motor – es alta. Un país que avanza en un camino de desarrollo logra mejorar el empleo, la educación, la salud y la seguridad ciudadana y se acorta la brecha de desigualdad y falta de acceso para que así sus habitantes puedan progresar en todos los ámbitos. Cuando las personas tienen acceso a desarrollarse, a proyectarse y en el fondo a vivir mejor, darán lo mejor de sí en su trabajo, en su hogar y en su comunidad, lo que a nivel macroeconómico nos hace ver “un todo”, una sumatoria de fuerzas individuales que empujan un país hacia adelante, cuando las condiciones están dadas, por supuesto.

Es imposible y muy difícil dejar de lado el análisis técnico y los hechos estilizados de nuestra economía, aunque visto muy a grosso modo, tenemos claro que  cuando no hay inversión no hay empleo, baja el consumo y el ahorro y se mueven todas las variables económicas y datos estadísticos, que a personas en situaciones de vulnerabilidad y pobreza nada importan. A quienes viven en situación de pobreza extrema le importa que el “dinero le alcance para llegar a fin de mes” y que los precios de los productos básicos, sobretodo de la alimentación y combustible no suban.

Manteniendo  la cautela, vemos un punto de inflexión positivo los primeros meses de este año, ya que la incertidumbre que marcó a los mercados hasta el año pasado se ha disipado en gran medida, lo que hace prever un aumento en la inversión privada y pública y con ello una disminución en el nivel de desempleo, y aumento en niveles de consumo y ahorro, dejando atrás un periodo de estancamiento que no veíamos hace décadas. Sin duda, el IMACEC de 4,6% el mes de marzo nos hace ver un escenario optimista y mejores proyecciones de crecimiento para este 2018.

Pero antes de cualquier análisis o implementación de políticas públicas, es relevante tener siempre en cuenta las características de nuestro país. Chile es un país con desigualdades socioeconómicas enormes, una geografía muy diversa, con múltiples y variados climas y culturas y, además, tremendamente centralizado, donde pocos saben que una de las ciudades con la desigualdad más grande (medido por el coeficiente de Gini) se encuentra en la región del Biobío. Además, Santiago no es Chile, cada región es un mundo y las necesidades totalmente diversas, principalmente por nuestra geografía y distribución del ingreso. Es por ello tan importante que las políticas económicas NO sean estándar.

No olvidemos que Chile no es una isla y como país abierto a los mercados internacionales, dependemos fuertemente del resto del mundo y lo que ocurra con los commodities (cobre, petróleo, etc.) y sus precios actuales y valores futuros, así como también de los vaivenes y shocks externos en materia geopolítica, financiera, monetaria y bursátil. Somos un país vulnerable, motivo por el cual cada decisión económica, en materia fiscal y monetaria debe ser extremadamente cautelosa.

Ahora, y volviendo al tema social, ¿las políticas económicas  aseguran un cambio positivo en el ciudadano común?, ¿mejorarán su calidad de vida? En un escenario de crecimiento en vías al desarrollo, ¿de qué forma se traspasa esto a la calidad de vida de las personas?

Es imperativo “aterrizar la economía” y en muchas ocasiones dejar los tecnicismos para que todos sepan como les afecta en lo cotidiano y a futuro las decisiones económicas, ya que no todos tienen que saber sobre economía y las políticas principales de ella: monetaria y fiscal. Recordemos siempre que el principal objetivo de las políticas que se implementen deben ser el crecimiento, pero no sólo en cifras, sino en calidad de vida. Al tener ese norte como objetivo podremos hablar de un país en vías de desarrollo, un país que apunta a su gente y que quiere crecer en beneficio de todos.

Fuente del texto: Diario El Mostrador
Fuente de imágenes: http://codexverde.cl; http://habitar-intermedio.cl

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3 Comentarios en Chile, país desarrollado, ¿Problema de Marshall o responsabilidad de todos?

  1. Hay un punto en el que no estoy de acuerdo con el articulo. Que tengamos un PIB cercano al promedio de los paises de la OCDE no es signo de que Chile está en el ‘umbral del desarrollo’. Estamos muy lejos de ello, la verdad sea dicha. El PIB es un mal indicador para medir eso. Para pretender ser verdaderamente desarrollados primero tenemos que aprender a hablar, a leer y escribir bien y acabar con los males de la educación, después vendrá todo lo demás: respetuo mutuo, cultura cívica, respeto a la naturaleza, etc. La lista es muy larga. Otra cosa es la permanente confusión entre crecimiento y desarrollo; podemos desarrollarnos sin crecer y no podemos seguir creciendo ‘ad Infinitum’ en un planeta con recursos finitos.

    • Hola Carlos gracias, estoy de acuerdo con su punto y es justamente lo que enfatizo con el título y al señalar que nuestro comportamiento general es Aún muy subdesarrollo… Sin embargo veo iniciativas y logramos indicadores que sin duda son fortalezasque podemos utilizar como impulsores que nos permita continuar y profundizar este aprendizaje como nación para el desarrollo. Mi mirada es desde el punto de vista de la psicología positiva y de la responsabilidad personal absoluta que considero que tenemos cada uno de los chilenos por los resultados de nuestras propias vidas.

  2. Muy buen artículo Pamela.
    Muy importante, “aterrizar ” la economía, sobre todo para entenderla y para que valore a los mas débiles y no para fortalecer a los poderosos.

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