«Aquellos o aquellas que creen que la política se desarrolla través del espectáculo o del escándalo o que la ven como una empresa familiar hereditaria, están traicionando a la ciudadanía que espera de sus líderes capacidad y generosidad para dar solución efectiva sus problemas.»

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¿CONVENIENCIA O SENTIDO?

José Víctor Núñez Urrea

Sociólogo Universidad de Lovaina, Bélgica.

Cuarenta años trabajando, veintiuno de los cuales en posiciones directivas, en cuatro países y una docena (creo) de organizaciones, me permitieron observar cómo actuaban las dimensiones “conveniencia” y “sentido”, para constituir un dilema clave en la gestión estratégica de cualquier organización, observación que pude compartir con mi recordado amigo Jorge ( ) y convertirla en una de las ideas matrices del libro que escribimos juntos en el año 2009.[1]   En esa oportunidad nuestro marco de referencia era fundamentalmente la empresa, entendida como una forma de organización orientada a lograr objetivos específicos (siendo la rentabilidad el principal), dentro de determinados tiempos y espacios, mediante un conjunto de  normas, metas, procesos y actividades.

Diversas experiencias y lecturas posteriores me han hecho pensar que este dilema podría seguir vigente, tanto en el mundo organizacional como en otros dominios de la vida social, y, si este fuera el caso, sospecho que sería uno más entre los muchos que presenta nuestra dispar modernidad.  Pero, no fue sino hasta leer el primer libro de Jorge Larraín, publicado en 1966 [2], llegado a mis manos gracias a la generosidad de mi querido y versado amigo Samuel Palma, que me animé a “tomar la pluma” (léase el computador) y escribir un par de líneas, pensando que algunas las reflexiones hechas en aquellos años podrían seguir siendo aplicables hoy. 

“Existe un hilo conductor desde los filósofos de la Ilustración Francesa del siglo XVIII, pasando por los economistas de la economía política clásica, los teóricos marxistas, los sociólogos weberianos de la modernización, hasta los pensadores neoliberales de hoy: todo ellos están en la batalla contra la ideología como la antítesis de la razón.” (Larraín, 1966). 

Inmediatamente me surgió la pregunta ¿Qué entenderá el autor por razón?  

El término razón proviene del latín ratio, rationis que significa cálculo, razón o razonamiento y se refiere a la facultad del ser humano de pensar y reflexionar en torno de su observar personas, grupos, situaciones u objetos, para elaborar sus juicios sobre lo observado.   No obstante, el término razón puede tener varios significados dependiendo cómo se emplee: razón instrumental (se refiere a la utilidad del motivo, propósito o intención de su enunciado); razón social (denominación legal registrada por una compañía); razón circulante (liquidez en el momento del cierre de un ejercicio fiscal); razón argumental (razonamiento esgrimido para probar algo o persuadir); etc.

Larraín sugiere que “la ideología como ciencia implicó un optimismo renovado y una confianza en el progreso, la razón y la educación. (…) Por otro lado, la creencia en la razón, especialmente en la razón instrumental, está muy unida con un concepto crítico de ideología.”.  Es evidente que los escritos del autor proyectan su análisis más allá del campo de las organizaciones, pero antes de intentarlo optaremos por revisar brevemente la evolución de este tipo de entidades.

El siglo XIX puede ser caracterizado por las revoluciones políticas ocurridas en diferentes latitudes del planeta y los cambios en los procesos de producción que, a medida que se difundían, generaron el resquebrajando de la sociedad estamental, hasta su reemplazo por la sociedad de clases.   “Los privilegiados de la vieja sociedad feudal fueron desplazados o se fusionaron con la nueva clase dominante, la burguesía, al tiempo que la industrialización hizo crecer a su directo antagonista, el proletariado (…) la clase obrera protagonizó reivindicaciones y movilizaciones que se desarrollaron en un escenario esencialmente urbano.” (Revista Digital H. y CS, 2021).[3]  La sociedad de clases, más abierta y permeable que la estamental, concedió un mayor grado de libertad a los individuos, pero, al tiempo, mantuvo profundas desigualdades, cimentadas ya no sobre la ley o la tradición, sino sobre la riqueza y la propiedad.

Desde las últimas décadas del siglo XX, el mundo empresarial logró colonizar diversos ámbitos de la sociedad, mixturándose – aunque prevaleciendo – con otras lógicas de gestión. Su modelo de funcionamiento, basado en las doctrinas del management de empresas, con sus herramientas administrativas, un sinfín de conceptos y de principios asociados al respecto, fue cobrando cada vez más peso al momento de “poner orden” a diferentes categorías de organizaciones. Este nuevo orden abarcó no sólo a las organizaciones del sector privado sino también a las de la administración pública (Mas, 2021)[4]La sociedad chilena también experimentó profundos cambios a partir de la segunda mitad del siglo XIX: En el ámbito político, los gobiernos conservadores, de corte autoritario, fueron reemplazados por gobiernos algo más liberales. En el ámbito económico, la primera mitad de ese siglo estuvo dominado por una economía centrada en la producción agrícola, para cuya defensa y fomento, los líderes del sector,en el año 1838,  crearon la Sociedad Nacional de la Agricultura (SNA).   

Posteriormente, al llegar la segunda mitad del siglo, el dominio de la economía agrícola es reemplazada por otra basada en la producción y exportación de los productos minerales, para cuyo fomento, en el mes de diciembre de 1883, se creó la Sociedad Nacional de Minería (SONAMI) la que, en este mismo mes, editó el Boletín Minero, una de las publicaciones mineras más antiguas del mundo.  Y, aunque la producción industrial era todavía muy incipiente (y tal vez por lo mismo) los escasos representantes de este sector se apresuraron, en el mismo año 1883, a fundar la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA), con la misión de apoyar el desarrollo industrial.

Simultáneamente, este período estuvo cruzado por los efectos de la secularización del Estado y de la llamada “cuestión social”.   El Estado, desplazando a la Iglesia Católica, empezó a controlar la actividad educacional y, en 1860, publicó la Ley de Instrucción Primaria, que dejó a la educación primaria pública a cargo del Estado, pero dejando que la educación primaria particular fuese asumida, en gran medida, por la Iglesia Católica conjuntamente con sociedades filantrópicas.

 Este período se caracterizó también por el surgimiento de nuevas organizaciones de obreros y artesanos que asumieron la representación de las necesidades de grupos emergentes como los sectores obreros, tales como la salud, la instrucción, la alimentación y la recreación y cultura.

“En las décadas de 1850 y 1860, el crecimiento económico estuvo relacionado con la exportación de trigoplata y cobre, lo que permitió la estabilización de las finanzas públicas y un significativo crecimiento de los  ingresos fiscales que facilitó la  modernización el sistema financiero con la creación de numerosas instituciones crediticias al alero de la Ley de Bancos de 1860 y se modernizó la infraestructura productiva y de transportes del valle central chileno” [5].

El auge económico posibilitó el desarrollo de diversos programas de obras públicas y de proyectos educacionales, en línea con el despegue económico, la evolución de los centros urbanos y la instalación en el país de las primeras industrias orientadas al mercado interno. Es necesario agregar que este auge se explica, en parte, por el enorme crecimiento de las economías industriales europeas, que alcanzó su clímax a mediados del siglo y, por lo mismo, dicho auge tuvo la misma duración de este clímax.

El conjunto de transformaciones sociales, económicas, tecnológicas, culturales y políticas que tienen lugar en la sociedad durante un prolongado período del tiempo histórico y durante el cual se modifican de un modo más o menos profundo, el modo y las condiciones de vida, el patrón cultural de referencia, el sistema político, el sistema económico, con sus respectivas (Rodríguez, 2012)[6]

Entre 1876 y 1878 se fundaron una serie de sociedades mutualistas en distintas ciudades del país. Estas organizaciones realizaron manifestaciones, mítines y emitieron la “Petición de los obreros de Chile al Presidente de la República” para solicitarle directamente que tomara medidas concretas frente a la crisis económica que afectaba al país.    

Cada vez que nos preguntamos cómo será el futuro de las organizaciones, terminamos aceptando que esta pregunta ya no tiene mucho sentido, por una razón muy sencilla: desde los años 2000, éstas viven permanentemente en el futuro. El cambio tecnológico permanente y, más recientemente, la inteligencia artificial (IA) forman parte de los procesos regulares en las organizaciones más modernas.  El metaverso[7] pasó de ser un espacio de indagación regular en la toma de decisiones y el manejo de las redes sociales.  

Sin embargo, no todos los líderes de larga trayectoria han logrado adaptarse con facilidad a un presente invadido por la tecnología y por muchos paradigmas nuevos.   La tecnología automatizó muchos procesos y expandió dramáticamente el tiempo (factor considerado escaso y volátil), necesario para tomar mejores decisiones, anticipar los cambios y adaptarse a coyunturas crecientemente cambiantes. Muchas organizaciones han debido enfrentar retos realmente desafiantes, debido que cambios tecnológicos que aparecen con una intensidad frecuencia que pocos líderes pueden controlar y superar.  

Si bien la tecnología, la IA y los análisis de datos son indiscutiblemente poderosos, también pueden ser llegar a ser inservibles en algunos campos o cincunstancas, simplemente porque no poseen las características propias del ser humano, como el criterio, el juicio, la imaginación y el sentido común.

“Es importante que un líder 3.0 conciba la tecnología como una pieza clave para su desarrollo organizacional, pero sin caer en la tentación de usarla de manera innecesaria, ya que puede poner en peligro los esfuerzos de su equipo hacia el logro de diferentes objetivos. Es hora de evaluar si es necesario aplicar las últimas tecnologías, que deberán ayudar a fortalecer las funciones de su equipo y crearán nuevas capacidades organizativas.” (Urbina,2022)[8]

 Nietzsche decía que no existen hechos sino interpretaciones.  Sin duda todos interpretamos; y más aún, hacemos interpretaciones de interpretaciones, muchas veces sin percatarnos de sus implicaciones o de las consecuencias que podrían tener para otros. Y esto porque, muchas veces, a partir de una interpretación se define lo que es o no real, lo que es o no posible y lo que es o no beneficioso.  

Una de las interpretaciones del término “sentido” es como descriptor de los receptores sensoriales (olfato, vista, oído, gusto y tacto).  Pero posee otras muchas interpretaciones, como, por ejemplo, “pronunció unas sentidas palabras” (expresa un sentimiento); “quedó muy sentido con lo que le dijeron” (respuesta emocional); “perdió el sentido por el golpe recibido” (describe un daño); “su buen sentido le aconsejó esperar” (refiere a una capacidad apreciativa); “tiene un gran sentido del deber (describe una disposición); su conducta carecía de sentido (razón de ser o finalidad);  luchar por la justicia le dio sentido a su vida (orientación central).

Más allá de la multiplicidad de interpretaciones, el “sentido” se puede abordar desde dos perspectivas:

a. La perspectiva del estado efectual Se refiere a un estado que pone en obra o en ejecución un evento o un proceso, trayendo a la mano la historia (el pasado no es algo vacío).  Por ejemplo, el haber sido algo en el pasado nunca se borra por completo y la evocación de los efectos de lo que fue, no sólo puede traer al presente sus efectos, sino que éstos pueden ser actuantes en el presente.  Expresado de otra manera, lo que ayer tuvo sentido puede seguir teniéndolo hoy.

b. La perspectiva del estado principal, presente en el comportamiento de las personas como producto del modo cómo se articulan los estados de ánimo con los estados mentales.  El estado de ánimo es el conjunto de las emociones que sentimos. El estado mental es el conjunto de pensamientos e ideas que acompañan a los estados de ánimo.   En consecuencia, esta perspectiva propone que el sentido es apoyado por una estructuración específica de emociones y de pensamientos.  

Las dos perspectivas comparten un mismo espacio semántico presidido por la idea de conocimientos ciertos y efectivos, aunque limitados por un alcance epistemológico no reductible al modelo de las ciencias físico-matemáticas y, por lo tanto, como un concepto poco preciso, que acepta como pensables diversas interpretaciones subjetivas.

Como dijo el psicoanalista Erich Fromm, el sentido de la vida no es más que el acto de vivir en uno mismo. Cómo experimentamos cada una de las horas y los días, de los meses y los años, moldea el propósito de nuestra existencia. Y este, a su vez, es el responsable de sentir plenitud. Muy filosófico. Pero es que, además, tal y como avalan numerosos estudios científicos, incide en nuestra salud.” (Van den Berg, 2017)[9]

Según Viktor Frankl, el sentido de la vida está en hallar un propósito, en asumir una responsabilidad para con nosotros mismos y para el propio ser humano. Así, teniendo claro un “por qué” podremos hacer frente a todos los “cómo”.  Sólo sintiéndonos libres y seguros del objetivo que nos motiva, seremos capaces de generar cambios para crear una realidad mucho más noble.


“Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino” (Frankl, 1946)[10]

Este testimonio de Frankl pone la mirada sobre el hecho que, muchas veces, es en las situaciones problemáticas donde suele emerger la posibilidad de generar un camino o un modelo de superación de circunstancias adversas.  Un modelo esquemático del problema con diferentes “estados principales” o disposiciones frente a cómo buscar la o las soluciones al problema, podría ser el siguiente:

  • La primera disposición – relativamente frecuente en personalidades arrogantes que creen saber todo lo que se puede y no se puede hacer – sitúa a las personas frente a una situación de Infortunio y claro, eso explica no puedan ni siquiera imaginar algún posible camino de solución.
  • La segunda disposición – más modesta – simplemente acepta que se ignora o no se sabe qué hacer, es decir, sitúa a la persona frente la incerteza o la incertidumbre, lo que, muy frecuentemente, se manifiesta en una tendencia a esperar hasta saber algo más y que, de prolongarse, puede terminar en una suerte de parálisis o de excesiva vacilación antes de actuar.
  • La tercera disposición, compartiendo de alguna manera la modestia de la segunda, muestra una gran diferencia respecto de ésta, al expresar una actitud más proactiva hacia explorar o aprender cómo superar el problema y, tal vez, lo que es más relevante, mantiene abierta la posibilidad de pedir ayuda o de convocar a otros a participar en la búsqueda, el descubrimiento o la creación de soluciones.

Lo sabemos, todos tenemos claro que no hay pregunta ni búsqueda tan complicada como la que intenta definir qué es para cada uno de nosotros eso que llamamos “sentido de vida”. Tal cuestión puede contener matices espirituales, filosóficos, motivacionales, o, incluso, morales, de ahí que, a menudo, quienes se enfrenten o se propongan la pregunta, intenten cerrarla rápidamente con algunas expresiones típicas como:  ser feliz y hacer felices a los demás, sentirse satisfecho(a)s, hacer el bien o no hacer daño, etc., etc. Por lo mismo, no son pocos los que, al intentar una respuesta más seria o profunda a esta pregunta, experimentan un cierto vacío existencial: ¿Qué puedo decir sobre el sentido de la vida si lo único que hago es trabajar, alimentar a mi familia, pagar las cuentas, el dividendo y los créditos, criar lo mejor que puedo a mis hijos, ahorrar algo para la vejez…Si todos mis días me parecen iguales y si en realidad no le encuentro sentido a nada de lo que vivo? Ante situaciones como ésta, el célebre neurólogo, psiquiatra y fundador de la logoterapia, Viktor Frankl, solía dar una respuesta que es una invitación a la reflexión: “El ser humano no tiene la obligación de definir el sentido de la vida en términos universales. Cada uno de nosotros lo haremos a nuestra manera, partiendo de nosotros mismos, desde nuestra afectividad, de nuestro potencial y de nuestras experiencias, descubriéndonos en nuestro día a día. Es más, el sentido de la vida no solo difiere de una persona y otra, sino que nosotros mismos tendremos un propósito vital en cada etapa de nuestra existencia e incluso en cada dominio de recurrencia de nuestra existencia”. (Frankl,1946)[11]

Por su lado, el doctor Arturo José Sánchez define el sentido de vida como “estar en el mundo de individuos concretos y continúa definiendo el encuentro con uno mismo como la confluencia de factores biológicos, psicológicos y sociales que contribuyen a  la conformación de un sentido de  la vida correcto desde el punto de vista ético-moral, en un individuo interesado en aprovechar esa confluencia, lo cual no es más que  el logro  por parte del individuo de una  orientación con relación a él mismo como ser bio-psico-social.” (Sánchez, 2005)[12]

Este autor agrega que no todos los individuos son conscientes de un sentido de vida, unos porque no llegan a definirlo; otros porque habiéndolo hecho, lo perdieron. Propone, además, que para que una persona asuma un sentido de vida, los factores favorables a su definición, deben ser activados por las personas que decidan poner toda su voluntad en ello, aún a sabiendas que puede estar condicionada y determinada por factores propios y del entorno.  

Volviendo al dilema sentido o conveniencia, podemos modelarlo, aceptando que las entidades humanas – personas y organizaciones – deben evolucionar en espacios de existencia definidos por dos paradojas[13] de la siguiente manera:

La paradoja Evolutiva conformada en cada instante presente de la entidad en el que es simultáneamente un Producto de su Historia y un Proyecto de Futuro. Esta paradoja se resuelve abandonando aspectos del Producto simultáneamente con la construcción del Proyecto

  • La paradoja Integrativa constituida por el proceso de confirmación de la Identidad de la entidad y la resolución simultánea de su proceso de Adaptación al entorno.  Esta paradoja se resuelve por alternancia.

Representando ambas paradojas en modo vectores y cruzándolos ortogonalmente se generan cuatro cuadrantes, que, en el caso de las personas tienen la siguiente forma:

Si nos preguntamos cómo relacionar este esquema con los temas objeto de este escrito, parece claro que el Sentido tiene más que ver con lo que creemos y queremos, mientras que cómo pensamos y actuamos se relaciona más con la búsqueda de la Conveniencia.

“El ser humano es el centro de todas las cosas y la razón instrumental es la herramienta que le permite controlar y dominar, el instrumento que permite la calculabilidad, anticipar el costo y el beneficio de cada acción” (Larraín, 1966).[14]  En este punto es conveniente aclarar que uno de los motivos de mi interés por la obra de Jorge Larraín es que utiliza el concepto de razón de manera similar a la noción de “Lógica” propuesta por nuestro recordado amigo y doctor en filosofía Juan Ruz ( ) quien distinguía: 

  • La lógica instrumental que utiliza un tipo de pensamiento calculador (mide y cuantifica); aplica un enfoque racional (ajusta medios a fines) y enfrenta los problemas con una actitud técnica (busca el control o dominio).[15]  
  • La lógica Relacional que utiliza un pensamiento reflexivo (se interesa por el significado); aplica un enfoque razonable   (relaciona medios y fines a valores),  y una actitud práctica (busca acuerdos o consensos).

La lógica instrumental es claramente más aplicable en la búsqueda de la Conveniencia, en tanto que el Sentido requiere el uso de la lógica relacional.  Aparte de estas lógicas que condicionan tanto el alineamiento apreciativo como el alineamiento operacional de la organización, existen otras dos condicionantes importantes para el relacionamiento interno y externo de una organización, como son la consistencia y la coherencia.

La Consistencia es una cualidad que se refiere a la estabilidad y solidez de las posiciones, los juicios o los comportamientos a lo largo del tiempo.    Esto no puede interpretarse como una condición inamovible; sólo indica que no es fácil de cambiar y que si lo hace es sobre la base de informaciones o fundamentos muy relevantes.   La consistencia construye confianza.

La Coherencia es esencialmente unaactitud o disposición a adaptar las posiciones, los juicios o las conductas a nuevas circunstancias o a desafíos emergentes    Esto no puede interpretarse como expresión de labilidad o de inestabilidad; sólo indica una apertura a cambiar pertinente y congruentemente en función de nuevos contextos.  La coherencia construye credibilidad.

Por lo mismo, se espera que la vida cotidiana entre dirigentes y dirigidos se caracterice por una fluida interacción, lo más alejada posible de los intereses particulares y con sus día a día básicamente orientados a propiciar el diálogo, a un mirarse a los ojos, a intentar conocerse mutuamente y a compartir una misma visión de la realidad, sin protagonismos ególatras ni conveniencias exclusivamente individuales. Para ello, la sociedad y las personas deben resolver el dilema semper praesens entre conveniencia individual y beneficio colectivo y el sentido común.


[1] Jorge Id & José Víctor Núñez, “Gestión con Sentido”, A&V Comunicaciones, 2009

[2] JorgeLarraín Ibáñez, Modernidad, Razón e Identidad en América Latina. Ed. Andrés Bello, 1996

[3] La Sociedad del siglo XIX, Revista Digital de Historia y Ciencias Sociales, marzo 2021

[4] Fernando Francisco Mas, El management estratégico como tecnología de conducción de vida”, Revista Latinoamericana de Metodología de las Ciencias Sociales, Universidad Nacional de La Plata, Argentina

[5] Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile ( Servicio Nacional del Patrimonio)

[6] Manuel Luis Rodríguez U. “Cambio social y transición a la modernidad”, Aulas Virtuales., Universidad del Mar, 2012

[7] El metaverso es un concepto de un universo 3D existente en línea, que combina múltiples espacios virtuales diferentes. El metaverso permite a varios usuarios trabajar, reunirse y socializar juntos.

[8] Franco Urbina Romero, “Fundamentos de la Administración de División Política Administrativa”, 2022.

[9] Eva van den Berg, “El sentido de la vida existe y no tiene nada que ver con la charlatanería”, El País, 18 de mayo 2017

[10] Viktor Frankl, “El Hombre en Busca de Destino”. La primera edición del libro se publicó en 1946 en alemán en Viena bajo el título de Ein Psychologe erlebt das Konzentrationslager (Un psicólogo en un campo de concentración).

[11] Viktor Frankl, op.cit.,1946

[12] Arturo José Sánchez Hernández. Revista Humanismo Médico, Cuba, enero – abril 2005

[13] Paradoja: Un hecho o una frase que parece oponerse a los principios de la lógica. La palabra, como  tal, proviene del latín paradoxa, plural de paradoxon, que significa ‘lo contrario a la opinión común’;

[14] Jorge Larraín Ibáñez, op.cit., 1996

[15] Larraín, por su lado apunta que la razón instrumental, está muy unida con un concepto crítico que conduce al progreso material e intelectual (…) que ayudan a controlar la naturaleza en beneficio de los seres humanos.”

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