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CUANDO LA CIENCIA NO ES OÍDA

Pablo Ardouin

Músico Cantautor y Escritor.

Desde Soltau, Alemania

«Si el niño se infecta puede ser peligroso, tenemos que proteger al niño y a las personas vulnerables, de él y de su peligrosidad».

Entonces, vienen los funcionarios y les cierran sus escuelas, salas cunas y parques infantiles, los obligan a hacer cuarentenas, a encerrarse entre cuatro paredes, a no encontrarse con amigos, a no jugar en los parques y en la calle, a no visitar o interactuar con sus abuelos, a usar mascarillas y a comportarse como adultos; obedientes, responsables, solidarios, compungidos, serios y a sentirse culpables y a tenerle miedo al miedo; de la misma manera como de niños, aprendimos de los adultos a tenerle miedo al cuco y en clases de catecismo, a tenerle miedo al diablo, al infierno y al pecado…

Un niño no puede ser peligroso, ¡ningún niño, por naturaleza, es un peligro!

Un niño -bajo el solo prisma de la medicina y la investigación- es una bendición para el mundo adulto, porque siendo niños, con nuestros resfriados, leves o severos, fortalecemos nuestro sistema inmunológico, el que nos protegerá en la vida adulta. Esa es la ciencia de la naturaleza que debemos escuchar y tomar en serio. Esa es la ciencia que ha permitido la subsistencia de la especie humana.

No podemos permitir que se pretenda hacernos creer que la mejor manera de proteger a nuestros niños es encerrarlos para que no se contagien de algún virus, sea este el que sea. Precisamente el contagio es el que ha permitido la función perfecta del sistema inmune. Si no pueden matar el sistema inmune, lo están ninguneando y eso es lo que, a mí, personalmente, me parece muy sospechoso, porque creo que ese es precisamente el paraíso de la gran empresa farmacéutica.

Nos están infundiendo miedo, cada día, a través de los medios, la televisión, los discursos y conferencias, aunque saben que el miedo es el causante principal del estrés y que la ciencia ha demostrado que esto influye negativamente en la salud mental y física de las personas. Mientras más expuestos estamos a situaciones estresantes, más se debilita nuestro sistema inmune y pierde capacidad para combatir infecciones, virus y gérmenes.

Ahora, imagínense que esto lo están practicando hoy con los niños. ¿Cuáles creen ustedes que serán las consecuencias para su edad adulta? ¿Cómo pretenden combatir un virus, si están debilitando nuestro sistema inmune, en tanto nos bombardean día a día con noticias alarmantes, estadísticas bombásticas y escenas apocalípticas?

Cuando una parte de la ciencia se deja avasallar y manipular por intereses políticos, acariciar por la prensa oficial y los medios convencionales y se deja corromper por los consorcios farmacéuticos, mientras la otra parte -la que arriesga apoyo y prestigio por mantenerse independiente en su trabajo investigativo crítico- intenta hacerse escuchar, pero la política y los intereses de las farmacéuticas y los medios le niegan el espacio que necesita para expresarse, ocurre lo que estamos viviendo.

Mientras tanto el rebaño se victimiza para ser parte de un experimento de vacunación masiva en medio de una pandemia. Es un experimento, en tanto nunca antes se había practicado vacunar a toda la humanidad en medio de una pandemia y hay una parte de la ciencia que no está siendo escuchada, la que advierte sobre el peligro de este experimento que puede ser precisamente el causante de más mutaciones, porque el virus se va adaptando según los nuevos retos y porque esta vacunación indiscriminada, sin distinguir entre si son niños o personas adultas, vulnerables, enfermas, infectadas o no infectadas, sintomáticas o asintomáticas, o completamente sanas, puede  producir el efecto de que el sistema inmune, en su lucha de resistencia, se desgaste y finalmente colapse.

Y por supuesto que hay peligro, todo experimento conlleva un peligro.

Pero se está escuchando solo a una parte de la ciencia, no existe diálogo ni confrontación sana de ideas y trabajos investigativos. Los gobiernos en general, actúan como poseídos por un dogma terco, de cabezazos contra un muro, sin capacidad de enmendar o reconocer errores, sin escuchar las voces críticas de la ciencia. Lo que no se contradice con lo que ya muchos análisis de expertos en la política han también advertido: que estamos gobernados por burócratas, tecnócratas, ignorantes, hipócritas y corruptos que lo único que más saben, no va más allá de lo que aprendieron del capitalismo y la doctrina de la globalización y el marketing del neoliberalismo.

La ciencia es cada vez menos ciencia para el pueblo y más para una élite y sus intereses.

Fotografía:

Leyendas de los carteles de la foto: ¿Realmente soy un peligro viral? Padres en crisis. ¡Soluciones concretas! El Homeoffice no es una guardería.

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