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No estar bien, está bien

Pablo Palma Soza

Psicólogo Magíster en Psicología Social Docente Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades Universidad Autónoma de Chile Sede Talca

Una de las problemáticas propias del siglo XXI es el excesivo interés por parte de ciertos sectores influyentes de la sociedad en el logro de la felicidad, como un fin último, lo que ha derivado en una industria muy lucrativa con poca evidencia científica pero con un claro fin a cuestas que algunos autores han denominado happycracia ( Cabanas & Illouz,2019) en este fenómeno nos sumamos a un excesivo positivismo negando la negatividad tan propia y normal de nuestro propio proceso dialéctico ( Hegel,2017) negamos parte de nosotros arrojándonos sin frenos hacia la positividad extrema, en una enfermiza búsqueda de la felicidad como fin último de la existencia, la cual estando vacía de sentido más que felicidad nos puede entregar placer y disfrute instantáneo muy poco duradero, generalmente basado en el consumo y no en la integración de vínculos humanos. Esto nos produce una nueva ansiedad al no lograr alcanzar la felicidad que vemos en distintos medios de comunicación promocionada como el último logro humano, busquemos ser felices, pero una felicidad muy peligrosa pues es una felicidad individual ( Cabanas & Illouz,2019) basada principalmente en los logros y el éxito que convenientemente queda definido en lo laboral solamente, no como una de las áreas más importantes del ser humano, sino como la más importante, más peligroso aún es que debemos ser felices a toda costa y si no lo logramos la culpa recae 100% sobre nuestros hombros sin ningún porcentaje en el contexto o el sistema social imperante. Esto nos frustra y nos entristece y nos hace desconfiar de nuestra propia capacidad, llevándonos a buscar consumir todo el mundo de los coach de la felicidad y los gurús que nos aseguran que no somos felices únicamente porque no pensamos positivamente o no tenemos la fuerza y convicción necesaria, el famoso “decrétalo” y el universo proveerá.

Lamentablemente el universo a veces no provee y las condiciones contextuales de la sociedad moderna o post moderna como quiera definirla no son muy amables con la búsqueda de felicidad , con largas jornadas laborales, los bajos sueldos,  se instala la sociedad del cansancio (Han, 2017) en donde estamos todo el día agotados física y mentalmente por nuestra propia autoexploración hasta llegar a colapsar lo que no nos permiten la mayor parte del tiempo acceder a la búsqueda de la felicidad , pues no contamos con las herramientas, el dinero , la energía y lo más importante el tiempo necesario para lograrlo lo que no nos lleva a sentirnos mal al menos conscientemente sino que en vez de sentir pesar o disgusto nos sentimos culpables y no somos capaces de entender por qué no nos sentimos bien , pues no somos capaz de reconocerlo y buscamos ignorarlo , no sentir malestar de forma de seguir en la búsqueda de la felicidad que se supone que es mi responsabilidad.

Esto lleva a que desde  hace ya unos años se hace cada vez más difícil sentirse abiertamente mal o sentir malestar pues los espacios en la sociedad se reducen , pues no es productivo sentirse mal y más aún darse cuenta que no necesariamente es por mi culpa. Por tanto cualquier dolor que sintamos en la vida, algo tan normal como sentir alegría el sentirse mal es negado, enfermándonos y peor aun haciendo sentirnos culpables de no tener un pensamiento positivo y ser poco productivos , no solo ocultamos el malestar sino que en un acto pornográfico nos mostramos en redes sociales como algo totalmente contrario es decir como personas totalmente felices, exitosas en el sentido mercantil y por cierto llenas de energía ,muy distinto a lo que mucha gente siente día a día con las presiones de la sociedad del cansancio y la explotación psicopolitica (Han,2017).

Sin embargo si algo nos ha enseñado el conocimiento y la evaluación del ser humano es que tenemos total derecho a sentirnos mal, nuestro cerebro sigue sintiéndose mal a pesar de toda la evolución porque finalmente nos ayuda a sobrevivir, el arte nos ayuda a superar el dolor y canalizarlo, la filosofía a entender lo inevitable que es , la psicología a curarlo en parte, pero el consumo solo lo esconderá, lo hará crecer y explotar de forma altamente patológica por lo que debemos recuperar los espacios sociales para el dolor, la comunidad que acoge , el tiempo familiar que sana, el hacer cosas que nos llenen, el cuidar a otros y finalmente el entender que solo con otros en el mundo podremos tener sentido y momentos de felicidad verdadera que se alternarán con el dolor y ayudarán a soportarlo, démonos el espacio el espacio de contención desmantelado por el consumo.

Bibliografía

Cabanas, E., & Illouz, E. (2019). Happycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas. Barcelona: Planeta.

Hegel, G. W. F. (2017). Fenomenología del espíritu. Fondo de cultura económica.

Han, B. C. (2017). La sociedad del cansancio: Segunda edición ampliada. Herder Editorial.

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3 Comentarios en No estar bien, está bien

  1. Muy Buen artículo Pablo, comparto comentario de Alejandro.
    Y, muchas gracias por tu trabajo, feliitaciones

  2. Excelente columna Pablo. Lamentablemente el sentirse “bajoneado” en palabras coloquiales hoy en día es mal visto. Vemos que nuestro entorno muestra solo felicidades o actitudes positivas y poco a poco la sociedad te cierra las puertas a poder expresar que te sientes mal, incluso a sentirte desencajado de la sociedad. Es bueno tomar estos temas, porque creo que debemos expresarnos tal cual somos, no creando mundos paralelos de fantasía en donde finjo alegría al resto y mentalmente estoy pidiendo ayuda a gritos. Urge que la sociedad apoye, que el estado brinde mecanismos que nos permitan acercarnos a lugares en donde expresar nuestra sensación de pesar y malestar y por último que los “influencers” de la felicidad también puedan entender que con la salud mental no se juega y menos lucrar con la sociedad que tanta ayuda necesita. Sobretodo hoy.

    • exacto eso es el fondo del asunto un felizismo al servicio de la producción desenfrenada y que nos enferma, saludos.

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