¿El mundo que estamos construyendo, el mundo que estamos destruyendo o el mundo que debemos construir?
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DE CONSPIRACIONES

Andrés Cruz Carrasco

Abogado. Magister en Filosofía moral. Magister en Ciencias Políticas.

Una de las grandes paranoias arraigada en nuestra naturaleza es asumir que nos desenvolvemos en una trama de conspiraciones, a las que responsabilizamos de todos nuestros males. Es la imaginería de ver las sombras de los enemigos en todos lados. Los más fanáticos identifican todas las tragedias a supuestas maniobras urdidas por grupos de antagonistas. Esto conviene para reafirmar nuestros estereotipos y prejuicios. Nos cegamos ante la primera posible compleja explicación que involucre a los adversarios. Es un oscuro consuelo que nos permite explicarnos los más variados desastres que nos sobrevienen. Todas las explicaciones sensatas que sirvan para racionalizar el fenómeno son tenidas por falsas, cuya intencionalidad no sería otra que la de encubrir algo que constituye una mera conjetura, pero que justificarían la persecución y exterminio de quienes se cree son los responsables, generando de paso una fuerte cohesión entre los que sustentan la existencia de tal conspiración, quienes la van perfeccionando para hacerla convincente. Estas absurdas creencias hacen posible la manipulación de quienes no son capaces de forjarse otra solución en torno a lo que acontece. En todo caso, la idea es que la conspiración no sea probada, ya que depende del misterio de la maquinación, bastando que tenga algunos rasgos de verosimilitud para convencer a aquellos que viven anquilosados en sus creencias. Las conspiraciones resultan esenciales para fundar el odio y el resentimiento en contra de los otros. Los desmentidos son tenidos como estrategias de los personajes poderosos que han tramado estas perversiones y que sólo sirven para reforzar la desconfianza y confirmar lo que se cree. Renunciar a una teoría conspirativa podría significar tener que asumir que se debe hacer a un lado un cúmulo de prejuicios arraigados. Una vez asentada una conspiración, se puede vivir aceptando otras, todo sea por mantener incólumes nuestras convicciones y explicar aquello en lo que creemos. Desde esta perspectiva, quien vive afirmando la existencia de conspiraciones en todas partes, suele transformarse también en un conspirador. En general, la conspiración se asienta más fácil en grupos en los que existen personas con baja formación, lo que hace más fácil abonar entre los afines ideas respecto de los actos consumados por los enemigos, dando pie a conductas extremistas e intolerantes y cuya difusión se hace hoy mucho más fácil con las redes sociales, surgiendo un nicho para profesionales de la comunicación que intentan promover toda suerte de conspiraciones y exponer a los supuestos protagonistas de tales tramas.

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