«La ética, la moral, las personas, la solidaridad, la justicia social y el medio ambiente, y una economía a escala humana, deben estar en primer lugar de los programas de quienes pretenden gobernarnos»

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De instituciones y emociones

Andrés Cruz Carrasco

Abogado. Doctor en Derecho (Universidad de Salamanca). Magister en Filosofía moral (Universidad de Concepción). Magister en Ciencias Políticas, Seguridad y defensa (ANEPE). Máster en Política Criminal (Universidad de Salamanca).


Por una cuestión cultural, las conductas emocionales han sido consideradas como opuestas a la razón. Hasta la moral ha querido ser privada de su componente pasional, ya que al distorsionar la realidad, harían que las emociones turbaran la correcta y justa ponderación de los acontecimientos. Como trabas de la debida forma de actuar. Las personas serían “víctimas” de una emoción, que les impediría deliberar y decidir de manera acertada. Es decir, ocuparía el lugar de la razón, la que desplazada, debería resignarse a constatar simplemente la conducta enajenada del sujeto que se ha visto privado o se ha negado a dejarse dirigir por ella. La moral sería entonces un ejercicio de voluntad que implicaría dominar las pasiones, luchar en contra de nuestra propia naturaleza. Esto repercute en el orden social, por cuanto se exigiría forjar una institucionalidad política destinada a controlar las emociones. Félix Ovejero sostiene que: “… el mercado se encargará de asegurar una conducta racionalmente egoísta y previsible… la lógica del egoísmo obliga a un comportamiento <<virtuoso>> o, para ser más exactos, superficialmente virtuoso, pues la virtud requiere un comportamiento correcto por las razones correctas, y aquí las razones no son otras que el dinero. Además, con el egoísta sabemos a qué atenernos, podemos anticipar que hará, y eso, con un adecuado sistema de incentivos, asegura el orden social”. Paradójico es que los más dogmáticos apologetas de la mano invisible y de la razonabilidad de los consumidores y el equilibrio de los mercados sin regulación, sean los más escépticos de la participación ciudadana en una democracia plena. Los sujetos serían razonables en la oferta y la demanda pero unos idiotas al emitir un sufragio, pudiendo elegir a los menos aptos. Se exige de manera bastante hipócrita confiar en el individuo para que se endeude y consuma por ser una decisión racional, pero se desconfía del sujeto cuando debe ser un ciudadano, por ser torpe e ignorante.

La emoción, la razón y la moral están estrechamente relacionadas, al punto que es imposible separar la una de la otra. La burda concepción del homo economicus como un ser calculador y egoísta ha demostrado sus deficiencias experimentales, por cuanto el ser humano puede actuar con justicia y reciprocidad, ya que las emociones también nos hacen vincularnos con las normas y principios éticos. Nuestras pasiones dependen de como concebimos el mundo y las valoraciones morales serán una consecuencia de nuestras prioridades y nuestra historia. Nuestras instituciones políticas y la Constitución serán el reflejo de esto.   

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1 Comentario en De instituciones y emociones

  1. Buena reflexión. Esperamos se aplique y se haga carne en la Nueva Constitución, en la que el autor será uno de los creadores.

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