En esta vida, bien nos vale: Ser humildes para aprender de los demás, sin ser humillado y ser orgulloso de lo que uno es, sin ser arrogante!!!
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PAM19. PAMPLONA, 12/07/2011.- Los toros de la ganadería madrileña de Victoriano del Río enfilan el final de la Cuesta de Santo Domingo de Pamplona durante el séptimo encierro de los Sanfermines 2011. EFE/Villar López

De manadas, jaurías y otros colectivos.

Equipo La Ventana ciudadana

Periodismo ciudadano.

La gran mayoría de los animales manifiestan instintos gregarios desde su primera edad. Los científicos han buscado explicar esta expresión de la naturaleza por razones de alimentación, defensa, preservación de la especie, entre otras. En el  homo sapiens también, por supuesto, está presente este factor con el agregado de que, a medida que se han ido desarrollando sus civilizaciones, se ha hecho más palmario que la vida colectiva provee de numerosos elementos que enriquecen su desarrollo ya que permiten el acceso a bienes útiles física y culturalmente.

Pero, el ser humano, como lo dijera Nicanor Parra, es un embutido de ángel y demonio con características muy propias. Mientras otros animales cazan y matan para alimentarse y subsistir, este individuo (que es presentado siempre  como el punto más alto de la evolución)  es capaz de matar a sus semejantes  por orgullo, por envidia, por odio, por ambición y, sorprendentemente, hasta por convicciones religiosas y por  amor.

Lo que debiera llamar fuertemente la atención es la constatación de que este individuo actúa no simplemente movido por instintos irrefrenables sino que conforme a la razón, siendo, por tanto, un animal que piensa, que tiene libertad para discernir y decidir,  y que tiene la capacidad necesaria para imaginar, para prefigurar las consecuencias de sus actos.

En Pamplona, provincia de Navarra (España), el 07 de julio de 2016, un grupo de jóvenes, bastante maduros en edad por lo demás, se prepara para salir a participar en las tradicionales corridas de San Fermín. La patota de 5 muchachos se autodenomina “La Manada”. Lo que buscan  no es salir a divertirse ni a arriesgar su integridad física huyendo de los toros que corren desatados por las calles de la ciudad ni a embriagarse. Su propósito deliberado es salir a atacar a mujeres solas e indefensas aprovechándose del anonimato que les brinda la muchedumbre y  haciendo apología de lo que consideran el orgullo de su virilidad. Encuentran a una joven, la violan grupalmente y, no contentos con su brutalidad, difunden su gesto a través de las redes sociales. Aprehendidos por la policía, ante las pruebas irrefutables, confiesan su delito. Hace pocos días, el Tribunal del lugar dicta una sentencia que escandaliza: los condena a nueve años de presidio como autores de “abusos sexuales”   pues no estiman que la víctima haya opuesto la suficiente resistencia al ataque como para configurar la “violación. El fallo subestima la gravedad de la violencia y minimiza la protección de los derechos de las mujeres

En Santiago, la tarde del domingo 29 de abril de 2018, en las cercanías del Estado Nacional, tras un encuentro de fútbol, una patota de chilensis, ataca a una joven madre que ha salido de su casa comprar pan  y, asimismo, la violan colectivamente. Aún no se identifica a los hechores.

Poco más de veinte meses y varios miles de kilómetros separan ambos hechos. Uno y otro constituyen la expresión incontestable de los niveles de  cobardía que puede alcanzar el individuo de la especie humana. Ataca cuando percibe la superioridad física del “macho”, lo hace grupalmente para evitar toda posibilidad de respuesta de su víctima y para generar las condiciones del indispensable encubrimiento, exhibe su salvajismo como el trofeo que le permite hacer gala de su  superioridad frente a sus semejantes.

Se trata de delitos pero no solo de delitos. Se trata, en buenas cuentas, de una “cultura” (o más bien de una “anticultura”) de la violencia y del abuso. Se gesta en el hogar cuando el marido golpea o maltrata psicológica o económicamente a su pareja, o cuando los padres golpean a sus hijos. Está presente  en la escuela cuando  los compañeros hacen bullying  al más débil o a quien tiene características físicas o síquicas que lo hacen distinto. Está presente en el docente  que acosa a sus alumnas o se permite conductas impropias solo por su situación de poder. La encontramos en el profesor que guarda silencio frente a hechos evidentes para no hacerse problemas. También en el sacerdote que perora durante la misa acerca de los ángeles pero que calla ante pecados graves de esta naturaleza que están presentes en su comunidad. Por supuesto, asimismo, en el político que cínicamente justifica las torturas de los servicios de seguridad.

Purna Sen, coordinadora y portavoz para Asuntos de Acoso Sexual de ONU-MUJERES, denuncia una realidad que sigue estando presente en el ropaje de impunidad con que se revisten los quebrantamientos de los derechos humanos, en una cultura que frente a la violación busca juzgar y culpar a las víctimas por los atropellos que a ellas mismas les han hecho.  Todo ello conduce  a la actitud de liviandad que lleva a hacer burla de hechos que son tremendamente  graves, como sucedió hace pocas horas en el Instituto Nacional cuando un grupo de alumnos ridiculizó lo sucedido en Pamplona a través de una alegoría cruel y burlesca.

Ya va siendo hora de poner coto a todo esto.

Es imprescindible una respuesta social, colectiva, frente a conductas que son intolerables y que es necesario erradicar definitivamente. Los diversos  actores tenemos la obligación de rechazar y condenar esta plaga y de emprender una cruzada que nos involucre a todos en un proceso de formación que se traduzca en un respeto y reconocimiento efectivos, en todos los planos de la vida, de la dignidad esencial de los seres humanos.

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2 Comentarios en De manadas, jaurías y otros colectivos.

  1. La irracionalidad e instinto animal de algunos hombres, no tiene límites.
    Movilizaciones, educación desde la mas temprana edad,respeto y una justicia ejempla-rizadoras, son algunos de los remedios que estos actos de crueldad merecen.
    Los jueces que no sancionen, deben ser destituidos .
    Solo así caminamos hacia el término de estos abusos y así poner “coto” a esta brutalidad.

    • Totalmente de acuerdo con su comentario. Las penas para los violadores y pedófilos deberían ser mucho más drásticas.

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