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DE SORDERAS Y DESLEALTADES

Maroto

Desde Canadá.

El saber escuchar no es algo que ocurre de manera espontánea. La capacidad de escuchar es el resultado de un entrenamiento; un ejercicio y esfuerzo precedidos por una decisión consciente. Escuchar es una actitud, que requiere la voluntad de poner atención y un compromiso de concentración y enfoque.

En la mayoría de las sociedades del siglo XXI, observamos con preocupación como la capacidad de escuchar parece ser una cualidad en peligro de extinción. El individualismo, que pone un énfasis primordial en el individuo y sus circunstancias; la intolerancia, que juzga a priori y con intransigencia los pensamientos diferentes bien sea en el ámbito político, religioso, cultural, sexual o racial; y la tecnología, que nos induce a encerrarnos en nosotros mismos y nos inunda con un volumen de información de tal magnitud, que hacen muy difícil el ejercicio de procesarla; parecen ser factores que influyen decisivamente en la pérdida de la habilidad de escuchar que observamos hoy.

Esta merma en la capacidad de escuchar se acentúa aún más en el mundo político. Escuchar a la ciudadanía; escuchar las voces disidentes; escuchar a los sin voz; escuchar lo que dicen los expertos; escuchar las señales que nos entregan los conflictos presentes y aquellos que se avecinan; escuchar en general, parece ser una actitud cada vez más ausente en aquellos que han asumido la responsabilidad de conducir los destinos del país.

Hoy, el arte de saber escuchar parece ser remplazado por el vacío ejercicio del oír. Oír a las cortes de aduladores que siempre abundan en torno al poder; oír el resultado de las encuestas, siempre que ellas sean favorables; oír a los que hablan sin decir nada; oír a los poderosos; finalmente, oír aquello que nos reafirma, y desatender aquello que nos cuestiona.

Y el gobierno actual no escapa de esta realidad; el presidente Piñera y las autoridades de su gobierno, con contadas excepciones, no parecen entender la importancia del ejercicio de escuchar; por el contrario, a diario nos encontramos con situaciones que dejan en evidencia la falta de esta capacidad, lo que termina manifestándose en una burda sordera.

Algunos, como la ministra de educación, basan su sordera en la simple prepotencia; otros, como el ministro de relación exteriores, lo hacen en la ignorancia; otros, en ese sentido de pertenencia a una elite, que los hace sentirse poseedores de la verdad; y finalmente están aquellos que se han acostumbrado a esa identidad de patrones de fundo o dueños de grandes empresas, donde nadie debe cuestionar sus opiniones ni decisiones.

Y esta sordera va acompañada por el enjuiciamiento a quienes opinan distinto; ya sea que la crítica venga de quienes están en la oposición o de quienes estando a favor del gobierno opinan diferente, el juicio parece ser siempre el mismo; los primeros son enemigos de los intereses de la patria y los segundos desleales.

Cuando un ex presidente y varios ex cancilleres opinan que la creación de un nuevo referente internacional es un error, se les acusa de politizar el manejo de las relaciones internacionales; cuando la Defensora de la Niñez, aliados políticos y  expertos en la materia señalan que ampliar el control preventivo a mayores de 14 años es incorrecto, se les desoye argumentando que están equivocados; cuando expertos en temas de educación señalan que el proyecto “Admisión Justa” no resuelve los problemas de fondo, se les pide con prepotencia guardar silencio; y cuando miembros de los partidos y movimientos de gobierno señalan sus reparos frente a iniciativas de esta administración, se les acusa de desleales.

Erich Fromm señalaba que el arte de escuchar requiere la completa concentración de quien escucha; la liberación del miedo a aquello que se escucha; una desarrollada capacidad de empatía y humildad para sentir como propia la vivencia del otro; y una imaginación abierta y espontanea para comprender aquello que se nos comunica.

Lamentablemente, mientras las autoridades de este gobierno y la clase política en general no estén dispuestas a empezar a ejercitar esta capacidad, seguiremos estancados en un diálogo entre sordos y supuestos enemigos y desleales.

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2 Comentarios en DE SORDERAS Y DESLEALTADES

  1. En esta sociedad, en este modelo social y político, perdona que repita argumento, en dónde «campea» el Individualismo, por su puesto que se exacerban conductas de ese carácter, el Yo, la arrogancia no nos dejan escuchar, a lo más oímos, pero no escuchamos, menos aún razonamos lo que los otros nos intentan decir.
    Hay que ser inteligente para proponerse escuchar y razonar colectiva-mente, pero hasta esa virtud está en franco retroceso

    Buena una vez mas su columna.

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