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De trampas, trampitas y tramposos

La política es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de “los políticos”. Todos tenemos la tendencia a pensar que “la política” es algo que mueve a una elite de personajes de mayor, mediana o menor cuantía, y que se mueve en función de  intereses personales. La verdad es  diversa: La política tiene que ver con el bien común y si ella ha sido ejercida por largo tiempo no en función de ese fin relevante sino de los apetitos individuales, económicos o electorales,  de grupúsculos que muchas veces no reunían las exigencias mínimas para ejercer la representación ciudadana, ello ha sido por culpa de nosotros mismos que hemos aceptado que los partidos se hayan cerrado a la efectiva democracia interna permitiendo precisamente las conductas que criticamos y condenamos.

Debiera suponerse que en una sociedad democrática, la mayor parte de los ciudadanos recibe una información completa y objetiva que le permitirá tomar en su momento las decisiones que considere más positivas para la comunidad en general,  y para él, su familia y su grupo social en particular. Ante los legítimos puntos de vista diferentes, se promoverá un debate fundado que permita vislumbrar las consecuencias que acarrea cada determinación. Los medios de comunicación (y las redes sociales en nuestro tiempo) harán un aporte positivo en este terreno.

Pero, las cosas no son tan así. Las redes sociales poco a poco se han transformado en un preocupante reservorio de groserías, calumnias, injurias y posverdades, expresando lo peor del ser humano: su cobardía moral. Por su lado, los medios de comunicación de masas (grandes diarios y canales) han asumido el propósito deliberado de manipular a la opinión pública abierta o subrepticiamente, jugando, según sea el caso, a destacar o  a esconder informaciones, a provocar hechos en función de los intereses sectoriales a los cuales sirven y representan, incluso a crear sensaciones y realidades artificiosas que, por supuesto, se diluyen con el paso del tiempo.

Un hecho llamativo tiene que ver (una vez más) con SQM. Corfo en representación del Estado chileno, con el fin poner término a un juicio que se preveía eterno, convino un acuerdo que, en una de sus cláusulas estableció que ninguno de los hermanitos Ponce Lerou podía ejercer cargos de directores ni ejecutivos en dicha empresa. De la noche a la mañana, estos descubrieron que podían ser “asesores” y en tal calidad fueron contratados violando el principio fundamental de que los contratos “deben cumplirse de buena fe” y, como como escribió hace 170 años don Andrés Bello,  no solo obligan a lo que en ellos se expresa sino a lo que naturalmente fluye de las cláusulas acordadas.

La verdad es que de Julio Ponce Lerou se puede esperar cualquier cosa. Si se analiza el origen espurio de su enorme fortuna  es claro que se encuentra en él una persona sin límites. Por otra parte, no debe olvidarse (es muy necesario recordarlo para que jamás   se olvide) que este individuo junto con su empresa y su Corte funcionaria, han sido la expresión suprema en la corrupción de la política chilena, al extremo que el “caso Penta” llegó a considerado como un juego de niños.

Es habitual que en las organizaciones criminales que se sienten perseguidas y acosadas por la policía, los “jefes” decidan que uno de ellos (o “alguien”) se declare culpable, asuma las  consecuencias del caso y deba ir a pasar una temporada a prisión. La “organización” remunera muy bien a quien ha sido elegido para sacrificarse por la causa  y  se hace cargo generosamente de su familia durante el tiempo que dure la privación de libertad.. Así, los grandes y verdaderos responsables pueden permanecer en la impunidad. En la empresa de marras, SQM, se optó por el mismo modelo y su ejecutivo Patricio Contesse confesó sus culpas precisando que todo el financiamiento delictual de la actividad política  había sido hecho por él a espaldas del Directorio y de la Gerencia General. Acto seguido, fue despedido con una indemnización superior a los DOS MIL MILLONES DE PESOS. El Directorio, que en forma inexcusable en muchos años no descubrió  una defraudación cuantiosa en la empresa hecha precisamente para actividades delictivas, siguió donde miso.

Hoy, cuando Ponce Lerou hace su regreso triunfal, resulta interesante verificar quienes son los miembros del Directorio de SQM que lo contratan: Laurence Golborne, cuya precandidatura presidencial se frustró por sus conductas financieras no éticas; Patricio Contesse F., hijo del Patricio Contesse recién exonerado según se señaló anteriormente; Alberto Salas M. , hasta hace poco dirigente máximo del empresariado chileno, hoy presidente de SQM y director en representación de Pampa Calichera empresa de propiedad de Ponce; y el inefable Hernán Buchi Buc, elegido también con votos de Pampa Calichera, personaje que se ha paseado por los más importantes directorios de las empresas chilenas, con ingresos mensuales del orden de los cien millones de pesos y que jamás asumió su responsabilidad al menos por su negligente conducta como director de SQM.

Alfonso Swett, presidente da la Cámara de la Producción y del Comercio, enjuiciando estos hechos ha dicho: “No nos gusta… por todos los impactos que esto tiene y todos los desafíos y complejidades que trae”. Bernardo Larraín, presidente de la Sociedad de Fomento Fabril  se ha limitado a precisar que “todo acuerdo debe ser cumplido en letra y espíritu. Ante estas tibias opiniones, más claro ha sido Juan Pablo Swett, presidente de la Multigremial Nacional. En airada carta a “El Mercurio” ha dicho: “El “saco empresarial”  chileno, repleto de papel higiénico y de farmacias coludidas además de malas prácticas en el retail, hoy recibe una buena cantidad de potasio y de litio.  La mala noticia es que muchos empresarios no se dan cuenta que son parte del mismo saco por el simple hecho de no sacar la voz para condenar temas tan impresentables como lo ocurrido con SQM esta semana”.

A lo dicho se suma la gran prensa que, como ya es tradicional en ella, ha procurado artificiosamente deslavar la gravedad de la situación. El interés nacional no importa, lo que importa es el interés económico.

Como me comentó un amigo, hace ya mucho tiempo que estos poderosos grupos hace ya mucho tiempo que no solo perdieron el honor sino también la vergüenza.

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1 Comentario en De trampas, trampitas y tramposos

  1. ¡Qué triste realidad en la política chilena! Pero, lo más lamentable es que se ha aprendido de aquellos países que se hacen llamar “desarrollados”, donde la corrupción no tiene límites, y el dios Dinero es el que manda. ¿Cuando saldremos del sub-desarrollo nacional? Según se explica en este serio artículo, ni la próxima generación lo podrá ver.

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